Quizá, solo el extinto Presidente Joaquín Balaguer fue sometido a tanta presión, escarceo y fuego cruzado como está siendo sometido ahora el Presidente Danilo Medina por un tema, recurrencia histórica-política, de orden constitucional y a la vez político: el fantasma de la reelección o respostulación (en la interpretación de abogados-jurisconsultos, “periodistas” y “profesores-
Hasta ahí podríamos entender la presión, y también el derecho, dentro de esa tradición política-cultura, del Presidente de haber dejado el suspenso (no olvidemos que es un político, y como los demás, es lógico que apele al rejuego político). Sin embargo, no considero que se haga bien cuando en aras de exacerbar y radicalizar aspiraciones políticas-electorales -de aspirantes y terceros incendiarios o, kamikazes– se quiera inferir o dejar entrever que al Presidente lo están influenciando. Tales apreciaciones, en mi opinión, pueden tratar de vender la idea -equivocada- de que estamos frente a un Presidente influenciable, lo cual, en el caso específico del Presidente Danilo Medina, es lo más lejano a la verdad. Y eso lo sabe, hasta por inferencia de sentido común, el ciudadano menos informado, el peledeísta miembro, la rabiosa minoría ultraderechista-nacionalista; y, por supuesto, la jerarquía en pleno del PLD.
Y si hay algo, entre otras firmezas, que el Presidente Danilo Medina, en toda su trayectoria política, ha dejado constancia y reafirmación es: la de un líder de determinación en la resolución de encarar los retos nacionales y de ejercer un liderazgo –nacional e internacional- responsable y no de delegación de atribuciones –ya de jefe de Estado o, de líder político-, ¿o acaso, no se dice, vox populi, que el Presidente todo lo decide y fiscaliza? Y entonces: ¿de dónde que lo influyen y que ochocuanto? Sencillo: de un interés político-electoral a veces exacerbado -en el marco de una puja interna, a veces atizado por fuerzas opositoras que han cifrado llegar al poder en base a una estrategia –tonta-mediática- de pretender-soñar dividir al PLD; y otras, de ex aliados disgustados-ofuscados con un tema neurálgico-fáctico que no se resuelve con odio-prejuicio, si no con entendimiento -binacional- y provisiones de Estado.
El Presidente Danilo Medina -¡que se oiga bien!- no es un improvisado. Dejemos pues, que lo institucional prevalezca y no el asedio político o, la especulación tendenciosa (de terceros incendiarios –kamikazes-, redes sociales y francotiradores ocultos).


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