Alianzas electorales por el cambio democrático

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EL AUTOR es dirigente del PRM. Reside en Santo Domingo.

Los partidos de oposición forman coaliciones para: a) aumentar su competencia de triunfo y gobernanza, b) promover reformas democráticas, c) incrementar influencia en la formulación de políticas públicas, d) llegar a acuerdos sobre programas de gobierno y, e) uso eficaz de los recursos en la campaña.

En República Dominicana, la coalición más exitosa de la oposición, ha sido el Acuerdo de Santo Domingo, al lograr reformas institucionales, durante las elecciones de 1994.

Esta alianza la encabezó  como candidato a la presidencia el doctor José Francisco Peña Gómez, a quien un colosal fraude, probado, obstruyó su acceso al gobierno. Otra vez fueron frustradas las esperanzas  del pueblo dominicano.

No obstante, la voluntad  popular, su grandeza y liderazgo forzó a negociaciones con los poderes facticos en aras de garantizar la paz del país.

La coalición electoral en las elecciones congresionales próxima, como toda la de su tipo, incluye antiguos rivales, acérrimos; con antecedentes que van desde los conservadores, nacionalistas, izquierdistas, cristianos, liberales e independientes.

Esta concertación procura vencer los esfuerzos danilista para prorrogar su mandato por más de 8 años, lo que consolidaría la dictadura de la mafia en el poder. Es razón principal para apostar al cambio sin vacilación ni miedo.

En ese sentido, un Gobierno Compartido es la vía democrática para erradicar el incumplimiento del gobierno, la pobreza, el endeudamiento desenfrenado, la corrupción e impunidad, la inseguridad ciudadana; asegurar  el desarrollo sostenido y la paz social.

Son las bases para los acuerdos sobre reformas de distinta índole que promuevan un gobierno incluyente y que rinda cuentas.

Nunca, un gobierno del cambio, debe ser imitar el modelo vigente; tampoco,  espera la sociedad, para disfrutar las bondades de los cargos públicos sin considerar políticas orientadas a mejorar los resultados socioeconómicos de la mayoría ciudadana.

Dicha línea de compromiso conllevan, implícitamente, un conjunto de desafíos para todos los partidos y sus candidatos a cargos electivos;  integrados a medida que intentan mantener su propia identidad, y, a la vez respetar sus obligaciones con los aliados.

Es preciso, desarrollar mecanismo de coordinación para comunicar los objetivos y logros a los miembros, a través de sus organismos partidarios y al público en general, en estricto respeto a los derechos políticos de cada militante o ciudadano consagrado en la Constitución y leyes correspondientes. Es practicar con ejemplo el gobierno que se ejercerá.

Sin la observancia de estos protocolos, es posible que actores desinformados o manipulados, mediáticamente; vean la alianza multipartidista como una señal de debilidad o de abandono del código ético y de las creencias fundamentales del Partido Revolucionario Moderno.

Experiencia de otros países han logrado mediante coaliciones una mayoría ganadora.

En nuestro país, la creciente fragmentación política y la reciente división del partido de gobierno –provocada o convenida-;  derivó en la polarización, en el nivel del Congreso de dos grandes coaliciones, de 12 partidos la oposición electoral y de 11 partidos la coalición oficialista.

En el ámbito del nivel presidencial se perfila un escenario sui generis, si el Tribunal Constitucional, como estiman juristas ratifica la sentencia del Tribunal Superior Electoral en el sentido de que el ex presidente Leonel Fernández, no tiene impedimento para ser candidato en las próximas elecciones.

Sin embargo, las elecciones municipales de febrero próximo podrían definir con exactitud el rumbo de la voluntad popular por el cambio imprescindible en la dirección del Estado dominicano.

La coyuntura es muy favorable,  según todas las encuestas y estudios de opinión. El economista Luis Abinader Corona en primera vuelta ganará en mayo de 2020 la presidencia de la República Dominicana.

JPM

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