Para nadie es un secreto que en estos momentos el país se siente amenazado por diferentes elementos y agentes negativos, que quiérase o no y aunque nuestras autoridades han pretendido ocultar, es más que evidente el clima de inseguridad y preocupación que vivimos como nación.
Las constantes denuncias de corrupción que a diario llenan los diferentes medios y foros nacionales, el clima de inseguridad que respiramos hasta en el interior de nuestras habitaciones, el bombardeo constante de un sinnúmero de anti valores que en su gran mayoría consume nuestra juventud, mientras que por otro lado vemos a unas autoridades amagando a contrarrestar esos males, son las causantes principales de que no miremos otra cosa que no sea un profundo abismo que amenaza con destruirnos como pueblo.
Las autoridades, comenzando desde la primera magistratura de la nación, hasta el más simple funcionario, deben de unificar criterios en torno a las pocas propuestas sanas que alguno que otros grupos del país han estado enarbolando en los últimos meses, como una manera de por lo menos, sino detener nuestro paso a ese abismo social que vemos acercarse, por lo menos que se prolongue un poco más y así ver si surgen otras variantes que nos permitan respirar y alzar el vuelo hacia la estabilidad emocional que se precisa.
Conocemos del gran interés del Presidente Danilo Medina, y sobre todo su vocación de servicio para que la nación se desarrolle. Vemos que los números del Banco Central hablan por sí solo, pero también vemos una amplia cortina de inseguridad, de denuncias de corrupción, de apañamientos y de burlas por parte de sectores que al parecer les importa un bledo el futuro del país con tal de lograr sus propósitos.
Estamos asistiendo a un espectáculo en donde quienes están en los papeles protagónicos son precisamente quienes más males quieren para el país, y no precisamente quienes tienen las mejores intenciones para desarrollarnos como pueblo, es como si de pronto asistiéramos a una de esas locas carreras en donde el triunfo es el agridulce sabor de un caramelo envenenado.
De continuar la ruta que llevamos, de las autoridades no despojarse del manto del miedo para enfrentar la delincuencia, de investigar los supuestos o reales actos de corrupción, de la oposición no olvidar el rancio discurso del machepismo y de enarbolar propuestas serias y con carácter desarrollistas, lamentablemente el destino de la patria de Duarte y otros tantos patriotas, es incierto y prometedor para un caos peor que el de abril del 84.

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