Tokio, la ciudad anfitriona del evento internacional, conocida antiguamente como Edo desde el año 1603 a 1868, presentó una de las características que florecieron durante este período, el uso de la madera y el trabajo carpintero, símbolos tradicionales del cuidadoso trabajo y la arquitectura nipona.
Los bailarines, vestidos con «haori» o chaquetas de kimono, como solían vestir los trabajadores de la época, se lanzaron sobre andamios de madera, golpeando como carpinteros este elemento, imprescindible en la cultura japonesa.
Al ritmo de una canción popular, homenaje a la Asociación de Bomberos de Edo, esenciales antes y ahora en el país para salvaguar del fuego estas estructuras, el elenco de actores se desplegó en el centro del Estadio Olímpico.
Liderados por una poderosa Miki Maya, conocida actriz del teatro femenino Takarazuka, portaron hasta el centro los anillos Olímpicos, hechos de una madera muy especial y de cuatro metros de diámetro.
En los Juegos de 1964, los primeras Olimpiadas de Japón, atletas de las distintas naciones participantes portaron semillas de árboles que fueron plantados en el país y hoy, cincuenta años más tarde, la madera de sus árboles, regresa al Estadio Nacional en forma de anillos.
El Estadio Nacional, diseñado por Kengo Kuma, también revela la importancia y tradición de la madera en el país, pues su estructura está revestida con la madera de las 47 prefecturas de Japón.


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Clausura JCC rendirá homenaje familia deportiva AC y el Caribe
Modificación urgente de la ley 136-03
El ejercicio de la medicina en RD
NY: Adriano Espaillat descarta candidatura independiente
En NY merecemos un buen cónsul, no un «cohete explotao»
Luis García reafirma seguir con Gigantes pese llegar a Yankees
Opinio Alvarez Betancourt presenta obra Universidad APEC
La ONDA incrementa en primer semestre registros de obras
¿Democracia o jugar con fuego?
RD y NY: cuando los precios engañan y las economías explican


