Cuando un acuerdo se anuncia como “consenso” pero se construye sin escuchar, sin consultar y sin ceder, deja de ser consenso. Es imposición con maquillaje.
En democracia, el consenso es un punto de llegada. Se discute, se debate, se vota y se acepta incluso perdiendo. La imposición es un punto de partida: ya está decidido, y lo demás es teatro. Hoy, frente al voto de los dominicanos en el exterior, no estamos viendo un consenso. Estamos viendo un libreto.
EL CONSENSO INCLUYE. LA IMPOSICION SELECCIONA
Un consenso real convoca a todos los afectados. Sienta en la mesa a la diáspora, a las organizaciones comunitarias, a los diputados de ultramar, a los votantes. Pregunta, escucha, mide consecuencias.
La imposición elige quién habla. Convoca a tres partidos, redacta un documento y luego informa. No explica el porqué. No presenta estudios. No abre el padrón para que opine. Solo pide que aceptemos que “es por el bien del país”. ¿El país de quién?
EL CONSENSO TRANSPARENTA. LA IMPOSICION OCULTA
¿Dónde están las actas? ¿Dónde están los criterios técnicos que justifican recortar colegios, reducir circunscripciones o limitar el padrón en el exterior? Si es consenso, que se publique todo. Que se debata en vistas públicas. Que se invite a la JCE a explicar el impacto real, no a validar lo ya pactado.
Cuando la razón es sólida, se muestra. Cuando es débil, se esconde detrás de una rueda de prensa. La imposición siempre necesita penumbra. El consenso resiste la luz.
EL CONSENSO FORTALECE DERECHOS. LA IMPOSICION LOS ADMINISTRA
El voto no es una cuota que se reparte entre partidos. Es un derecho individual, directo y personal. No se “concensa” cuántos pueden votar ni dónde. Eso lo dice la Constitución.
Si el acuerdo limita, condiciona o dificulta el voto de más de 2 millones de dominicanos que sostienen la economía con remesas, entonces no hubo consenso. Hubo una transacción. Y los derechos no se transan. Se garantizan.
EL LENGUAJE LOS DELATA
Dicen “armonizar”, pero eliminan. Dicen “optimizar”, pero cierran centros. Dicen “racionalizar”, pero dejan a miles sin poder votar. Cuando hay que cambiarle el nombre a las cosas para que suenen bien, es porque lo que se hace no está bien.
El consenso no necesita eufemismos. La imposición sí. Por eso le llaman “concenso”. Con c. Porque ni siquiera se atreven a escribirlo bien: temen que si lo escriben correcto, alguien note que el contenido tampoco lo es.
ENTONCES, ¿QUE ES?
Si la diáspora no estuvo en la mesa, no es consenso.
Si no se debatió en público, no es consenso.
Si recorta derechos en vez de ampliarlos, no es consenso.
Es imposición. Y la imposición, aunque la firmen todos los partidos, sigue siendo antidemocrática. Porque la democracia no es el acuerdo entre élites. Es el poder del pueblo. De todo el pueblo. También del que vive fuera.
El “consenso” que mutila el voto en el exterior no busca unidad. Busca obediencia. Y a la obediencia sin voto se le llama otra cosa. No democracia.


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Compartan este artículo por eso la alta abstención desde 2020 al 24, les digo a todos, porque ir a votar si se reparten botín ellos