Señores, está de moda el “dale pa’llá”. Sobra quien se justifica con aquello de que “lo que está a la moda no incomoda”. ¿Hacia dónde nos lleva el “dale pa’llá”? Veamos.
En los últimos años, las nuevas tecnologías han cambiado la forma en que las personas nos relacionamos. Desde el uso de los “teléfonos inteligentes” hasta las redes sociales, estas herramientas han cambiado no solo cómo nos expresamos, sino también cómo tratamos a los demás. El uso excesivo de la tecnología ha alterado los protocolos de interacción humana.
Antes, las conversaciones cara a cara eran la norma. Hoy, muchas personas prefieren enviar un mensaje de texto o un emoji en lugar de hablar directamente. Por ejemplo, en lugar de llamar a un amigo para felicitarlo por su cumpleaños, ahora es común enviar un mensaje rápido o publicar un comentario en su muro de Facebook.
Eso resulta muy cómodo, fundamentalmente si lo relacionamos con el aceleramiento que caracteriza a la vida moderna. Eso ha provocado que las interacciones sean más rápidas, pero también menos personales. Ese modo genera aumento en la cantidad y reducción en la calidad de las relaciones. Al abordar ese tema, la investigadora estadounidense Sherry Turkle, en su obra En defensa de la conversación, explica que la dependencia de la tecnología ha reducido nuestra capacidad para tener conversaciones profundas y significativas.
Otra trampa terrible es que las redes sociales han creado una especie de «pasarela virtual» donde las personas muestran solo lo mejor de sus vidas. Eso suele generar presión para mantener una imagen perfecta, lo que afecta la autenticidad de las relaciones porque, sencillamente, la vida de verdad tiene altas y bajas, no es siempre “color de rosa”. Lo que sigue es sencillo de entender: al reducir autenticidad, termina dañando relaciones.
Ese empeño en llevar todo a la virtualidad también ha incidido en los protocolos para abordar a los demás. Antes, era común presentarse en persona o llamar por teléfono para iniciar una conversación. Hoy, es más probable que envíes un mensaje por cualquiera de las plataformas virtuales. Incluso, muchas veces ese mensaje ni siquiera incluye contexto y tampoco contiene saludo; sencillamente es depositado por gente que “le da pa’llá”.
Eso ha creado nuevas reglas no escritas. Por ejemplo, si alguien no responde un mensaje de inmediato, el común de la gente lo interpreta como falta de interés. ¿Es tan difícil entender que la otra persona puede estar ocupada? Es como si la mayor parte de la gente asumiera que todo el mundo está solo esperando a que le llegue una notificación para dejar lo que esté haciendo y salir corriendo a ver quién me busca y qué desea.
Según un estudio reciente, estas expectativas de inmediatez son las responsables del aumento de la ansiedad y de otros muchos trastornos mentales, con el consecuente deterioro en las relaciones interpersonales.
Abreviaturas
Otro cambio importante es el uso de emojis y abreviaturas para expresar emociones. Aunque estos recursos pueden facilitar la comunicación, también pueden generar malentendidos. Por ejemplo, un mensaje que dice «OK» puede interpretarse como frío o indiferente, a menos que se acompañe de un emoji sonriente.
Y a propósito, con los emojis hay dos situaciones. De un lado, como ingrediente positivo, obligan a que las personas tengamos que «aprender» a comunicarnos de manera efectiva en entornos digitales. Del otro, quien no viva actualizando el software de su dispositivo se encuentra con que hay emojis que no logra desplegar, hasta que llega la etapa en la que el equipo ya no soporta actualizaciones, en correspondencia con la tristemente célebre “obsolescencia programada”.
En definitiva, quien asume la tecnología como un fin y no como un medio, quien intenta “caerle atrás” a la velocidad a la que otros quieren ir y quien prioriza la virtualidad a la realidad objetiva, perdiendo con ello el sentido de orientación, se expone a los aquí citados y a otros muchos trastornos. Eso caracteriza al “dale pa’llá”.
En cambio, quien procura ser consciente de cómo usa la tecnología y se esfuerza por mantener un equilibrio entre lo virtual y lo real aprende a adaptarse a estos cambios sin perder la esencia. Quien así actúa logra conectar de manera auténtica y significativa, además de mantenerse humano.
jpm-am


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Con la llegada de la comunicación por Internet también llegó la pobreza intelectual a los pueblos poco pensantes. Procuremos no ser parte de esos grupos que «dan pena».