La “modernidad” aniquila el exótico placer de marotear

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El autor es escritor. Reside en Santo Domingo

POR CESAR NICOLAS PENSON PAULUS

Ninguna fruta resulta más sabrosa que aquella “maroteada”. Esa, la que tiene dentro el gusto profundo de la “aventura” y el “sustico” de adentrarse en terreno ajeno y “treparse” en una mata que otro sembró y cuidó, en provecho del paladar propio y devorar subrepticiamente sus frutas.

La Real Academia no recoge el verbo, pero el diccionario de dominicanismos lo define: “Se refiere a la acción de buscar, recolectar, “tumbar” y consumir los frutos de un árbol que usualmente se encuentra dentro de una propiedad…”.

Una zona de la capital dominicana en los años 40

Más difícil resulta definirlo que ejecutarlo, si las hormonas juveniles están presentes en el “sujeto” de la acción. Si a más de la conciencia de estar en terreno ajeno, “gabiao en el cojollito”, la propiedad tiene guardián o perros que la cuiden, la aventura tiene ribetes de asuntos mayores.

En el Santo Domingo romántico de los 50, las zonas clásicas de maroteo eran la Universidad (todavía no era “autónoma”) con sus mangos y cajuiles y Mata Hambre, zona que la ciudad urbanizada se ha tragado, con extensa diversidad: limoncillos, guayabas, mamones, naranjas, limones dulces y hasta caimitos.

En Gascue había muchos perros…El casco urbano de “Ciudad nueva” ofrecía en sus patios un diverso menú de frutas, alcanzables desde sus techos, unidos y de relativo fácil acceso para los criados en esa zona.

Limoncillos en el patio de Doña Oliva, que alcanzábamos desde el frágil techo de zinc de la construcción del fondo de la casa de Doña Angelita; las manzanas de oro de la casa del techo rojo, que obligaban a malabares para alcanzarlas; almendras del patio de los Mejía empujaban a aventuras colectivas de la muchachada.

La farmacia de Fito Rodríguez, en El Conde, su dueño por demás pariente cercano de mi padre, tenía en su patio el tesoro de una mata de “cajuilitos solimanes” de exquisita dulzura y brillante color rojo, que los domingos quedaban a merced de los que lográbamos escalar, por patios vecinos, las altas tapias de dimensiones coloniales.

Guardo cicatrices de una caída, de cabeza, “cogiendo” jobos en ramas “quebradizas” y frágiles en una casa vecina. Las guanábanas, manjar escaso, por las dificultades para penetrar a patios, sin ser detectados y que en ocasiones obligaban a acciones de distracción o a determinar cuándo la gente de la casa no estaba.

Los cocos no entraban en el menú del maroteo, dada la dificultad de “gabiarse” y la de explicar “guayones” en pecho y entrepiernas, tratando de escalar a sus alturas. Cuánta ropa manchada y rota en esas “misiones” al margen de las miradas de padres, y vecinos prestos a decir: “Se lo voy a decir a tu papá”, lo que equivalía a una pela segura, toda vez que las personas de entonces gozaban de “fe pública” y superconfianza familiar.

Protegidos por la “misericordia de dió” los muchachos “trepan”, “gabean” y se “jondean” de alturas inimaginables, todo por una fruta “maroteá” de sabor inigualable. La “modernidad” casi ha aniquilado ese exótico placer.

jpm-am

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butifar comillas
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2 meses hace

Bonito articulo y aunque yo marotee en Santiago, este articulo me trae gratos recuerdos de aquella ninez.

Daniel Tejada
Daniel Tejada
2 meses hace

Este artículo me ha llevado en un viaje en el tiempo, cuando vivía en los 70 en la zona de los km de la Independencia, que había unos montes que eran un llamado a la aventura, subirse a la mata de mangos y cuando llegaste casi al cojollito, te veías de frente con un panal de avispas mas grande que tu cabeza, y como no podías tirarse desde tan alto, solo quedaba bajar rápido pero acribillado por los aguijones de las avispas. !Que buenos tiempos!

NEVER TROLL SAÚL
NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Maroteo,como lo conocimos en el campo en las décadas de los sesentas y principio de los setentas,era un grupo de amiguitos,salir con sus tirapiedas a casar rolitas y rolones,perdices en los cafetales,comer mangos,muy a menudo cuando estaba lloviendo,todos en pantaloncito a cortos y los ombligos al viento.No se arrancada Lucas,batatas, maíz ajeno,eso se respetaba,no se robaba,era pasarla bien.

NEVER TROLL SAÚL
NEVER TROLL SAÚL
Responder a  NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Los padres y abuelos nuestros,también tenían fincas,cónucos,que también visita amos.No había maldad,eran otros tiempos,tiempos ido,tiempos sanos.
A mí me da pena,que mis hijos y nietos,no lo vivieron,ahora se las pasan en internet y da pena.

Daniel Tejada
Daniel Tejada
Responder a  NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Lo que ocurre es que las compañías constructoras, en su afán devorador, no dejan ni una matica donde construyen, todo es cemento, y ya es tarde para meter mano ahí porque ya el daño está hecho, Santo Domingo es asfalto y cemento, las inmobiliarias consideran un desperdicio dejar áreas verdes responsables.

Fernando Marti
Fernando Marti
2 meses hace

Todavia en esa zona de Bella Vista se pueden ver muchos de
esos arboles frutales.

NEVER TROLL SAÚL
NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Les cuento a mis hijos lo feliz que fuimos,con los amigos maroteando mangos,naranjas,limones dulces,zapotes,guineos maduros,etc. en las fincas de mi pequeño pueblo de los sesentas y setentas,después de hartos,a bañarnos para el río.Cabe decir,que los dueños de fincas,solo les molestaba y prohibían,no remperles las palizadas ni tumbar mangos verdes que atoren sus vacas.

NEVER TROLL SAÚL
NEVER TROLL SAÚL
Responder a  NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Esos bellos tiempos se fueron,los muchachos en sus computadoras,si se meten en una finca ajena les meten un tiro y el río seco y muy contaminado.

Daniel Tejada
Daniel Tejada
Responder a  NEVER TROLL SAÚL
2 meses hace

Es que en esos tiempos todos los juegos eran a campo abierto: el escondido, el topao, montar bicicleta, gavilán gato, el pañuelo, arroz con leche se quiere casar, volar chichigua, y paro de contar, era pura adrenalina. Ahora se la pasan un dia completo con una tablet entre las manos, una triste realidad. Nada se compara con ese sabor de aventura que vivimos en nuestra infancia.

Nicodemo
Nicodemo
2 meses hace

Asi es Don Cesar, la modernidad se ha llevado ese encanto de vida, que era marotear.
Naci en un campo, y alli era mas facil el maroteo de diversas frutas.
Gracias por el articulo.

La defensa.
Responder a  Nicodemo
2 meses hace

Tuve un pariente en Laguna de Coto, San Fco. de Macorís, que tenía un conuco sembrado de yuca, al que los maroteadores penetraban a escondidas y un dia se dio cuenta y dijo:
__Ai que yo jalle aplatao, sacando un plantón desa yuca, le vua dun machetazo del hombro ai culo, carajo.

Nicodemo
Nicodemo
Responder a  La defensa.
2 meses hace

Ja, ja, ja! Aunque no practique ese tipo de maroteo.
El maroteo consistia en frutas pequenas, pero arrancar yucas, cortar racimos de platanos, etc; podia caer preso por la accion.