56 años del golpe mediático a Bosch

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EL AUTOR es sociólogo y comunicador. Reside en Santo Domingo.

Antes del golpe de Estado militar del 25/9/63, a Bosch lo derrocó un golpe mediático, aplicándose preceptos extraídos del libro Técnica del Golpe de Estado (1931) de Curzio Malaparte, como me lo confesó Rafael Bonilla Aybar en la terraza de Adrian Tropical de Güibia, bajo la sombra protectora de los almendros y el salutífero rocío salitroso, en la víspera de su muerte.

Fue una campaña sistemática con efecto corrosivo en la legitimación del experimento de reformas democráticas, orientada a minar la confianza entre actores claves: industriales, hacendados, comerciantes, sacerdotes, guardias, y el gravitante establishment americano. Que Bosch denominó en un artículo en LIFE, “la gramática parda del golpismo”.

En un escenario signado por el recrudecimiento de la Guerra Fría en el Caribe, con el shock causado por la Crisis de los Misiles soviéticos en Cuba en octubre del 62 y las guerrillas urbanas de las FALN en Venezuela intentando derrocar a Betancourt, e inestabilidad en el Haití de Papa Doc. En el cual el llamado peligro comunista o riesgo de una “segunda Cuba”, fue catalizador que movió la acción opositora, presentando a Bosch como “tolerante con los comunistas” y a su gobierno penetrado por éstos.

El balance de medios durante este período, revela un saldo desfavorable a Bosch. Bonilla Aybar (ex director del oficialista La Nación en el Consejo de Estado) manejaba un poderoso bloque de medios. El meridiano radial Periódico del Aire, en La Voz del Trópico, el vespertino Prensa Libre, que desde el 27 de julio —al desaparecer La Nación— dominaba la tarde, y en la noche Telenoticias, por Rahintel. Opositor militante, este antiguo jefe de prensa y propaganda del MLD que organizó en Cuba las expediciones de junio del 59 y asistente de su Comandante en Jefe, se convirtió en “agitador derechista consumado” en los mítines de reafirmación cristiana, al decir del embajador Martin.

El Caribe, principal diario de la época, giró hacia una línea crítica. Un proyecto en el Congreso dominado por el PRD que ampliaba la ley 5924 del Consejo de Estado sobre confiscación de bienes a los Trujillo, era visto como amenaza expropiatoria de la Editora del Caribe. Cuyas acciones le fueron reconocidas a su director Germán Ornes por Balaguer en la transición, con apoyo de Jules Dubois, del Chicago Tribune y presidente del comité de libertad de prensa de la SIP. De su parte, Horacio J. Ornes —líder de VRD, aliada al PRD en los comicios—, pasó a la oposición al acusar de corrupción al ministro de Industria y Comercio, quien renunció para entablar demanda.

El Caribe reproducía artículos del influyente Premio Pulitzer Hal Hendrix, del Miami News, quien el 24 de septiembre publicó uno anticipando el golpe del día siguiente y justificándolo. Una década después, Hendrix participó en la campaña de la ITT para derrocar a Allende. El diario destacaba en primera plana los reportes de Robert Berrellez, de AP y de línea dura, vinculado igual a ITT en la caída de Allende e investigado en 1973 por el comité de relaciones exteriores del Senado de EEUU, sometido por mentirle en 1978. Además los trabajos de Jules Dubois. Todos acusaban a Bosch de “blandengue con los comunistas” e indefinido ante “la penetración comunista”, que secundaba Prensa Libre.

En las FFAA el anticomunismo puso a Cuba como espejo, donde aquellas fueron suplantadas por el Ejército Rebelde, como enfatizó Elías Wessin, director del CEFA, en la revista de las FFAA de mayo/junio del 63. El capellán Marcial Silva con sus cursillos de cristiandad y el mayor Haché de la FAD alentaron la insubordinación.

El embajador Martin urgió a Bosch a tomar medidas represivas. Ante las charlas de Tavárez Justo en los ayuntamientos, los viajes a Cuba, el retorno de alegados comunistas deportados por el Consejo de Estado. El funcionamiento de “la maldita escuela de comunismo de Dato Pagán” -como le llamaba al Instituto de Ciencias Sociales y Planificación que operaba en el Salomé Ureña en tanda vespertina nocturna-, cuyo cierre reclamaba. El embajador encarecía al presidente, en los momentos más críticos, a actuar como Betancourt, golpeando a la derecha y a la izquierda simultáneamente, para fortalecerse en el centro, procurando apoyo militar y empresarial. Un enfoque que Bosch no compartía, apegado a preceptos constitucionales.

Martin sugería deportar a derechistas, tipo Bonilla Aybar y Enrique Alfau, de la Acción Dominicana Independiente, que organizaba las manifestaciones cristianas anticomunistas, junto a izquierdistas como López Molina. Aplicar la manopla, Betancourtrizar el gobierno. Bosch razonaba en privado, según informes de la CIA, que la izquierda era débil y no era la principal amenaza. Que sí provenía de la derecha política e influía en los militares y los incitaba a dar un golpe, como de hecho sucedió.

No quería reprimir a la izquierda y arrinconarla, evitando provocar una reacción violenta, con acciones terroristas y guerrillas urbanas, tal la Venezuela de Betancourt. Decía que al comunismo se le combatía con reformas preventivas para que no calase en los sectores populares, forzando a sus grupos a hacer vida pública, no clandestina. Martin, en cambio, le urgía clausurar periódicos como el 1J4 del 14 de Junio y El Popular del PSP que circulaba legalmente desde junio, así como Libertad del MPD, y Claridad del Chino Ferreras.

El balance mediático resultó desventajoso para el gobierno. Listín Diario, dirigido por Rafael Herrera, reapareció el 1ro de agosto a dos meses del golpe, con escasa penetración y en tono amigable hacia la institucionalidad democrática. La Nación, dirigido por Pedro Alvaro Bobadilla con elenco de talentosos jóvenes periodistas, muy distante en circulación respecto a El Caribe, en su rol oficial era el único diario con el que podía contar Bosch y fue cerrado inexplicablemente el 27 de julio. Así el gobierno quedó sin prensa escrita.

Radio Santo Domingo, dirigida por Julio César Martínez, fue convertida en julio en cultural y educativa –“tenemos que propagar la cultura en el alma nacional” dijo Bosch-, con escasa beligerancia política. El programa más importante era Ante la Prensa, un panel semanal conducido por Salvador Pittaluga, con participación de periodistas de diferentes medios. Circulaba la revista semanal ¡Ahora! del Dr. Rafael Molina Morillo, quien fungió como director ejecutivo de El Caribe. Y Cachafú, un chispeante medio de humor político dirigido por Francisco Álvarez Castellanos con caricaturas de Miche Medina.

El presidente del subcomité de asuntos interamericanos de la Cámara de Representantes de EEUU fue uno de los tantos que se hizo eco de Hendrix, alertando sobre la “penetración comunista”: 150 comunistas habrían regresado tras la Crisis de Octubre y las autoridades lucían complacientes. Revistas como Bussines Week se sumaron a las denuncias. A todo ello, la CIA indicaba que el riesgo comunista era sólo potencial y que los grupos comunistas o castristas —encuadrando al 14 de Junio, al PSP pro soviético, al MPD y al PNR de Pérez Cabral y Dato Pagán— eran débiles, con algún apoyo en el movimiento estudiantil universitario y en organizaciones sindicales. Pero advertía que en caso de descontrol e inestabilidad y ante el fracaso de las reformas de Bosch, podían tomar auge.

OVERSEAS

Otro frente de ataque con resonancia mediática en EEUU fue el contrato con la Overseas. Encabezada por Jimenes Grullón y Casals Victoria, de Alianza Social Demócrata, se desarrolló una campaña de prensa, radio y televisión, calificándolo de oneroso en términos financieros. Bosch admitía en privado que no eran las mejores tasas de interés y comisiones de intermediación, pero sí una forma de obtener fondos rápidos dados los lentos procedimientos de la Alianza para el Progreso y la AID. El gobierno, razonaba, necesitaba resultados en los próximos tres meses y lo de la Alianza podía durar un año. Criterio compartido por Martin, quien insistió en hacer una excepción mundial con la República Dominicana para darle apoyo inmediato en el desembolso de fondos. A contrario, se frustraría el proceso de reforma y el propio régimen democrático.

Una disertación de Jimenes Grullón en La Voz del Trópico criticando el contrato de US$150 millones suscrito con la Overseas, generó el 10 de marzo una pedrea a la estación y tremenda escandalera, con arribo de los generales Imbert y Amiama Tió al escenario. Mientras el 6 de abril, el apresamiento de Bonilla Aybar en Rahintel, ante las cámaras y a cargo del jefe policial Belisario Peguero, provocó la concurrencia solidaria de opositores y una balacera, resultando herido Horacio Álvarez Saviñón, presidente de la Asociación de Industrias y embotellador de Pepsi. El caso motivó una visita in situ de una comisión de la OEA. Incidentes proyectados negativamente en la prensa internacional.

Finalmente el 25 de septiembre se produjo el derrocamiento de Bosch, precedido por un paro patronal el 20, un día después del regreso del presidente de su visita a México, donde López Mateo lo recibió en grande —un parámetro internacional con el cual Bosch quiso marcar su independencia en la escena internacional. El nacionalismo revolucionario mexicano influyó en la ideología del PRD fundado en Cuba en 1939, fruto del debate entre Cotubanamá Henríquez y los Juanes (Jimenes Grullón y Bosch) aliados, principales ideólogos de su plataforma política.

López Mateo envió una delegación del ballet folclórico mexicano, que hizo presentaciones populares y a la alta oficialidad militar en el Club de Sans Soucí en la víspera del golpe. Como antes Muñoz Marín, quien aportó el concierto del cellista Pablo Casals en el Palacio de Bellas Artes. Todo ello para auspiciar, por vía de la cultura, la experiencia de reformas democráticas que se vio tronchada. A 56 años de esa experiencia, “¿comprenden?”

JPM

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