Los gobiernos comunistas de Nicaragua y Venezuela, dos regímenes ilegítimos, por haberse erigidos en base a ilegalidades obviamente inconstitucionales, en estos momentos se mecen en la cuerda floja debido a crisis profundas de gobernabilidad que los tienen al borde del colapso.
Obviamente que estos regímenes despóticos solo cuentan con el soporte dictatorial de la fuerza que provee el poder absoluto, con apoyo de las entidades represivas, que no obedecen a la constitución de un estado de derechos, sino a las órdenes emanadas del tirano caudillo, que por las buenas, podemos estar seguros, nunca va a soltar las riendas del poder, porque eso no está en la agenda de los comunistas.
En la otrora próspera República de Venezuela, sumida en una larga y profunda crisis política, económica, social e institucional por el chavismo, el déspota Nicolás Maduro acaba de “reelegirse” por medio de una mascarada electoral donde no participó la oposición, porque el dictador se encargo previamente de aniquilarla, encarcelando y haciendo ir al exilio a sus lideres, e inhabilitando a los demás que no están presos o huidos.
Esas espurias “elecciones” para agenciarse un segundo período de seis años de una forma abusiva y dictatorial, fueron previamente rechazadas por la comunidad internacional, por que estas se celebraron sin ningún consenso, sin garantías y sin legitimidad. Con el congreso (Asamblea Nacional) neutralizado, sustituido por un congreso paralelo llamado Asamblea Nacional Constituyente, formado por el propio gobierno para su uso exclusivo.
Por otro lado está el tirano nicaragüense reelegido también ilegalmente, luego de adueñarse del congreso al destituir a la plana opositora de manera arbitraria, utilizando el controlado Consejo Nacional Electoral, totalmente a sus servicios.
Allí se vive la peor crisis política en muchos años desatada por una rebelión inusitada iniciada luego de que Ortega decretara un aumento en las cotizaciones de la seguridad social y una disminución de 5% del monto a recibir por los beneficiarios jubilados.
Y aunque el dictador echó para atrás el decreto, las manifestaciones han continuado debido a la violencia inicial desatada por turbas sandinistas de violentos paleros armados apoyados por las fuerzas represivas contra los manifestantes pacíficos, quienes ocasionaron hasta ahora unas 85 muertes la mayoría jóvenes participantes de las masivas protestas; más de 800 heridos y miles de detenidos y torturados.
Ojalá que ambas tiranías sean ejemplarmente castigadas con fuertes sanciones, aún más fuertes que las que hasta ahora han sido implementadas por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, entre otros. Debería exigírseles que dejen el cargo y celebren elecciones de inmediato sin su participación como candidatos, obviamente.
Ojo, la OEA debe dejar de tratar la dictadura de Ortega con paños tibios, ya que este no se diferencia en nada de Nicolás Maduro, pues ambos actúan autoritariamente y han desmantelado de igual manera el entramado institucional de ambas naciones, transformándolo en ambos casos en un instrumento al servicio exclusivo de sus perversos planes totalitarios.
of-am

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