El pasado 15 de mayo, los dominicanos votamos para elegir más de 4,000 posiciones electivas, como casi siempre la gran mayoría lo hizo pacífica y ordenadamente, superando con su actitud la de un buen número de actores principales del sistema.
De todos los hechos importantes e insignificantes de la vida, casi siempre tenemos algo que aprender; éste que nos ocupa no es la excepción.
La Junta Central Electoral, con cuestionamientos válidos y más sombras que luces, al fin y al cabo cumplió con su papel, a pesar de los incomprensibles resabios y actitudes de su Presidente; el cual debe haber aprendido, que no se puede imponer un nuevo sistema de votación, sin el tiempo suficiente para que este pueda ser aprobado y validado por todos los participantes en el torneo electoral, en un país como el nuestro con problemas de conectividad y suministro de energía eléctrica.
Creemos que una Junta dirigida por una persona menos controversial, con menos ansias de protagonismo y menos ambiciones, infundiría más confianza en votantes y candidatos.
En cuanto a los resultados de las elecciones, varios hechos llaman la atención. El PLD fue superado por la popularidad de su candidato Presidencial, quien alcanzó una votación que superó el 60%.
La mencionada organización política, junto a un grupo de funcionarios eternizados en sus posiciones, generan un fuerte rechazo en parte de la población, por su actitud prepotente y sus ínfulas de infalibilidad.
Entendemos que los señalados hechos, tendrán repercusiones en la composición de la dirección del partido de gobierno.
En la oposición, Luis Abinader se convierte en su principal figura.
Es importante destacar, que pese a la evidente limitación de recursos económicos, los problemas internos del Partido y a la pésima campaña desarrollada por el PRM, en donde la ausencia de una estrategia clara fue la nota dominante, Abinader logró un nada despreciable 35% de los votantes.
Su actitud de ahora en adelante, es la que determinará si podrá consolidarse como líder de su partido y de las fuerzas de oposición.
Un caso que llama la atención es el descalabro del PRD, partido que de obtener un 47% del voto en las elecciones del 2012, en las de este año, sólo logro un ridículo 6%, decretando de esta manera su muerte como organización con influencia política en el país. Habiendo hecho su principal dirigente, lo que nadie había logrado, destruir al PRD.
De los resultados obtenidos por los demás partidos, es preferible no hablar.
Ahora bien, parece mentira que en pleno año 2016, estemos viviendo los mismos traumas post electorales de décadas pasadas, es como si en esa materia el tiempo se hubiera detenido.
Es necesario dar un salto cualitativo, y dejar atrás esos sobresaltos, para que esto comience a suceder es necesario actualizar la Ley Electoral y aprobar la Ley de Partidos.
No es posible que en este país vivamos en una eterna campaña electoral, eso tiene que terminarse.
El origen de los recursos que manejan los partidos, tiene que transparentarse, y la utilización del dinero proveniente del Presupuesto Nacional, para apoyar Proyectos electorales debe eliminarse totalmente.
Pero tan importante como lo mencionado precedentemente, es integrar una Junta Central Electoral y un Tribunal Superior Electoral, con personas de cuya imparcialidad, honestidad, responsabilidad y preparación no se dude. Sólo entonces podremos dormir tranquilos.


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