La República Dominicana es un país inverosímil. Pero no solo porque el poeta Pedro Mir lo haya descrito como un lugar “Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y alcohol”. La inverosimilitud caracteriza tanto las acciones políticas, como los comportamientos de dirigentes sociales o entidades gremiales y a veces toca el ámbito académico.
Buen ejemplo de lo anterior se encuentra en la situación creada con los médicos que esperan ingresar a los programas de formación de especialistas, que en el argot sectorial se denomina residencias médicas. El primero de marzo de ese año se llamó a examen y concurrieron 4,457 profesionales, de los cuales, 17.5 por ciento superaron la prueba.
Los cualificados deben pasar por otro proceso: depósito de documentos y entrevistas en el hospital donde habrán de “residir” para recibir la formación de posgrado. Esa parte debió concluir el 28 de abril. Pero hasta la fecha, 860 médicos esperan que las autoridades formulen el llamado. Son víctimas de los reclamos de quienes reprobaron el examen.
Una aplicación inversa del concepto de la democracia ha paralizado el proceso, pues como los reprobados -82.5 por ciento- son mayoría, han marginado las aspiraciones de quienes salieron airosos en el examen, impartido por la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Pero la responsabilidad no era sólo de la Universidad del estado, sino de una entidad que regula esta delicada actividad. Se trata del Consejo Nacional de Residencias Médicas, que junto al Ministerio de Salud integran la UASD, el Instituto de Seguros Sociales, la división médica del Ministerio de Defensa y el Colegio Médico Dominicano.
Los médicos que no alcanzaron la calificación requerida -mayoría aplastante- acudieron a la Cámara de Diputados en busca de amparo y lograron detener el inicio del programa de enseñanza en salud, previsto para el primero de julio. Pero eso no será posible porque las autoridades están privilegiando el reclamo de los reprobados.
El Consejo de Residencias Médicas define su misión como “Garantizar Niveles de Calidad académica que promuevan el desarrollo continuo y sostenido de los programas de residencias médicas mediante la planificación, selección, supervisión, y evaluación según la normativa establecida por los entes Rectores de la Educación Superior a nivel Nacional”.
Inverosímil es lo contrario de verosímil. Y esto último “tiene apariencia de verdadero”. Una sociedad inverosímil parece una invención. Lo que ha ocurrido con los futuros médicos especialistas aparenta una ficción, pero es –lamentablemente- una realidad. Ellos calificaron para ingresar a una residencia médica, pero hasta ahora su residencia está en el aire.

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