En abril del 2015, cuando como hoy todo parecía que se iba a derrumbar entre los dos líderes principales del país, escribí una reflexión bíblica que quiero rememorar.
En la Biblia hay un pasaje donde Jesús le muestra a sus discípulos y al pueblo la importancia de permanecer unidos en un propósito y de no dejarse confundir por los enemigos. Ese pasaje está en el libro de Lucas, capítulo 11 del versículo 14 al 20. Allí se narra que cuando Jesús le saca un demonio a una persona muda, esta persona habló y «todo el mundo se maravilló». Pero los enemigos de Jesús y los que le provocaban cada vez que él hacía un milagro, empezaron a decir que el poder que tenía Jesús se lo daba Beelzebú, el príncipe de los demonios, y no Dios, su Padre Celestial.
En ese momento, Jesús, que conocía a fondo el pensamiento y el corazón de ellos, se dio cuenta que sus enemigos lo que querían era indisponerle en contra de su padre y les dijo esta frase que tiene vigencia por siempre: «Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae».
Y esa es una gran verdad que tiene vigencia en todos los tiempos y en todas las circunstancias. La división es uno de los grandes males que afectan a cualquier entidad, agrupación o poder, y lo lleva de manera inexorable a debilitarse y desaparecer. Hay un refrán popular muy conocido que expresa lo siguiente: «Divide y vencerás», pues la división es el paso inmediatamente anterior a todo fracaso, a toda derrota y a toda pérdida de las perspectiva de un proyecto de cualquier naturaleza.
Si existe un reino, un gobierno, una agrupación social o popular donde sus miembros no respetan la normas y cada quien está tratando de imponer sus criterios e intereses por encima de los intereses generales del colectivo, entonces el fracaso y la derrota son inminentes. Una casa donde el padre y la madre están constantemente peleando y en desacuerdo, donde los hijos no respetan a los padres y están insubordinados de manera permanente, donde el caos, el desorden y la división sean la norma, esa casa camina a desintegrarse. Muy bien lo dijo Jesús «una casa dividida contra sí misma, cae».
Y estas enseñanzas de Jesús deben ser un espejo donde se miren hoy en día los dos principales lideres del PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández. Ellos deben asumir su papel ante la historia y pactar. De no hacerlo, todo apunta a la división del PLD, y ese reino que ellos han construído estaría caminado el sendero de la desintegración.
Son muchos los fariseos que están del lado de Danilo y de Leonel que quisieran verlos divididos. Como la unidad que históricamente han tenido ha dado tan buenos resultados, los enemigos de ambos líderes están sembrando cizaña para que la división penetre y los distancie, los separe y provoque el descrédito de ambos y la salida del poder del proyecto que los guía y les sirve de soporte.
Hoy más que nunca, Danilo y Leonel deben hacer suya esta enseñanza de Jesús y entender que «todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae». Que Dios los ilumine.


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