Señor Presidente: el país ya habló (OPINION)

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El autor es autor es educador. Reside en Portland, Oregon, Estados Unidos.

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Señor Presidente Luis Abinader.

Cinco años.
Cinco años en los que el movimiento popular ha salido a las calles de manera sostenida, organizada y firme.

Cinco años de demandas claras.
Cinco años de propuestas concretas.
Cinco años de advertencias.

Y sin embargo, hoy usted afirma que “este gobierno escucha”.

Permítame decirle algo con la franqueza que exige el momento histórico:
no, señor presidente, su gobierno no ha escuchado.

Si hubiera escuchado, no estaríamos donde estamos.

No habrían tenido que militarizar San Juan para intentar contener una protesta legítima.
No hubiese sido necesario cercar, con cientos de agentes policiales,  las marchas del 24 de abril en Santiago ni la del 27 en Santo Domingo.
No hubiese sido necesario reprimir las demostraciones celebradas el 1ro de Mayo, día del Trabajador.
No habría militarizado las huelgas del Cibao.
No habrían respondido con gases y fuerza a comunidades que defienden su agua y su territorio frente al proyecto minero de Romero.
No habrían convertido la protesta social en un problema de orden público en lugar de una oportunidad de diálogo democrático.

Luis Abinader

Lo ocurrido recientemente en San Juan no deja espacio para interpretaciones ingenuas:
fue un acto de intimidación.

Pero le falló el cálculo. Porque el pueblo dominicano ya no se repliega ante la presión. El miedo cambió de lado.

Su anuncio de detener los trabajos  (no de cancelar) en la mina no fue un acto espontáneo de escucha.
Fue una decisión forzada por la presión social, por el crecimiento del descontento, por la acumulación de luchas que su gobierno ha ignorado sistemáticamente.

Porque, señor presidente, este no es un caso aislado.

¿Dónde estuvo la “escucha” cuando:

  • las comunidades denunciaban la amenaza a sus fuentes de agua?
  • los trabajadores exigían salarios dignos frente al alza del costo de la vida?
  • los campesinos reclamaban apoyo real a la producción nacional?
  • los barrios populares pedían soluciones frente a los abusos y la violencia policial?
  • las organizaciones sociales advertían sobre el deterioro de las condiciones de vida?

Más grave aún:

La Coordinadora Popular y Nacional le entregó a su gobierno un documento con 8 puntos de demanda concretos.
Ocho puntos.
Claros. Viables. Urgentes.

Ese documento no fue un gesto simbólico.
Fue una hoja de ruta mínima para encauzar el conflicto social.

¿Y cuál ha sido la respuesta de su gobierno?

El silencio

Un silencio que también es una forma de violencia política. Un silencio que niega interlocución. Un silencio que profundiza la distancia entre el poder y el pueblo.

Por eso, señor presidente, no basta con repetir que “este gobierno escucha”. Escuchar no es reaccionar cuando la presión desborda. Escuchar no es administrar crisis. Escuchar no es contener momentáneamente una protesta.

Escuchar es actuar a tiempo. Escuchar es responder con hechos. Escuchar es gobernar con el pueblo, no contra él.

Si realmente su gobierno escucha, entonces escuche ahora:

Escuche las 8 demandas del movimiento popular  ya entregadas. Escuche a Santiago, a San Francisco de Macorís, a Azua, Cotuí, Santiago Rodríguez. Escuche a San Juan. Escuche a las comunidades en resistencia. Escuche al movimiento popular que lleva años tocando su puerta.

Y actúe.

Porque solo con respuestas reales, verificables y sostenidas en el tiempo, el movimiento popular podría siquiera considerar una pausa en su cargado calendario de lucha.

Hasta entonces, la calle seguirá siendo el espacio legítimo de expresión de un pueblo que ya entendió algo fundamental: los derechos no se conceden… se conquistan.
felipe@lora.org

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