El presidente Luis Abinader ha basado la adopción de algunas medidas frente a Haití en la defensa de la seguridad de la República Dominicana, la que ha dicho está por encima de cualquier otro aspecto, como el comercio, por ejemplo.
En este caso, el jefe del Estado tiene en la seguridad nacional una visión de conjunto, comparada con la panorámica periférica que tienen otros, quienes no dudan en poner el interés de los negocios y otros factores específicos por sobre la tranquilidad de todo el pueblo dominicano.
Cuando escuchamos apelar al recurso esgrimido por el presidente de la República para disponer las medidas migratorias y de frontera, muchos giramos el reloj hacia atrás y caemos en una de las etapas más oscuras de América Latina, como lo fue la aplicación de la doctrina de seguridad nacional implementada por Estados Unidos, plagando el continente de dictadores ladrones y asesinos.
En este caso no se trata de nada de eso, sino la posibilidad de que nuestro territorio sea penetrado por cualquiera de las modalidades de crimen organizado que impera en Haití, donde su Gobierno es tan débil—o negligente, tal vez—que se permite la irresponsabilidad de tolerar que un jefe pandillero implicado en secuestros y asesinatos documentados, se presente en forma descarada y desafiante a ofrecer una rueda de prensa sin ser detenido.
Eso justifica las medidas internas tomadas por el Gobierno dominicano, pues queda claro que las autoridades haitianas—las formales, pues al parecer la autoridad la ejerce ese delincuente llamado BBQ—, no están en capacidad de garantizar el orden interno.
Hay un detalle que, frente a esta situación, queda relegado porque la mayoría del país no lo advierte, empezando por los funcionarios del Gobierno responsables de la seguridad ni las autoridades estadounidenses tampoco.
A ello dedicaré la última parte de este comentario, aunque sea para que conste.
Dado que la disolución de Haití no garantiza el control de nada, por su territorio circula cualquier cosa, incluyendo, potencialmente, terroristas.
Una acción terrorista dirigida contra nuestro país no tendría mucho sentido en la lógica de un extremista, pero no podemos olvidar que desde la República Dominicana salen cada día decenas de vuelos hacia los Estados Unidos.
¿Quién puede descartar que terroristas se cuelen desde Haití y con la intención de golpear intereses estadounidenses busquen atentar contra uno de los aviones que salen de nuestro país?
Si bien nosotros, de manera directa, no tenemos cuentas pendientes con ningún enemigo de los Estados Unidos, no debe verse esta como una inquietud peregrina, sino una advertencia que sirve para dar más fortaleza a las disposiciones del presidente de la República y generar mayor apoyo.
jpm-am


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