Tal vez en otras sociedades ocurra también, pero en esta ocasión, me referiré a la sociedad dominicana. Y es que, cada vez más, vemos como aparecen individuos, que se perciben así mismo superiores a los demás, en función de lo cual, cometen abusos y actos de violencia contra quienes ellos encuentran o entienden que están, en situación de inferioridad o vulnerabilidad.
Esa superioridad percibida, no tiene límites para ellos, y la encontramos en el ámbito político y económico, en toda la sociedad, lo que grafica, el alto grado de envilecimiento y degradación a que ha llegado y se encuentra, esta sociedad, donde la cultura del abuso, se refleja, aun en las instituciones, llamadas a brindar seguridad y protección a los ciudadanos.
Definitivamente, esta sociedad está enferma y necesita atención, de psicólogos y psiquiatras de manera urgente, porque, esto ha calado muy profundo. Lo podemos ver, en ciudadanos armados, que insultan y agreden. Un simple roce de vehículos en las calles, puede desembocar, en terribles tragedias, como ha ocurrido, en muchísimas ocasiones.
Pero, no es solo en los ciudadanos comunes, que se da, sino también, se da en los institutos armados militares y policiales, donde el que posee un arma al cinto, se cree señor y amo de cuchilla y horca. Y los tristes casos de estos últimos días, muestran, esta gran verdad.
Lo más probable es que cada uno de ustedes, haya sido testigo, de manifestaciones, de esta percepción de superioridad, que degenera en violencia. Viéndola en otros, o siendo protagonistas, cuando al volante, el chofer de camión o tráiler, se impone de manera temeraria y abusiva, a puros bocinazos, y lanzándole encima estos vehículos pesados, a los conductores de vehículos más chicos.
Pero también, los agentes, de las agencias de seguridad, se engrandecen, frente a los ciudadanos, que juraron proteg
Vivimos en una sociedad violenta, y envilecida, donde la muerte de ciudadanos, como fue el triste y horrible caso, de la joven profesional, Leslie Rosado, es una manifestación de esta patología. Donde, quien porta un arma, se siente que puede sugestionar, al ciudadano, que no la tiene, y encima de eso, si está revestido, de la autoridad de un uniforme, esa combinación se convierte en explosiva.
Una vida más que se pierde, una vida productiva, que deja a otras vidas terriblemente afectadas. Estos casos, se están convirtiendo en consuetudinarios ya, y eso es, lo que debe llamarnos, no solo, a reflexionar, sino también, a actuar, porque, esta sociedad está muy enferma y hay que intervenirla con urgencia, para establecer, los correctivos, porque de no hacerlo ahora, podría convertirnos, en una de esas, sociedades frágiles, que algunos han dado en llamar Estados fallidos.
JPM

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