Quique tiene razón
Los partidos políticos son Instituciones sociales estructurados por cuerpos y mentes humanos en base a leyes, normas, principios códigos y disciplina interior, como ocurre en una empresa importante, en organizaciones militares, en núcleos religioso y en el alma y corazón de la sociedad, la familia.
Como es tarea inexpugnable de Dios salvar las almas, asimismo la disciplina es tarea indispensable para que no se pierda el cuerpo y la mente estructurales de los partidos políticos. La disciplina interna es, por tanto, orden y fragancia que alimentan el fortalecimiento, el respeto y la admiración del pueblo hacia las organizaciones partidarias aquí y en cualquier parte del mundo.
Jamás este predicamento se asocia a la dictadura intrapartidaria, al despotismo, o al descuartizamiento de ideas y acciones disidentes y contestatarias, sino al esquema de respeto institucional, de decencia y sensatez de espíritu que debe imperar en el seno de las organizaciones políticas. El orden y la disciplina por tanto, son consustanciales a su efectivo desenvolvimiento presente y desarrollo futuro.
Por lo tanto, considero que el galloloquismo, la rebeldía perenne y la indisciplina conductual son taras feudales, de macheteros de la discordia y el caos.
A mi entender las acciones fructíferas que puedan articular las organizaciones políticas democráticas, marchan íntimamente vinculadas al orden y al respeto a la línea de mando.
Lamentablemente, ese desatino caníbal ha hecho vida robusta en dos de las principales fuerzas políticas del país, el PRD y el PRSC, constituyéndose, a veces, en hachas podantes de sus buenas ramas frutales. Y si esos diablillos que operan organizados y por su propia cuenta a lo interno y externo del partido Revolucionario Dominicano y del Reformista Social Cristiano, aún no han logrado derribar el tronco que los cobija a todos, buenos y malos, decentes e indeseables, se debe al sólido origen de la fundación de dichos partidos y a su portentosa vinculación a las raíces, existencia y anhelos de este pueblo.
Algunos de ellos asumen la indisciplina orgánica como pan del infierno para pretender frenar éxitos ajenos ante su imposibilidad de hacerse creíbles, aceptados y aplaudidos por las masas mayoritarias de sus respectivas instituciones políticas. Otros actúan abrazados al machete y a la fusta del rencor y el egoísmo patológicos.
Unos y otros son purgas del desaliento que la sociedad y esos 2 partidos políticos deben ubicar en un rincón con escasas iluminación y movimiento, o en el limbo existencial. Ellos no pueden imponer las reglas de juego, no pueden triunfar.
En la vida organizada y desarrollista, el éxito se asocia al orden, a la disciplina y al consenso.
Solo me basta decir, que tienen razón de sobras los presidentes de ambos partidos al reclamar disciplina y respeto dentro del PRD y PRSC.
Mi amigo Quique Antun hizo referencia al tema de la indisciplina dentro del reformismo hace unos días, durante una actividad en Santiago, procurando desterrar sinsabores, viejas diferencias y rebeldías sin causa, enseñando y trazando una novedosa línea de acción partidaria para el crecimiento interno y mejor posicionamiento del PRSC. Sin ello habría muy poca cosa que presentar al gusto popular, y huelga decir que Quique está en el camino correcto, él tiene razón.

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