Puente Baranda, negligencia y muerte

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El AUTOR es abogado, terapeuta familiar y de pareja. Reside en Santo Domingo.

 

No sé cuántos seres humanos, cuántas personas valiosas y productivas, han dejado de existir por la negligencia de muchos gobiernos en hacer exigir o cumplir lo que se debe.

Al diseñar y ejecutar carreteras, se diseñan y se colocan una serie de barandas protectoras en las entradas o cabeza de los puentes e igualmente sucede con las depresiones o cañadas laterales de las vías.

“Supongo que todos suponemos”, que eso no está de lujo para que la recién inaugurada vía se vea flamante y consecuentemente bonita, supongo, que eso también lo saben los supervisores de estas vías y que conocen a profundidad las razones de colocación de esas barandas.

Lo ideal sería que las barandas o barreras de seguridad, estén colocadas a lo largo de las vías y no sólo en áreas específicas como puentes o depresiones, ya que el objetivo de la misma es evitar el despiste del vehículo, que éste pueda mantenerse en la vía y no traspasar al carril contrario, o deslizarse con las consecuencias que esto conlleva.

No soy ingeniero vial, pero sé que existen diferentes barreras dependiendo del objetivo que se persiga con las mismas. La intención de quien escribe, no es hablar de las barreras y sus tipos, eso lo dejo a los expertos para cuando decidan poner manos a la obra.

El detonante para lo que ahora escribo lo encuentro en la reciente muerte de una joven estudiante a la que la negligencia y la irresponsabilidad le arrancó la vida y digo estos, porque si ese puente por donde se deslizó el vehículo que conducía ésta, hubiese tenido sus barras de seguridad, no se produce el fatal accidente.

De similar manera perdió la vida el general de la Policía Nacional De la Cruz Martínez. Como se recordará en esa misma vía, hace unos años. Persona ésta que tuvo una muerte horrenda, su familia (esposa e hijos), así como su chofer resultaron gravemente lesionados y como ellos, decenas y decenas de seres humanos igualmente valiosos.

Se lamenta el accidente, se saben las causas o lo que la pudo evitar, pero nadie hace nada. Da pena y vergüenza propia y ajena el ver el estado de deterioro de estas barras o barandas en las diferentes carreteras, vías, pista, autopista o como se le quiera llamar. Aquí nadie repara, están deterioradas o con grandes secciones ausentes y nadie se da por enterado.

En la Autopista Duarte, por la dimensión del deterioro y por lo concurrido del tránsito allí, es más grave el asunto.

Sugiero crear, si no existe un departamento supervisor de vías y específicamente una sección de seguridad vial, que levante diariamente un informe, mismo que podría contar con la colaboración de   las unidades   del Ministerio de Obras Publicas que brindan asistencia vial (que por cierto lo están haciendo bien, aunque le faltan algunos detallitos). En ese informe se recogerán los pormenores de los accidentes en la que se implica el deterioro a estas barras. Se debe instruir a dichas unidades para que procedan a tomar los datos del vehículo que las ocasionó, levantar fotos, recoger y conservar las evidencias, para consecuentemente agotados los procedimientos y el debido proceso obligar (legalmente existen los mecanismos) a estos propietarios y sus respectivos seguros a reparar el daño causado.

De observarse lo que acabo de sugerir habrá fondos suficientes para reparar las misma una vez sean deterioradas por lo que acabo de señalar y  para mantenerlas en buen estado permanentemente, pero hace falta voluntad, pues los recursos están ahí, acabo de señalarlos.

Ahora como no hay régimen de consecuencias, nadie actúa, diferente seria si cada vez que un ciudadano pierde la vida o sufre lesiones por negligencias e irresponsabilidades como ésta, se demandara a la institución correspondiente y de paso se involucrara al incumbente como persona civilmente responsable. ¡Otro gallo cantaría!

Es ahí en donde instituciones como el Defensor del Pueblo encuentran su razón de ser.   La seguridad vial nos pertenece a todos, desplazarnos seguros, o con riesgos disminuidos por nuestras autopistas y carreteras es un derecho colectivo de todo el que se desplaza en vehículo o peatonalmente, nos pertenece a todos, de ahí que el interés es difuso.

Doña Zoila Martínez Guante a la cabeza como actual Defensora del Pueblo, todo el equipo de tutela de Derechos, y el Departamento de Educación e Investigación de la institución, deben anotarse un punto más y agregar este reclamo y la educación ciudadana en este sentido, a su amplia lista de reclamos sociales. Poner esto en el mismo vagón de acción en que se encuentra el reclamo de saneamiento de  las cañadas,  la oposición a traspaso de la Cueva de las Maravillas, el llamamiento a la protección y  conservación de los humedales, el reclamo para restauración y conservación  de los monumentos nacionales , la asistencia a reclamos de prestaciones de servidores públicos desvinculados, construcción de hospitales para el lado haitianos como forma de liberar los nuestros, el constante acompañamiento para la reparación de casuchas, o reclamos de acueductos para poblados como Fondo Negro en la provincia de Barahona o la construcción de pozos en la línea Noroeste,  en fin asumirlo con las mismas energías y con prioridad del reclamo. No hay duda que estos son derechos colectivos y difuso que salvan literalmente la vida que es el principal derecho humano y fundamental. Eduquemos y accionemos urgentemente en este sentido.

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