El Ministro de cultura cometió un acto afrentoso, que bien puede calificarse de masoquismo de Estado, al otorgar el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, a Mario Vargas Llosa, quien es parte de la campaña contra la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional que define quienes son nacionales dominicanos y ordena aplicar un Plan de Regularización para Extranjeros Residentes de Manera Irregular en nuestro territorio, este señor nos presentó ante el mundo como un país xenófobo, racista y fascista.
Nadie discute los méritos de escritor del señor Vargas Llosa y no nos opusiéramos a que sea laureado, si la distinción la ofreciera una institución académica o un casa editorial dominicana, que no es el caso, pues quien lo está distinguiendo es el Estado Dominicano en nombre de todos los ciudadanos a quienes difamó e injurió calificándolos de “parias del caribe, xenófobos, racistas y nazis”, con lo que hirió la conciencia nacional.
El Estado Dominicano, no es un academia, ni una casa editorial, ni mucho menos una empresa organizadora de eventos comerciales que tiene que complacer a sus anunciantes. No, se trata del Estado, de la organización política y social que agrupa a los ciudadanos que conformamos la República Dominicana.
Los Artículos 3 y 5 de la constitución indican que, ningún poder público puede permitir, ni propiciar actos de injerencia en los asuntos nacionales, ni actos que dividan al Estado o la nación dominicana.
Quienes desde el ministerio de cultura actúan en base a sus criterios particulares o al servicio de los caprichos de agencias de otros países, deben saber que no tienen derecho a actuar, contrarios al sentimiento nacional, que es de abrumador rechazo a esa afrenta que nos hace aparecer ante el mundo, como masoquistas que aplauden, defienden y justifican a su verdugo y difamador.
Las acciones del señor Vargas Llosa contra el Estado Dominicano son políticas y no literarias, así como la acción de premiar sus méritos literarios en nombre de nuestro Estado es política, porque todos los actos de un Estado lo son políticos, y es el Ministerio de Cultura la instancia destinada a promover la política cultural de nuestro gobierno y Estado.
Nuestro himno patrio expresa en una de sus estrofas que: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil” y lo cierto es que premiarlo, es un acto de servilismo inaceptable, dada la conducta calumniosa del recipiendario con el país.
JPM


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