Recientemente el distinguido escritor José Miguel Soto Jiménez puso en circulación su nueva creación literaria ¨Los muchachos de la democracia¨, estableciendo, al mismo tiempo, que la referida obra es un homenaje al doctor José Francisco Peña Gómez.
Según las crónicas y el discurso del autor, en esencia el libro relata ¨la historia de un movimiento surgido a inicios de la década de 1990 dentro de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, compuesto mayoritariamente por oficiales jóvenes que se organizaron para defender la institucionalidad democrática ante el temor de un nuevo fraude electoral en los comicios de 1994¨.
Antes de iniciar nuestras precisiones, nos vemos en la obligación de aclarar que tanto en 1990 como en 1994 no hubo fraude en las elecciones generales celebradas en esas fechas. En 1990, el dilecto amigo Víctor Grimaldi expresó al país que ¨en los cómputos del PLD había ganado el doctor Balaguer¨. El famoso informe Carter, publicado 21 años después, terminó solo estableciendo ¨irregularidades que afectaban a todos los partidos por igual¨.
Las elecciones de 1994 fueron las más supervisadas de toda nuestra historia. La AID envió con suficiente tiempo de antelación 18 asesores ¨para asistencia técnica¨. El día de las elecciones, apenas iniciadas las mismas, el PRD comenzó su cuestionamiento. Ante las denuncias del PRD, la Junta Central Electoral, elegida con un presidente independiente y con figuras prominentes vinculadas al PRD, PLD y PRSC, formó una Comisión compuesta por la principal figura de los ¨supervisores y observadores¨ de la AID, por el vicerrector de la PUCAMAIMA, el rector de INTEC, el consultor jurídico y el director de elecciones de la Junta, para investigar las denuncias.
Esta comisión comprobó que no hubo anomalías en el Centro de Cómputos de la Junta; que la lista de votantes que se distribuyó en las mesas fue la misma que la entregada a los partidos, previa verificación con la copia del Registro Nacional de Electores que la Junta guardaba en la bóveda del Banco Central, y no detectó intención dolosa en los errores y anomalías que pudieron encontrarse. Lo demás es historia o fabulación, muy propia del realismo mágico del trópico.

Hecha esas aclaraciones de rigor, procedemos con nuestras precisiones:
Primera: Ciertamente, ese grupo de oficiales jóvenes nace justo después de 1990, auspiciado por la cúpula del PRD y la más alta jerarquía de ese partido, que acababa de lograr una victoria estratégica con la derrota de Juan Bosch y la salida del escenario de Jacobo Majluta, pues el camino para que el doctor Peña Gómez fuera su candidato en 1994 estaba despejado. Esa tibieza exhibida por los perredeístas en su apoyo a Juan Bosch en 1990, le sería devuelta posteriormente por el PLD.
Segunda: Estos oficiales, con intereses muy disímiles entre sí, llegado el momento, no necesariamente se comportarían siguiendo el objetivo señalado por el autor, especialmente cuando las cosas no salieron como aspiraba su coordinador.
Tercera: Aunque a partir de 1986 el doctor Balaguer gobernaba con una generación de oficiales diferentes a sus tres períodos anteriores, había una más joven que tenía sus ambiciones y se veía sin muchas posibilidades de ascender. Esa lucha también era conocida y, tal vez, servía más de aspiración integradora en el grupo que una riesgosa hipótesis por probar.
Cuarta: Esa labor de reclutamiento del oficial superior Soto Jiménez y los fines de la misma no le era ajena al poder Ejecutivo ni a las Fuerzas Armadas. La fortaleza de vínculos sacramentales y de amistad familiar permitieron estas incursiones en política de un militar, tan criticadas en el pasado.
Quinta: Cuando las circunstancias lo requirieron se realizaron cambios percibidos como rutinarios, y de hecho lo eran, que le hicieron más difícil la labor de reclutamiento a los integrantes de este grupo.

Sexta: el Título XI de la Constitución de la República, vigente en ese entonces, en su artículo 93 establecía: ¨La Fuerzas Armadas son esencialmente obedientes y apolíticas, y no tienen, en ningún caso, facultad para deliberar¨. ¿Ese grupo de oficiales no estaban tomando partido político? ¿No estaban deliberando? Con esas acciones violatorias a la Constitución y a las disposiciones y códigos de los cuerpos castrenses que ellos juraron defender, ese grupo violentaba la esencia misma de la democracia que decían proteger. Ante esa descripción, calificar de conspirativas las reuniones no estaría errado. Este es, tal vez, el punto más delicado de toda la historia.
Séptima: ¿Cómo se pueden calificar de defensores de la democracia a personas que cifraban el objetivo de sus encuentros no en defensa del sistema sino en una acción claramente sediciosa?
Octava: Este grupo le daba a un hombre brillante, pero extremadamente emotivo, cierta seguridad con su apoyo. Tal vez ese halo que suele envolver y cegar a los aspirantes al poder, que los lleva a verse ya investido del mismo, le haya hecho más daño que bien. Si el lector junta esa ¨seguridad militar¨ y la une al ¨colchón electoral de 200,000 votos¨ que debía proporcionarle uno de sus mayores errores de esa campaña podría entender las razones que lo llevarían a cometer yerros muy costosos, como aquel de ¨si me tocan un pelo voy a hacer que la República arda por todos los costados¨. Nueva vez, su carácter le traicionaba.
Octavo: Los grandes líderes tienen muchos seguidores y muchos adversarios. Despiertan pasiones de plena adhesión o de total rechazo. Su frecuente jactancia del apoyo de los liberales de Washington, que no tienen amigos sino intereses, terminaron lesionando, ante sus propios simpatizantes, su candidatura.
Finalmente, desde la firme postura nacionalista del presidente Balaguer en 1990, cuando querían sellar la frontera por el embargo decretado y el doctor Balaguer dijo que dejaría pasar alimentos y combustibles por razones de interés nacional, así como su invariable posición con los campamentos de refugiados sugeridos en tierra dominicana, la suerte de este presidente que no se dejaba manipular por el poder hemisférico y los organismos internacionales estaba decidida.
Esa poderosa razón y no otras fueron la causa del despropósito de 1994. Joaquín Balaguer prefirió sacrificar su causa personal en aras de la estabilidad y el progreso de la nación, forjada por sus propias ejecutorias.
Creemos que estas precisiones aclaran las múltiples razones que alejan esas reuniones del sentido reivindicativo que se le quiere otorgar.
Terminamos aclarando que nos uniríamos a cualquier homenaje que se le realice a Don Juan Bosch y al doctor José Francisco Peña Gómez por las virtudes que los adornaban como seres humanos y líderes políticos, así como por los aportes que hicieron cada uno desde su perspectiva a nuestro sistema democrático. Para eso no se necesitan historias ni fábulas. Su grandeza basta.
Jpm-am

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Excelente y brilliante articulo y sus palaveas.
Tan supremamente bien redactado como apegado a la más diáfana verdad!
Excelente !!!!!!!!!!!!!!
Un grupo de muchacho$$$$$$$$$$$ por la democracia en bu$$$$$$$queda.
Que despues se tiraron 4 año$$$$$$ como ministro$$$ de las FFAA. cuando la ley organica dice que son 2.
Charlatanes!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Juaco, mejor no toque esa teeeeeclaaaa, tu tio nunca ganó unas elecciones, ese criminal dictador se perpetuó mediante fraudes, la corrupción y la represión a quienes lo criticaban o en el marco de los derechos humanos tenía derecho a realizar actividades proselitisas. Oyeee no cite palabras de Victor Grimaldy, ese sujeto se le vendió al tirano y luego para intentar limpiar su sucia imagen ha pretendido justificar los fraudes del esbirrro trujilli
Excelente artículo.
Muy buenas y validas puntualizaciones.