Por FELIX REYES
Hace más de un año dejé de usar las redes sociales como espacio de interacción con amigos, conocidos y contactos virtuales, en el que dialogaba sobre diversos temas, especialmente de política dominicana y norteamericana. En la película “El Dilema Social”, que se exhibe actualmente en Netflix, encuentro algunas de las razones que influyeron en haber tomado esa decisión.
En el caso de la política dominicana reciente, gracias a mi alejamiento de las redes sociales, me conforta evitar el estado de desazón espiritual que es efecto de participar, ya sea como actor o expectador, en guerras propagandísticas, donde no se da discusión racional, predominando, en cambio, la difusión de falsas noticias, medias verdades y teorías conspirativas orientadas a reforzar la cohesión tribal y la pasión en la grey de fieles.
En el caso de la política norteamericana, con sus especificidades, se manifiestan situaciones similares.
Todo aquel que dio seguimiento a las elecciones norteamericanas del 2016 recuerda la difusión de falsas noticias y teorías conspirativas destinadas a personas de bajo nivel educativo y escasos recursos intelectuales, que tenían como objetivo demonizar a la candidata del Partido Demócrata y motivar el voto por el candidato republicano.
Un ejemplo de la manipulación política a esas almas simples estuvo constituida por lo que se dio a conocer como el “Pizzagate”, que es el punto de partida del movimiento de derecha cada día más influyente conocido como QAnon.
También, se recordará que, con el objetivo de influir en la parte del electorado norteamericano perteneciente a la etnia dominicana, activistas virtuales del Partido Republicano y algunos comunicadores con influencia en esta comunidad difundieron falsas noticias y teorías conspirativas vinculando a la entonces candidata demócrata con los absurdos planes de fusión del país con Haiti.
De igual modo, fueron notables esfuerzos dirigidos a desmotivar el voto por la candidata demócrata entre feministas, ecologistas, afroamericanos, hispanos, jóvenes, defensores de los migrantes, entre otros.
Estos esfuerzos fueron exitosos en la medida en que el propósito no era que votaran por Trump, sino que se abstuvieran o lo hicieran por un tercer candidato. Niveles de abstención más elevados que en anteriores elecciones entre segmentos juveniles, afroamericanos e hispanos y el aumento en la cantidad de votos obtenidos por terceros partidos, entre ellos el Partido Verde, indican que esa estrategia fue exitosa.
Casi cuatro años después, las feministas que se negaron a votar por Hillary Clinton deben sentirse satisfechas de haber contribuido a la existencia de una Suprema Corte de Justicia predominantemente de derecha, que pone en peligro Roe vs Wade.
Casi cuatro años después, los ecologistas que votaron por el Partido Verde, o sencillamente se abstuvieron, seguramente deben sentirse contentos de que, bajo el gobierno de Trump, Estados Unidos haya abandonado su compromiso de tomar medidas contra el cambio climático, abandonando el Acuerdo de Paris.
Casi cuatro años después, los afroamericanos e hispanos que promovieron la abstención, en lugar de movilizarse electoralmente para evitar el triunfo de Trump, deben sentirse satisfechos de la proliferación de grupos de supremacistas blancos y de los frecuentes acciones de violencia y acoso contra ambos grupos étnicos.
En un infame “punchline”, un controversial rapero hispano pregunta a sus “haters” si es que son tontos o estupidos. Parecería que se trata de una falsa disyunción si se toma en cuenta que ambas palabras tienen similares connotaciones. No lo es, sin embargo, en tanto la intención es implicar ambos atributos en los referidos “haters”.
Hoy, que peligrosamente pueden observarse actitudes similares a las manifestadas en el 2016 en una parte del electorado afroamericano e hispano, así como en movimientos ecologistas, feministas y juveniles, no puedo evitar preguntarme si es que los portadores de esas actitudes son políticamente tontos o estupidos.
Ojalá me equivoque y ante la amenaza que para la democracia de este país representa un nuevo gobierno de Trump, esos sectores se despabilen y la energía que mostraron en los diversos movimientos que encabezaron (Me too, Sunrise, Black Lives Matter, entre otros) lo expresen en las urnas el próximo 5 de noviembre para evitar un mayor deterioro de las instituciones democráticas de este país. Amén.
JPM


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