Para Marcio Veloz Maggiolo: Con la copa del cabernet de siempre

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El AUTOR es escritor y comunicador. Reside en Santo Domingo.

La noticia entró como un misil a mi celular mientras me encontraba seleccionando unos vinos en un conocido supermercado de la capital, me rompió el esternón, me destrozó el alma y me robo las palabras: Marcio Veloz Maggiolo ha muerto hace pocos minutos. Aunque todo el país tenía conocimiento de la situación que estaba atravesando el maestro, hacía dos o tres semanas, entubado, muerto en vida, en la unidad de cuidados intensivos de Cedimat, me sorprendí y así la expresión de mis ojos cambió de repente.  -Maldito Covid- me dije con rabia y tristeza, y quedé allí donde ya no estaba sino ido, casi diluido, como en otro mundo. Cuando me llegó el turno en la caja, la agradable muchacha me miró al pasarme la tarjeta y la factura a firmar: – Perdone, señor, le pasa algo? Le hice saber la infausta nueva y me miró fijamente unos momentos. – Creo que lo conocía –  dijo y susurró un En paz descanse con ternura infinita.

El maestro Veloz Maggiolo, el más completo escritor dominicano de todos los tiempos, el que más disciplina de las humanidades trabajó con resultados brillantes, por lo demás nuestro novelista por excelencia, antropólogo, poeta, cuentista, arqueólogo, diplomático, investigador de primera, nos deja una extensa lista de obras de diversos géneros, que el país deberá mantener viva en la comunidad nacional.

Son muchos muy antiguos los lazos que me unen al gran maestro y a su familia. Su esposa Norma, fallecida hace pocos años, indudablemente la mejor locutora dominicana de todos los tiempos, era hija del doctor Pedro Julio Santana (Pimpín), carnet de locutor 01, propietario de Radio Reloj (Emisoras Unidas) a quien a mis diecisiete años y con el carnet de locutor número 1273, flaco, vistiendo sandalias hindúes, pantalón de poliéster y camisa blanca de nailon con rayas azules -moda de entonces- llegué muerto de miedo una tarde al edificio de la arzobispo Meriño 30, segundo piso, a iniciarme como locutor de radio.

Pocas semanas después yo salía del colegio al mediodía y me iba a la Radio ¡Ahora!, de la avenida san Martín, a realizar, junto al periodista Miguel A. Hernández, el primer y único programa de farándula que había entonces en la radio nacional, oportunidad debida a la vacante dejada por el también entonces joven locutor Manuel Mota Castillo, cuya amistad me prestigia hace décadas, quien actualmente es un destacado y prestigioso médico psiquiatra que ejerce en Orlando, Florida, Estados Unidos, después de crearse, por la conducta de su ejercicio, un gran prestigio social y profesional.

Pues el siempre correcto y generoso doctor Pedro Julio Santana supo entonces que yo aspiraba a ser escritor y me contó de Marcio y Norma, hija del radiodifusor entonces residían en España. Semanas después me pidió unos manuscritos de lo que yo escribía y le entregué unas páginas muy nervioso.  Supe días después que se las envió a Marcio, quien las devolvió con unos generosos comentarios que me estimularon mucho. En uno de los viajes de Marcio y Norma para pasar Navidades aquí fui invitado por el ya conocido escritor. Quería conocerme y los nervios me mataban.

Llegó el día y el encuentro se dio en el bar América de la ciudad colonial.  Pero nunca pude pensar que con aquel educado y barbudo escritor, entonces fumando tabaco habanero, estaba naciendo una gran amistad, ni que el bar América, tasca española de buena mesa y mejor copa, frente al antiguo psiquiátrico padre Billini, sería desde entonces un lugar muy importante para mí al cual, todavía estoy sentimentalmente unido de variadas maneras. De ese primer encuentro conservo un pequeño libro que me llevó de regalo con el encargo de que lo leyera, Cacao, cuentos del brasileño Jorge Amado, autor, entre otras muchas novelas notables, de Doña Flor y sus dos maridos, Tereza (sic) Batista Cansada de guerra y Gabriela, clavo y canela.

Fue Marcio quien en el año 1992 presentó mi libro Si puedes tú con Dios hablar, a casa llena en el Instituto Cultural Domínico-Hispánico, mesa presidida por el profesor ex presidente de la república Juan Bosch. Durante largo tiempo, Marcio me recibió en su cada domingo, con fiambres vinos y quesos para escuchar y hablar boleros, género musical que tanto le gustaba y sobre el cual escribió muchas veces. Fue él quien me llamó una mañana y pidió que me despertaran para decirme que el libro que me había presentado resultó merecedor del premio nacional de poesía de ese año.

Desde entonces, intensa en mí la bohemia de la incandescente solteria, me levantaba todas las mañanas debido a que Marcio Veloz Maggiolo, su esposa Norma Santana y quien escribe transmitíamos  de lunes a viernes, por las entonces poderosas ondas de Radio Clarín (La emisora con alma nacional) Como en familia, un programa muy variado que nos permitió contar con una audiencia cautiva.

Cuando llegaba a la emisora Marcio había trabajado sus libros desde primeras horas dela mañana. -Poeta- me decía a veces- antes de venir escribí 23, 28, 30 páginas y yo le creía su verdad porque era un hombre tan laborioso como generoso, sano, casi ingenuo como el que más, a quien nunca escuché hablar mal de alguien. Su madre Mercedes Maggiolo (pequeña, aparentemente frágil pero asombrosamente ágil e inteligente, nunca perdió el amor por la música. Murió casi con cien años y, en esos domingos a los que me he referido, bailaban habaneros, danzones y cualquier otro ritmo. Los presentes disfrutábamos conmovidos por la ternura madre-hijo.

Así, fui en parte testigo de algunos de sus procesos creativos Villa Francisca y sus fantasmas, obra de madurez sobre el barrio donde nació y creció, Ritos de cabaret, novela breve ejemplar, Materia Prima, Biografía Difusa de Sombra Castañeda, De abril en adelante, La fértil agonía del amor, El hombre del acordeón, Florbella y un largo etcétera. Me llamaba para que le hiciera saber mis sensaciones sobre tal o cual libro.

Según él, yo debía escribir novelas desenfadadas, palabra que siempre utilizó, contentivas de la imaginación y todo el mundo, a veces vivido, y el bolero destilado en el piano bar, aquí y allá, de los que aun soy habitué. Recuerdo Sombras –(Cuando tú te hayas ido / me envolverán las sombras)- que tanto le gustaba, Besos de fuego, Orfelina, y los versos de del poeta mexicano Fernando Celada que hemos escuchado convertidos en danzón por Barbarito Diez  (Ausencia quiere decir olvido/ decir tinieblas, decir jamás… / Las aves pueden volver al nido / pero las almas que se han querido / cuando se alejan no vuelven más…

Yo creía que este sería un sábado memorable porque el maestro Rafael Solano celebra los noventa años de su vida fértil, pero se apaga la luz rojiza del poniente y en mi balcón, donde todavía escribo, se desvanece la luz violeta del crepúsculo. Este balcón, mi biblioteca, mi obra ni esta luz apacible jamás el tiempo será lo mismo. A los francotiradores de hoy y a los de mañana que, por favor, entiendan lo que he escrito no como disquisición ni análisis, sino como las divagaciones expresadas por un hombre (que siempre está en su lugar), sumamente entristecido por la muerte de un amigo, casi un padre, además de ser el más completo escritor dominicano de todos los tiempos, quien con su amistad ha honrado mi vida.

Marcio, maestro, hermano mayor, no sé si tenga yo el valor de verte mañana en paz e inmóvil en un ataúd; pero sabes que nunca te irás. Eres un gran inmortal. Dile a Norma que le mando el cálido y fraternal abrazo que siempre nos dimos, a tu suegro Pimpín acuérdale de mi gratitud, A ti, como sabes, no puedo decirte adiós porque nadie se despide de quien nunca se irá. Todo lo contrario. Me sirvo ahora el tinto que tanto compartimos. La verdad, no sé si eres tú o soy quien ha muerto hace pocas horas. Pero el viento y el mar me dicen que también he muerto este sábado 10 de abril.

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Grey Acosta
Grey Acosta
1 mes hace

«Cuando un amigo se va, queda un vacío un espacio vacío
Que no lo puede llenar
La presencia de otro amigo»
¡Qué pena, es una gran pérdida!
No todo el mundo sabe valorar la amistad.

Osiades Medrano Castillo
Osiades Medrano Castillo
1 mes hace

Despues que alguien se muere cualquier pelafustan puede decir lo que quiera. Ahora todo el mundo era amigo y canchanchan de don Marcio, todo el mundo lo trato, claro, como Marcio se murio no lo puede desmentir, yo en lo personal no le creo un apice a ese fabulador que ni siquiera sabia donde vivia Marcio.

Bonao de la Maguana
Bonao de la Maguana
1 mes hace

Wow. Conmovedor!

Maria Belen Chacon
Maria Belen Chacon
1 mes hace

Extraordinaria muestra de amistad – hermandad – dolor expresadas en unas lineas primorosamente escritas. Me uno al dolor del pais en su conjunto y al suyo de manera particular. Ex Corde.

Omar Martinez
Omar Martinez
1 mes hace

Solo un ser humano con un alto grado y reconocimiento de la amistad, puede escribir de esta manera. Mi respeto y admiracion para usted.