Debo decir que necesito muy poco para vivir. Nunca he hecho vida nocturna ni he ido casinos, no fumo, no bebo ni tengo hijos chiquitos. Vivo de mi sueldo de la UASD y no tengo que pagar casa. No he sido funcionario en ningún gobierno y descarto que vaya a morir por ese motivo. Conmigo no hay problema.
El problema está en los compromisos morales con mucha gente. Sobre todo con personas que estuvieron a mi lado en la pasada campaña electoral apoyando al licenciado Luis Abinader, hoy presidente de la República, a través del Movimiento de Peñagomistas Auténticos, el cual me honro en presidir.
Visité a múltiples instituciones públicas con la finalidad de colocar a algunos de los compañeros que estuvieron con el suscrito en el movimiento, pero ningún funcionario me recibió. Hablé de mi trayectoria a la asistente de un ministro y no dejó que termine mis palabras. “Esta institución no es política”, me increpó la dama.
Para mí nada busqué. Empleo tengo en la UASD desde mayo de 1980
Admito que un gran inconveniente consiste en desconocer a la mayoría de los funcionarios, empresarios muy jóvenes y sin carrera política(son apolíticos). Y parece que ellos tampoco me conocen a mí, lo que revela que no leen periódicos. Y si no leen siquiera periódicos es de dudar de las tres y cuatro maestrías que se atribuyen haber cursados en universidades estadounidenses.
La experiencia ha sido dolorosa. El jueves retornó a Estados Unidos una hija nuestra que vino para la campaña electoral a ayudarme en el movimiento de apoyo a Luis Abinader y al PRM. Ganamos las elecciones, pero a seis meses de gobierno no pude hacer nada por ella, a pesar de ser una dama de alta calificación académica.
Ante la situación descrita exhorto a los compañeros, amigos y antiguos alumnos, que me escriben por el whatsapp, para fines de ayuda de trabajo, a que acudan a las instancias correspondientes, a los funcionarios en capacidad de resolverles. No tengo empleos para compañeros.
El literal a), numeral 2), del Art. 128 de la Constitución de la República es muy claro en torno a lo referente a las atribuciones del presidente de la República, por lo que el amigo y compañero Luis Abinader tiene el derecho de rodearse del equipo de hombres y mujeres que estime más conveniente por lo menos a su persona. Que gobierne con la gente con la que se sienta cómodo.
De manera que, la decepcionante experiencia del suscrito, en procura de empleos para compañeros, no me lleva a formular sugerencias al jefe de Estado, mucho menos a profetizar consecuencias políticas. Me limito a narrar la situación de forma pública, mientras otros tantos optan por hacerlo privadamente.
JPM

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