La bella y potencialmente rica, Venezuela, donde actualmente, según la tabla médica salarial, un médico se ganaría mensualmente, entre 130 y 420 bolívares, es decir, entre 30 y 97 dólares, según el cargo y experiencia del personal y un profesor gana el equivalente de 50 dólares en el mismo período, con la mayor reserva petrolera del mundo, agoniza en medio de la miseria, con su industria energética casi totalmente paralizada por la incapacidad del régimen socialista que desgobierna a esa otrora próspera república en medio de grandes escándalos de corrupción, una implacable represión política, el tráfico de drogas ejecutado por el cartel oficial, y la colaboración activa y confesa con el terrorismo internacional en complicidad con los terroristas iraníes.
El fin de Venezuela como productiva potencia energética ya es un hecho: de 90 mil millones que llegó a ganar por año hace más de una década, por concepto de sus explotaciones petroleras, dichos ingresos se han reducido a la pírrica suma de alrededor de 24 mil millones para finales de 2022, que a los precios actuales de $92.25 el barril, sería más o menos el monto en dólares que recibiría por la venta de 706,000 barriles diarios que ahora produce, una gigantesca diferencia de 66 mil millones de dólares.
La escasez de gasolina en la cuna del petróleo por la falta de inversión en la industria petrolera, es tal, que las protestas por su inexistencia es el pan de cada día, donde las filas interminables para obtener un poco de gasolina racionalizada son un espectáculo deplorable.
El país depende actualmente del trasiego ilegal de combustible de parte de barcos iraníes que desafiando la prohibición por las sanciones de Estados Unidos suplen de manera precaria las necesidades del combustible.
Desde el comienzo del fatídico régimen comunista, el declive y deterioro de la situación política, económica e institucional, han sido notorios, registrándose desde entonces, niveles récords de inflación y de desabastecimiento generalizado, devaluaciones constantes de la moneda, escasez de dólares en el mercado cambiario, por su acaparamiento por parte del gobierno para poder cumplir con el pago de las importaciones que garantizan su accionar clientelista.
Y es que los regímenes chavistas descuidaron totalmente la industria petrolera, desfalcando y destruyendo a PEDEVESA, su principal fuente de divisas, a la que tenían como caja chica para alimentar su angurria desenfrenada de riqueza mal habida, a través de estructuras mafiosas organizadas desde la cúpula del poder comandado por un mesiánico y mega corrupto dictador comunista.
Solo hay que ver que el producto interno bruto de Venezuela en 1998, antes de llegar Hugo Chávez al poder, era de 110.000 millones de dólares, y el ingreso per cápita de 5500 dólares; y ahora, a 22 años de la tragedia chavista, esas cifras bajaron dramáticamente: a 60,000 millones de dólares el Producto Interno Bruto y a 2000 dólares el ingreso per cápita, o sea, una diferencia a la baja de 52,000 millones y de 3500 dólares respectivamente.
Esos números del párrafo anterior reflejan y confirman el desastre de los regímenes que han presidido el mesiánico populista de izquierda y su heredero tras su controversial y manipulada muerte por cáncer, el impresentable Nicolás Maduro.
Ambos dictadores llevaron a la otrora próspera nación, a la ruina económica, la desestabilización política e institucional, y a trillar un camino incierto que la ha llevado a tocar lo más profundo del precipicio.
Por último, hay que resaltar que la deuda heredada por Chávez al tomar el mando fue de unos 35 mil millones de dólares, la que ahora es de 112 mil millones, lo que indica que tomaron prestados 77 mil millones de dólares, a pesar de haber recibido por la exportación y venta del petróleo, la friolera de 991,798 millones de dólares, léase, casi un trillón de dólares que dilapidaron alegremente, financiando la desestabilización de otros países y robando a manos llenas.
Definitivamente, el chavismo puede ser considerado como la peor pesadilla vivida por Venezuela en toda su historia…, pesadilla también sufrida por Nicaragua, Ecuador y Bolivia, con las dictaduras criminales de Daniel Ortega, Rafael Correa y el narco traficante, Evo Morales; trilogía lacaya del chavismo y del castrismo, las que fueron beneficiada en su sostenimiento, por los petrodólares desfalcados al secuestrado Estado venezolano.
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