FLORIDA.- La alcaldesa Matty Taylor y el comisionado Luis Santiago reconocieron al director del Instituto Postal Dominicano (INPOSDOM), Modesto Guzmán durante un acto celebrado en el City Hall/
Tras agradecer la distinción, Guzman entregó una placa de reconocimiento a Santiago, por ser el primer dominicano electo a un puesto público en el Estado de la Florida.
Guzmán explicó detalladamente los avances que ha experimentado el INPOSDOM en los últimos tiempos y la transformación que ha logrado al dinamizar y modernizar esa institución.
El funcionario estaba acompañado de Félix Paulino, director administrativo financiero de INPOSDOM, y Célida Quiñones y Karla Quiñones, directora ejecutiva y directora de la juventud del Grupo de Acción Reformista (GAAR), respectivamente.
Luego del acto protocolar, los funcionarios intercambiaron impresiones de sus labores y sobre las relaciones entre Estados Unidos y República Dominicana, entre otros temas además de carácter político, social y económico.
jt/am
P. RICO: Reconocen como "Madre del Año" periodista dominicana
RIO PIEDRAS, Puerto Rico. La Fundación Inmigrantes Unidos reconoció como «Madre del Año» a la periodista dominicana Dominga Valdez.
Valdez recibió un trofeo de manos de Génova Navarro, directora de la entidad, en un acto realizado en el local del Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores, ubicado en la Ponce de León, número 1018.
Valdez agradeció la distinción y expresó que el reconocimiento le toca las fibras del corazón.
«No es fácil ser madre, pero debemos realizar nuestro trabajo, porque fuimos los que elegimos ser padres de nuestros hijos, que serán nuestros hasta el final de la existencia, debemos amarlos como son, no importa lo que elijan ser», dijo.
Además de Valdez, también fueron homenajeadas otras madres de la comunidad, miembros de organizaciones sin fines de lucro.
En el acto, conducido por la vice cónsul Mirtha de Moya, no faltaron las lágrimas y palabras de elogios a las galardonadas.
jt/am
Los grandes olvidados, los trabajadores dominicanos
1.Pensar el mundo con categorías inútiles
Hace treinta años, el mundo se debatía en un enfrentamiento ideológico y militar entre dos concepciones de la sociedad. La que representaba el bloque socialista de la Unión Soviética (URSS) y los países satélites de la Europa de Este; a esa plataforma se agregaba China y los países de la antigua Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) y la porción opuesta la encabezada EE. UU ylas potencias de Europa Occidental, cuya influencia era predominante en América latina y en la mayoríade países subdesarrollados del mundo.
En gran medida, este período conocido como la Guerra Fría (1947-1989), marcado por conflictos bélicos atroces en los países de la periferia, como lo fueron las guerras de América Central (Nicaragua, El Salvador, Guatemala) y las guerras en África, Asia y el Oriente Medio eran guerras de expansión ideológica. En muchas partes del mundo, los hombres fueron a la guerra para hallar la redención, para construir los sueños y fundar la gloria,ydescubrieron, en muchos casos,funestas pesadillas.
La mayoría de nuestros políticos y dirigentes sociales formaron sus concepciones del mundo en esas refriegas. Pero ese mundo se desplomó en 1989 con la caída del muro de Berlín,el hundimiento de la Unión Soviética y la desaparición del bloque socialista, y la transformación deChina en el más dinámico centro del capitalismo mundial.
El mundo que quedó atrás todavía se mantiene vivo en muchas cabezas. Hay gente que observa las realidades presentes con las categorías inútiles, obsoletas, de un pasado sepultado por los hechos, de un mundo que dejó de existir.
¿Cuál es el rostro del presente?
El lindero en el cual podíamos construir la prosperidad de los trabajadores, de los profesionales y de todos los dominicanos es la nación. Sólo dentro de ese espacio de soberanía, dentro de ese territorio independiente podemos salvar a los dominicanos de la desnacionalización del empleo, de la fragmentación de la sociedad, del abandono de los trabajadores Sin soberanía la nación queda convertida en un noble sentimiento; se vuelve inmaterial. Sin soberanía se impondría el intervencionismo internacional, los traidores, la sumisión del pueblo, la injusticia contra nuestros ciudadanos,y la voluntad del concierto de fuerzas que quieren resolver los problemas de Haití a expensas de la República Dominicana.
En todo ese tejemaneje los trabajadores dominicanos han sido los grandes olvidados. Olvidados por los políticos, y por todos aquellos que se habían proclamado como sus redentores, sindicalistas, intelectuales, todos han permitido la suplantación del trabajador dominicano y, en grandes proporciones, su exclusión de todos los mecanismos de supervivencia. Se olvidaron del compromiso de dignificar a los hombres y mujeres que son el centro de gravedad de la nación. Sobre ese mundo de esperanzas cayó un manto de nieblas.
El porvenir de los trabajadores dominicanos ha sido echado a los perros. Excluidos de los empleos de la construcción. Desterrados de las grandes inversiones del campo. Expulsados de los trabajos informales y, ay, excluidos de los empleos que se crean con las grandes inversiones del Gobierno: infraestructuras, escuelas, carreteras etc. La solución al colapso y el naufragio de la sociedad haitiana se construye sobre la tragedia y la destrucción de la República Dominicana.
Hasta ahora los economistas y los sociólogos se han limitado a darnos explicaciones sobre la naturaleza de la inmigración haitiana. Que sean falsas o verdaderas, poco importa. De lo que se trata es de salvar a los dominicanos de las funestas consecuencias de la desnacionalización del trabajo. Guárdense su dialéctica. No puede concebirse el porvenir del país, prescindiendo de los trabajadores dominicanos.
2.La trágica fragmentación de la sociedad dominicana
La primera víctima del desplazamiento de poblaciones desde Haití a República Dominicana son los trabajadores. Se hapasado brutalmente de la ocupación a la suplantación. Como en la fábula atribuida a Bertolt Brecht, primero vinieron por el campesino, y como los políticos se habían olvidado del campo, se apoderaron de todos los empleos de la agricultura. Luego vinieron por los trabajadores de la construcción; pero como los líderes no eran albañiles ni carpinteros, sino burócratas, se apropiaron de todos los empleos creados por las grandes obras públicas y privadas. Luego vinieron por los trabajadores de los servicios (guardianes, empleados del turismo, conserjes de los edificios) y ocurrió lo que ya había ocurrido otras veces.Entonces las ONG se propusieron dar el gran zarpaz suplantar a todos los buhoneros: vendedores ambulantes, vendedores de frutas, trabajadores por cuenta propia. Se introdujeron, posteriormente, en las universidades dominicanas en proporciones no aceptadas por ningún país, y a la chita callando comenzaron a suplantar a los médicos, a las enfermeras.
Nuestro país se haya amenazado por el ejército de desempleados más grande del continente (70% de la población haitiana),con el salario más bajo (89 dólares mensuales: los salarios primarios en nuestro país oscilan entre 149 dólares y 249 dólares). Obligados a competir con esta masa humana,dispuesta a destruir el valor del salario y a convertir el crecimiento económico que ha tenido nuestro país en agua de borrajas. ¿Cuáles razones humanitarias justifican la invasión desordenada de todos esos desempleados para devorar la poquísima prosperidad que hemos construido penosamente en los últimos cincuenta años? ¿Qué puede justificar que un país, con un desempleo endémico tenga que abrir sus fronteras, que no pueda aplicar sus leyes de migración y, además, se le acuse de los peores crímenes, cuando intenta preservarle el porvenir a su población? ¿Qué tipo de defensores de los derechos humanos son éstos que condenan a los trabajadores dominicanos— sin empleo, sin medios para ganarse la vida– a la delincuencia, a la prostitución, al juego, al narcotráfico y a la emigración ilegal?
A ellos no los mueven los derechos humanos, sino el proyecto de deshacer a la República Dominicana y llevar a cabo un experimento geopolítico en la isla de Santo Domingo. Poner a su clase empresarial al servicio de un proletario extranjero. Olvidarse del patriotismo que nos obliga a tomar la decisión de preservarles el bienestar a nuestros trabajadores
¿Qué harán todos miles de dominicanos que no tienen acceso a los empleos de la agricultura, que no tienen posibilidad de trabajar en los empleos creados por las grandes obras públicas: el Metro, las grandes avenidas, las ampliaciones, las presas, los trabajos de ODEBRECHT, que no tienen derecho a trabajar como buhoneros, ni siquiera tienen el derecho a ser pobres de solemnidad y mendigar en las esquinas?
Todos aquellos para los cuales el trabajo ha desaparecido, que han sido sustituidos por haitianos, ¿qué harán? ¿Se irán de pesca con sus hijos? ¿Tomarán vacaciones permanentemente en las playas de Juan Dolio hasta que los políticos se acuerden que deben reorganizar la vida de otro modo? ¿Qué hará toda esta gente, a las cuales las políticas sociales no les llegan? ¿Jugarán una quiniela o un billete de lotería? ¿Se prostituirán? ¿Engrosarán las bandas de delincuentes o se irán en una yola a Puerto Rico, si es que los tiburones, los bravísimos tiburones y tintoreras del canal de la Mona, se los permiten?
Sobre esa realidad nadie habla. ¿Qué dirá el Santo Padre a quien le han calentado las orejas con relatos escalofriantes contra nosotros? ¡Ay, si Santo Padre supiera cómo un hecho externo nos ha destruido la vida! Con mentiras grandes como catedrales nos han arrebatado el control del territorio, de los hospitales, de las escuelas, de los empleos y nos quieren arrancar el porvenir, y como si todo lo anterior fuera poca cosa, emplean el dinero de sus patrocinadores para llevar a cabo campañas injuriosas y echarle a las fieras la reputación de nuestro país.
El ultra liberalismo sólo calcula los intereses de la patronal de tener bajos salarios, permitiendo de que las montañas de trabajadores haitianos, destruya el valor del esfuerzo. El Gobierno ha quedado atrapado por la servidumbre a estos grupos de intereses, a las presiones de las ONG y a los grupos internacionales que conciben a la República Dominicana como una masa de borregos y vasallos.
¿Dónde está el Gobierno que hemos elegido para que nos defienda?
La prioridad del Gobierno no es ocuparse de una población extranjera, sino detener el sufrimiento de los trabajadores dominicanos, privados del bienestar que produce la economía del país, privado de los yacimientos de empleos. Por encima de toda esta barbarie, por encima de la desesperanza que han creado arrodillando al país, a nosotros nos toca defender a nuestros compatriotas de esta invasión desproporcionada.
Los trabajadores dominicanos no son una cifra, ni una estadística, ni un cuadro ni un esquema de power point. Son seres humanos que sufren y padecen. La economía no puede estar condicionada por los sueldos miserables que se pagan en Haití. Necesitamos que se imponga, como mandan las leyes, un patriotismo económico que una al trabajador dominicano con los yacimientos de empleos que el país produce. La economía dominicana debe estar al servicio de los dominicanos, y no al servicio de las ganancias excesivas, el egoísmo, el individualismo y las ocurrencias del ultra liberalismo.
¡Trabajadores dominicanos! ante una clase política que se ha arrodillado ante el intervencionismo extranjero y ha cedido ante el chantaje de los haitianos, tenéis mucho que perder. En una gran proporción, habéis perdido los mecanismos de supervivencia. El trabajo que dignifica y redime de la miseria. El trabajo que nos devuelve la autoestima, la esperanza y el deseo de hacer grande y permanente esta patria.
Sin organización, perderéis los hospitales, invadidos por las grandes marejadas de enfermos del país más insalubre del continente.
Perderéis las escuelas; penetradas hasta el tuétano por las consecuencias del colapso haitiano. Perderéis vuestros grandes ríos y vuestros bosques, víctimas de las necesidades de un vecino que consume más 6 millones de metros cúbico de madera por año. Perderéis la prosperidad y, lo más grave de todo, si no se detienen a los traidores y a los sepultureros de la nación, si no enfrentáis a vuestros enemigos, si no tomáis el control de vuestro destino, para conducir a un país que ha perdido el rumbo de la prosperidad, que se ha olvidado de sus hijos, perderéis la patria.
Al pueblo dominicano que en estos momentos sólo ustedes encarnan le toca rechazar todas esas tutelas ideológicas y políticas. Le toca defenderse de la disolución y de la montaña de acontecimientos trágicos traídos por esta vecindad devastadora.
Le toca recoger la bandera, que han encontrado tirada por el suelo. La bandera que nos dejó Juan Pablo Duarte que representa la Independencia de todas las tragedias que nos circundan.
Nosotros no podemos, por más dialéctica que empleen para ocultar la verdad, traspasarle nuestra nacionalidad a extranjeros que no tienen vocación de convertirse en verdaderos dominicanos. Que le pegan fuego a nuestra bandera; que desprecian nuestro himno nacional; que no comparten nuestro modo de vida, nuestras tradiciones, nuestra cultura ni nuestro destino ni respetan nuestras leyes, que llevan campañas contra nuestra soberanía, y que son la plataforma de una colonización que terminará sepultando nuestro porvenir como nación independiente.Si no actuamos, perderemos el centro de gravedad de nuestras vidas.
¡Vamos de compra!
La medicina preventiva no se vende, ni los propios pacientes la compran, la atrofia del paladar se los impide, prefieren el ritual de la pastilla, el fastidio de la consulta médica, que sustraerse al comestible venenoso. Si previniéramos las enfermedades, que sería del negocio de la salud, fracasaría, los hospitales se convertirían en salas de curanderos. La enfermedad es necesaria, mientras más enfermos, más desarrollo económico. La psiquiatría ortomolecular no se vende, dado que a través de grandes dosis de vitaminas en vena, eliminamos las imágenes inexistentes de la conducta impropia del desequilibrio químico cerebral que afecta al esquizofrénico. La clonación se ha convertido en el grito de la moda, la ingeniería genética nos ha propuesto la bizarra idea de la inmortalidad, la leche de vaca humana. Ya veremos mutaciones de nuestra especie, dolencias del ganado vacuno compartidas. El presente se ha colmado de escalofriantes augurios, los vegetarianos han perdido la batalla de la salud con la ingesta de la soya y el miso transgénico. Acaso se nos ocurra clonar a un humano que trabaje un mes sin moverse de una silla, colocándole una tuerca a un tornillo. Los campesinos que no hayan vendido sus tierras serán los próximos longevos con raciocinio, aquellos que tomen del suelo los alimentos en su estado más primitivo y que conviertan a los animales de corral en parte de su dieta. La industria de los comestibles ha ganado la batalla de la extinción de la especie. No todo está perdido, hemos creado a un humano mas resistente a nuestras condiciones ambientales, nos hemos compensado. Si sometiéramos a un aborigen de la selva amazónica a nuestro apocalipsis ambiental, perecería. La ficción de nuestro genio ha llegado a tal grado de experimentación que pudiéramos crear a un clon que su cabeza fuera de humano, las alas de un águila y el cuerpo de un ratón. Valdría millones, competiría con las propias vacas que se clonan, las más caras del negocio. Vamos de compra, el mercado cibernético se ha burlado del surrealismo y de la mente más afiebrada de sus defensores. ¡De prisa, se acaba la mercancía, se descontrolan los precios, se enloquece la demanda!
Brasil y RD: cambio de modelo económico?
Adquiere cada día más consenso, en el Gobierno y en la oposición de Brasil, la necesidad de un cambio del modelo económico actual. No así en República Dominicana. Una serie de datos concretos están poniendo de manifiesto que poner todo el acento en el consumo interno, mientras crece el gasto público, ya no hace crecer ningún país y mucho menos Dominicana. Mire esto. El adjetivo más barajado por analistas económicos y políticos en relación a la situación que está viviendo el gigante sur americano es el de “agotado”. El sistema que hasta ahora era considerado “victorioso” y que fue esencial para hacer frente desde 2008, a la crisis de EUA, transmitido al mundo entero, ¿deberá ser cambiado? Si. La primera piedra y la primera alarma la acaba de lanzar una autoridad indiscutible como la del presidente del Banco Central de Brasil, Alexandre Tombini, que el jueves pasado subió los intereses hasta un 8%. Tombini ha sentenciado que a partir de ahora “el punto de apoyo del crecimiento en Brasil será la inversión y no el consumo”. Tombini ha querido subrayar, frente a los rumores que corrían de un pulso entre el banco central y el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, que su visión económica está “apoyada por el Gobierno”. No podría ser de otro modo, ya que desde hace tres años Brasil crece tan poco en relación a sus posibilidades, que al PIB se le llama el “pibinho”, con un 0.9 en 2012 y un 0.6 en el primer trimestre de este 2013, cuando se esperaba por lo menos el doble. En América Latina, según el Índice agregado de competitividad de Instituto of Management Development IMD, países como Brasil, Chile, Argentina y Venezuela “han decepcionado en relación a los países asiáticos en desarrollo”. El énfasis en el consumo interno fue importante durante los gobiernos del ex presidente Lula da Silva, ya que los millones de pobres que llegaron a la clase media con su sed de consumo, apoyada por el aumento del sueldo base y la apertura del crédito, mantuvieron firme la economía frente a los desafíos de las crisis internacionales. Hoy, el 62% de las familias están endeudas en un 46% de su renta y como afirman los analistas “ya han comprado todo lo que soñaban”. RD debe mirarse en ese espejo, consumismo sin ahorro es fatal.Como ha afirmado el economista de la Gradual Investimentos, André Perfeito, “sin las familias consumiendo como antes, lo que hoy interesa es el crecimiento de las inversiones en Brasil. Ahora, con la inflación por encima de la meta del Gobierno, superando el 5% oficial, pero en realidad muy superior, y con la restricción del crédito, aquella masa de consumidores ha concentrado su consumo en la alimentación. Por eso, hoy Dilma Rousseff anuncio plan de crédito para cosecha 2014 al 5% a préstamos agrícolas, nunca antes dado. Todo ello ha llevado a un retroceso fiscal de un 40% en el primer trimestre de este año pasado. La preocupación por colocar el foco más en las inversiones, que en el consumo, ha llevado a Dilma, a lanzar un plan billonario de inversiones en infraestructuras. Lo que ocurre es que, a pesar de ser considerada una gran gestora y ser economista por formación, se ha topado con dos obstáculos que mantiene prácticamente paralizados la mayoría de sus proyectos. El Dinero y tiempo. Con un mundial de futbol en sus puertas, espera recibir millones y dar un GOL!!!!! a sus planes. Por eso, un cambio del modelo económico actual es necesario en el mundo, lo dijo Leonel Fernández el genio de FUNGLODE y Joe Biden Vice de USA lo reiterará, en su viaje a Brasil, Colombia y RD. Nuestro cas República Dominicana, Honduras, Nicaragua y Guatemala tienen más de la mitad de su población quejándose de que alguna vez se han quedado sin dinero para comprar comida. Los precios en los artículos de primera necesidad en las últimas semanas han aumentado hasta un 20% y la inflación no ha llegado a la meta prevista por el Central. Esas son las desigualdades que el consumismo trae, que nos vuelve intolerables a los reportes de que, todo está bien. Las diferencias de desigualdades empiezan a agrandarse con la prosperidad que le llega a unos y no a otros, tanto al comparar países como al comparar grupos al interior de un país. En Centroamérica hay un promedio de un 50% que se ha quedado sin dinero para comprar comida, mientras en Suramérica y México éste promedio alcanza al 35%. A estos datos se le agrega el que uno de cada cuatro ciudadanos de la región aseguran que alguna vez no han tenido suficiente comida para alimentarse y medicinas. En República Dominicana esta realidad es para uno de cada tres y endeudados hasta el tuétano, estamos todos. Entonces, Play ball, dominicanos con Danilo al bate, queremos un cambio.
Sergio Vargas: el apodo de un diputado es “ladrón”
En el encuentro entre el merenguero y ex diputado Sergio Vargas con los jóvenes peledeístas en la Casa Nacional de ese partido nadie se aburrió. Hizo chistes (dijo que el apodo de un diputado es ladrón), dio pela de lengua, ofreció consejos a los jóvenes y recomendó la lectura de libros. Cantó a “capela” y acompañado de un guitarrista al que llamaba “El Pollo”. Todo era Pollo esto y Pollo aquello… “Pollo, tú sí lloraste, cuando la mujer te botó”, decía. Acusó al diputado Orlando Espinosa de usurpador, es decir, que está supuestamente ocupando la curul que corresponde a Sergio Pascual Vargas Parra (El Congreso pone los nombres reales a los sillones de los legisladores). Concluyó el conversatorio a las ocho de la noche explicando por qué no se puede irrespetar a Leonel Fernández y por qué debe ser el candidato presidencial. Denunció que si el profesor Bosch tuviese vivo muchos dirigentes con nombres sonoros no entraran al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Llegó a las siete de la noche con el coordinador de la juventud del PLD, Franklin Rodríguez. Al realizar un recorrido por las instalaciones del local del PLD, estaba nostálgico, a punto de llorar. Explicó que el motivo de su tristeza es que hacía más de 25 años había estado en ese mismo lugar, pero “como estaba en olla”, junto a un grupo de “compañeritos” de Villa Altagracia, tuvo que caminar a pie desde el kilómetro 9 de la autopista Duarte hasta la sede del partido en la avenida Independencia. “Pero me fui al bollo con la pobreza y le gané: Pasé de la nada a la fama y de la pobreza a la riqueza”, agregó. Sostiene que su difunto abuelo, “Barrabás”, decía que la meta de todo el mundo es ganarle la batalla a la pobreza. Indica que cuando un marido no deja el sustento del hogar pierde la moral, sus hijos no lo respetan y la esposa no se acuesta con él. Sin embargo, advierte sobre la riqueza mal habida y remachó que “la riqueza sin dignidad es involucionar: La credibilidad es más importante que todo el dinero del mundo”. Rememora que Juan Bosch, fundador del PLD, educó a su generación con el lema de “¡Servir al partido para servir al pueblo!”; y la competencia era el que leyera más libros y fuese más honesto. “El primer libro que leí fue Ernesto Cardenal en Cuba y el último que estoy leyendo es Caín de José Saramago. La competencia era echarse vaina con los conocimientos. Ahora la competencia (en el PLD) es el que tenga más dinero y los carros más lujosos”, apuntó. Recuerda que antes los peledeístas andaban detrás de la cabeza de sus opositores, los perredeístas y reformistas, pero ahora se ha desatado una competencia tan desleal que “los propios compañeros se arrancan la cabeza entre ellos”. CHULO Y LADRON Vargas relata que de su estadía en el Congreso tiene la amarga experiencia del descrédito de los congresistas. “El mote del artista es chulo y el mote del diputado es ladrón: Tengo la doble condición de chulo-ladrón. Me encerraba en mi casa muy apenado, pero Dios es el abogado de los inocentes”, expresó. Expuso que la dirección del PLD lo buscó para que fuera candidato a diputado por su trabajo social de más de 30 años. “No buscaron mi primo el desdentado, me buscaron a mí por mi prestigio de artista y trabajo comunitario”, añade. Planteó que la relación más hipócrita se da entre los legisladores con los activistas y votantes. “¿Qué moral tiene un ciudadano para reclamar a un funcionario la solución de un problema si vendió su voto? ¿Qué sociedad se moderniza si la gente para votar en las elecciones hay que darle romo y cuarto?”. Le pidieron un mensaje por el Día de las Madres y proclamó lo siguiente: “A las mujeres que le pidan a Dios que no les mande un hombre ni arrancado ni abusador. Y si les manda un hombre abusador, que tenga un yate y una villa en La Romana”. Para señalar que el presidente Danilo Medina está haciendo una buena gestión de gobierno, Vargas expresó: “Los sureños tienen fama de hambrientos, pero Medina anda dando todos los fines de semana”. Cuando los jóvenes le inquirieron sobre por qué no se reeligió como legislador, denunció que presuntamente ganó la diputación, pero le hicieron fraude. Anunció que está escribiendo sus memorias y que revelará como se orquestó el fraude. “La gente de Villa votó por mí, me hicieron fraude y el PLD no me defendió. Hay un usurpador que se llama Orlando Espinosa. Lo denunciaré y que me demanden, como las demandas están de moda. Me hizo fraude Frank Matos, que era director del CEA, que les pagaba 20,000 y 50,000 a los activistas míos”, dijo el popular artista nativo de Villa Altagracia. Al preguntársele sobre el precandidato presidencial peledeísta que apoya, dijo que respeta a todos los aspirantes, pero que si se conspira contra el ex presidente Fernández al PLD le cantarán la canción suya “¡Ni tú ni yo!…”. Al final del diálogo con los jóvenes, cuando se iba del lugar, repitió que el que irrespete al líder y atente en contra de que sea el candidato presidencial para el 2016 le entonarán el merengue de su autoría “¡Le va a doler!…”. valenzuelarobert78@gmail.com
Quique tiene razón
Los partidos políticos son Instituciones sociales estructurados por cuerpos y mentes humanos en base a leyes, normas, principios códigos y disciplina interior, como ocurre en una empresa importante, en organizaciones militares, en núcleos religioso y en el alma y corazón de la sociedad, la familia.
Como es tarea inexpugnable de Dios salvar las almas, asimismo la disciplina es tarea indispensable para que no se pierda el cuerpo y la mente estructurales de los partidos políticos. La disciplina interna es, por tanto, orden y fragancia que alimentan el fortalecimiento, el respeto y la admiración del pueblo hacia las organizaciones partidarias aquí y en cualquier parte del mundo.
Jamás este predicamento se asocia a la dictadura intrapartidaria, al despotismo, o al descuartizamiento de ideas y acciones disidentes y contestatarias, sino al esquema de respeto institucional, de decencia y sensatez de espíritu que debe imperar en el seno de las organizaciones políticas. El orden y la disciplina por tanto, son consustanciales a su efectivo desenvolvimiento presente y desarrollo futuro.
Por lo tanto, considero que el galloloquismo, la rebeldía perenne y la indisciplina conductual son taras feudales, de macheteros de la discordia y el caos.
A mi entender las acciones fructíferas que puedan articular las organizaciones políticas democráticas, marchan íntimamente vinculadas al orden y al respeto a la línea de mando.
Lamentablemente, ese desatino caníbal ha hecho vida robusta en dos de las principales fuerzas políticas del país, el PRD y el PRSC, constituyéndose, a veces, en hachas podantes de sus buenas ramas frutales. Y si esos diablillos que operan organizados y por su propia cuenta a lo interno y externo del partido Revolucionario Dominicano y del Reformista Social Cristiano, aún no han logrado derribar el tronco que los cobija a todos, buenos y malos, decentes e indeseables, se debe al sólido origen de la fundación de dichos partidos y a su portentosa vinculación a las raíces, existencia y anhelos de este pueblo.
Algunos de ellos asumen la indisciplina orgánica como pan del infierno para pretender frenar éxitos ajenos ante su imposibilidad de hacerse creíbles, aceptados y aplaudidos por las masas mayoritarias de sus respectivas instituciones políticas. Otros actúan abrazados al machete y a la fusta del rencor y el egoísmo patológicos.
Unos y otros son purgas del desaliento que la sociedad y esos 2 partidos políticos deben ubicar en un rincón con escasas iluminación y movimiento, o en el limbo existencial. Ellos no pueden imponer las reglas de juego, no pueden triunfar.
En la vida organizada y desarrollista, el éxito se asocia al orden, a la disciplina y al consenso.
Solo me basta decir, que tienen razón de sobras los presidentes de ambos partidos al reclamar disciplina y respeto dentro del PRD y PRSC.
Mi amigo Quique Antun hizo referencia al tema de la indisciplina dentro del reformismo hace unos días, durante una actividad en Santiago, procurando desterrar sinsabores, viejas diferencias y rebeldías sin causa, enseñando y trazando una novedosa línea de acción partidaria para el crecimiento interno y mejor posicionamiento del PRSC. Sin ello habría muy poca cosa que presentar al gusto popular, y huelga decir que Quique está en el camino correcto, él tiene razón.
El “vicio” del poder y la tentación totalitaria
Gabriel García Márquez, en una de las novelas menos felices que parió su incomparable ingenio, puso en boca de uno de sus personajes -siguiendo la verdad histórica, pues éste tuvo existencia comprobada en la vida real- la más tremenda de las observaciones críticas que se le han hecho a Simón Bolívar entre nosotros desde el punto de vista de los “pecados originales” de los Estados latinoamericanos: la de que tenía el “vicio” de mandar. (Se dice aquí “entre nosotros” porque, como se sabe, desde Europa se lanzaron denuestos de todo tipo contra el gran caraqueño en el sentido señalado, y hasta don Carlos Marx en su momento fue bastante ácido con él: lo presentó como un aventurero y un oportunista, acusándolo de haber traicionado a don Francisco de Miranda, pactar cobardemente con los adversarios, aprovecharse como un vividor de la ayuda extranjera, abandonar varias veces a sus soldados en batalla, autorizar el saqueo de múltiples ciudades, seducir y violar incontables mujeres, y únicamente haber luchado para satisfacer su ego y reclamar glorias y placeres mundanos). Esa observación crítica, formulada por uno de los íntimos del Libertador casi al desgaire en una conversación doméstica, ciertamente involucró, a la par que una invectiva sin acritud ante la singular personalidad de éste, una grave aunque involuntaria imputación contra su personería histórica: lo colocó, en términos de estilo de dirección, al mismo nivel de los contemporáneos criollos con los que hubo de enfrentarse y, peor aún, como virtual precursor de los caudillos -liberales, conservadores o sin ideología- que dominarían la vida política de América Latina tras las victoriosas jornadas independentistas. La recriminación, como ya se indicó, es más urticante y espinosa si se calibra desde el foco de mira de los las cojeras primigenias de los Estados que nacieron al sur del Río Bravo (acaso con la única excepción de Costa Rica): como es harto sabido, ese “vicio” era bastante abundante entre nuestros próceres y libertadores, y aunque no hay punto de comparación debido sobre todo a las realidades materiales y espirituales de cada época, es evidente que el mismo constituye todavía -debido a su aberrante omnipresencia- uno de los signos más ominosos del sistema político del subcontinente. (Se hace la excepción de Costa Rica porque, como también es conocido, fue el lugar de América donde el colonialismo español se comportó de manera más tolerante y, además, porque el suyo fue el único pueblo latinoamericano que cuando decidió ser independiente, entre 1821 y 1823, llamó a un maestro de escuela -uno de verdad, sin referencias en la pólvora o en la manigua- para que ocupara la Primera Magistratura del Estado -el “ciudadano” don Juan Mora Fernández-, hechos que en buena medida determinarían la enraizada tendencia pacifista y civilista de los “ticos”). En favor de Bolívar y sus pares se han esgrimido los argumentos de que el “vicio” de mandar lo heredaron de sus estamentos sociales de origen (en el caso específico del Libertador de su casta mantuana) y de que el verticalismo castrense era el único método efectivo de dirigir las agrestes tropas independentistas, pero nada de ello invalida las aprehensiones de conciencia ni exculpa su terrible legado histórico de reflej el “vicio” de mandar es el “vicio” del poder, es decir, el hábito de ejercer la autoridad -a veces para bien, pero generalmente para mal- desde una perspectiva autoritaria y excluyente que en la inteligencia del líder y sus acólitos tiene una “racionalidad” ridícula: nadie más sabe hacerlo bien y, debido a sus condiciones personales o a los dictados de la providencia, aquel es una figura única, infalible, irrepetible e irreemplazable. Naturalmente, detrás de la grandilocuencia epopéyica en la que normalmente se parapeta ese “vicio” (“Su Alteza Serenísima”, “El Pacificador”, “El Supremo”, “Caudillo de España por la Gracias de Dios”, “Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva”, etcétera) hay una secuela de vasallaje, sumisión e indignidad (que puede tocar a gente bien intencionada, a beneficiarios económicos o políticos, a individuos sin ideas ni personalidad, y a turiferarios y lambiscones de toda laya), unas veces disfrazada de disciplina y otras de autoridad legítima, que siempre comporta miedo al poder, manipulación de las necesidades existenciales, represión de las ideas, apremios corporales, consignas mentirosas, violencia moral y, en los últimos tiempos, control mediático. En nuestra América el “vicio” parece sus raíces institucionales más lejanas en el choque de civilizaciones del siglo XV: el colonialismo, en general, se impuso a fuego, sangre y evangelio, y cuando después de varios siglos de mando político con muy pocas grietas empezaron a escucharse las trompetas de la libertad, su respuesta fue aferrarse casi demencialmente al mism si bien la resistencia a la independencia estuvo regenteada política y militarmente por las metrópolis, en los hechos fue encarnada por grupos privilegiados de inmigrantes europeos y criollos cuneros que estaban acostumbrados a ejercer la autoridad sin dramáticas contestaciones internas. En ocasiones la postura de aferrarse a las posesiones ultramarinas o al poder dentro de éstas desbordaba toda lógica política, resultaba económicamente poco provechosa o no era emocionalmente saludable, pero el añejo “vicio” de mandar se imponía: este fue el caso, por ejemplo, de los pasmosos meandros que tomó la dinámica histórica en la colonia española de Santo Domingo durante el período comprendido entre la denominada “Guerra de Reconquista (1808- 1809) y la Independencia Nacional (1844): sucesivamente fue francesa, española “boba”, “haitiana española”, haitiana y finalmente dominicana. En los casos del colonialismo europeo y el imperialismo haitiano, éstos siempre contaron con “su” comparsa vernácula, integrada principalmente por “corchos” y fantoches del mando político y económico. Sin embargo, como ya se comentó con el caso de Bolívar, la formación de los Estados nacionales en América Latina -en lo que podría considerarse una “vuelta de tuerca” histórica- también estuvo bajo la influencia del “vicio” de mandar, pues los promotores de la independencia fueron, en general, criollos cultos y de buena posición económica, es decir, miembros de los sectores tradicionalmente dominantes o individuos formados a la sombra de éstos (inclusive en Haití, donde el elemento esclavo desempeñó un rol tan decisivo): si bien abundaban los capitanes sin fortuna, no hay un sólo prócer mayor de América que fuera pobre de solemnidad al momento de encabezar la acción libertaria. Naturalmente, se faltaría a la verdad si se afirmara que todos los grandes patricios latinoamericanos tenían el “vicio” de mandar (Juan Pablo Duarte, entre nosotros, o José de San Martín, en Sudamérica, son muestras en contrario, y no so los únicos), pero sí hay un hecho enteramente documentad la mayoría no resistió la tentación (magistrados civiles, grandes humanistas y exquisitos poetas incluidos) de terciarse el rango de “general”, y los que no lo hicieron, con raras excepciones, fueron preteridos por rudos conductores de tropas o déspotas ilustrados que terminaron liquidando las proclamas civilistas originales e imponiendo la autoridad marcial como norma de dirección de la cosa pública. Muy diferente había sido la situación en la parte norte del continente ocupada por inmigrantes anglosajones: la hazaña fundacional de los Estados Unidos que arrancó en 1776 tuvo otras características doctrinarias, políticas y prácticas, pues mientras entre nosotros ocurría lo reseñado en párrafos anteriores, en la lucha por la independencia de las colonias de Norteamérica hubo una clara distinción entre los jefes militares y los líderes civiles, y aunque el primer presidente fue un individuo con experiencia militar (George Washington) la autoridad de éstos últimos siempre ha sido indiscutible y preponderante hasta nuestros días: un soldado activo no puede ejercer el mando del Ejecutivo. Por supuesto, no puede olvidarse que los ejércitos liberadores originales de latinoamérica eran en realidad mesnadas de harapientos y ásperos hombres de campo (peones, criados, esclavos, caporales, libertos, etcétera) que seguían a sus patronos y capataces, y el de las colonias inglesas de Norteamericana estaba integrado fundamentalmente por aldeanos, veteranos castrenses, mercenarios, combatientes de solidaridad y sirvientes pagados. En el caso de los primeros obviamente era muy difícil que un orador civil o un pensador político alcanzara suficiente autoridad, lo que parece ser el origen fáctico del menudeo de rangos militares -una desconcertante cantidad de coroneles y generales que nos dura hasta hoy- que caracterizó la época. La historia de América Latina ha sido pródiga en gobiernos de fuerza y dictaduras civiles o militares: desde México hasta la Tierra del Fuego, incluyendo las islas centrales o adyacentes, el signo ominoso del “vicio” del poder ha estado permanentemente presente, unas veces como abierta o embozada aspiración de continuismo y otras como tiranía de variopinto pelaje y estridente retórica política (ha habido desde autócratas ultramontanos de gestos amanerados hasta gorilas militares “socialistas”), y todavía hoy, en pleno siglo XXI, la tentación totalitaria asoma peligrosamente su cabeza de Medusa por múltiples lugares de la región. La cuestión es que entre los latinoamericanos, a diferencia de lo que acontece en los países del mundo en los que hay regímenes estables de libertades, parece existir una alucinante tendencia hacia la ruptura y el estropici cuando la democracia presenta fallas o deficiencias no tratamos de procurarle soluciones con base en “más democracia” (esto es, tratando de corregir lo que no funciona y desarrollar y perfeccionar la racionalidad y los mecanismos institucionales del sistema) sino que extrañamente tendemos a decantarnos por sustituirla con un régimen “menos débil”, de “mano dura” o sencillamente restrictivo de las prerrogativas ciudadanas y los derechos humanos. (Lo otro, naturalmente, es lo que está en el sustrato de semejante postura: la ausencia de conciencia histórica, la falta de cultura cívica, la ovejuna fidelidad partidista, el pelelismo interesado y el deslumbramiento clientelar de importantes contingentes de las bases de la sociedad, todos para uno y uno para todos, forman la costra de sumisión que necesitan los “viciosos” del poder y los filototalitarios para moldear y hacer realidad sus designios. En la práctica, éstos se aprovechan taimadamente -porque pudieran hacer lo contrario si lo quisieran- de la relación de vasallaje político-económico que se establece a partir de aquellas aberraciones de conducta colectiva y terminan convirtiéndolas en la más consistente armadura del continuismo y la tiranía). Aquel “vicio” de mandar que se le imputaba al Libertador en el siglo XIX (convertido en “ley de costumbre” por muchos civiles y militares renuentes a descender de las alturas del poder) y la siempre en ciernes tentación totalitaria (esa propensión a creerse “insustituible” y a solucionar cualquier carencia social o crisis institucional con el instrumental de la dictadura y desconociendo las libertades y los derechos adquiridos), que han operado habitualmente de manera coligada, pudieran explicar bastante la circularidad del devenir latinoamerican ciclos que parecen repetirse una y otra vez (a veces como caricaturas, pero siempre abarcando ideas, circunstancias y personajes) y problemas e insuficiencias que nunca se superan de manera satisfactoria. La Historia -verdadera nodriza del saber político- ha demostrado insistentemente que la panacea no ha estado nunca ni está ahora en los referidos amaneramientos autoritarios: la solución invariable y permanente siempre será, como se ha insinuado, “más democracia” y, con ésta, más educación, más recursos logísticos priorizados, más cultura de la legalidad y más institucionalidad.
Casos chikungunya ascienden a 52,976
SANTO DOMINGO.- Un total de 52,976 personas se han infectado de fiebre chikungunya en República Dominicana desde que comenzó la epidemia en febrero pasado, informó este lunes el Ministerio de Salud Pública.
Freddy Hidalgo, ministro de Salud Pública, explicó que de esos casos, más de 28,281 corresponden a la provincia de San Cristóbal y aseguró que las medidas de control y prevención son permanentes.
En ese sentido, anunció para el sábado otra jornada de movilización nacional para educar a la población y eliminar los criaderos del mosquito transmisor del virus.
De su lado, la representante en el país de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), doctora Lilian Renou Vernon, informó que la epidemia ya está en 18 países, que registran 103,018 personas infectadas.
jt/am
NIZAO: CDEEE hace vista pública sobre central termoeléctrica
PERAVIA,
República Dominicana.- La Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales
realizó una vista pública sobre la Central Termoeléctrica Punta Catalina que
levantará el Gobierno en Nizao.
Durante
casi cuatro horas, técnicos de la CDEEE respondieron preguntas que sobre el
proyecto y su impacto social, económico y medioambiental formularon residentes en Nizao, Punta Catalina, Baní y demás comunidades de la provincia.
Pablo Rivas, del equipo técnico de la
empresa, presentó un informe sobre las unidades generadoras, la necesidad de su
construcción y beneficios económicos y sociales
que supondrán para la República Dominicana en general y para la
provincia en particular.
Explicó a los asistentes la importancia de la obra, y la necesidad de
su construcción como parte fundamental del Plan Integral diseñado por el
gobierno y la CDEEE para la solución de la crisis eléctrica.
Se refirió a las previsiones
adoptadas para evitar que la central tenga niveles inapropiados de emisiones,
recordando que se trata de unidades generadoras modernas, con tecnología
eficiente y en la que se han adoptado todas las previsiones de lugar. an/an


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