El más ilustre de los dominicanos Juan Pablo Duarte y Díez, dijo una vez de la ciencia política lo siguiente: «La política no es una especulación; es una ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles».
Como podemos apreciar por esa frase, el prócer dominicano valoraba y estimaba mucho el rol que el hombre podía desempeñar cuando ejercía esta actividad con nobleza, entrega, disciplina y rectitud para servir a la patria, a la sociedad y a los más desvalidos.
Pero, desde la época del patricio y todo lo que ella ha significado hasta la fecha, ha sido mucho lo que ha llovido para que esa conducta impoluta, digna, patriótica y desinteresada de ejercer la política como lo hizo Duarte, Los Trinitarios y los demás próceres dominicanos, haya sido imitada.
Hoy en día, lamentablemente y en gran medida, en la República Dominicana ese rol lo asumen buitres disfrazados con saco y corbata, corruptos ansiosos y hambrientos de riqueza fácil y carcamanes sin escrúpulos con un afán de tener influencia sobre la nación, careciendo de entereza moral y sólo para buscan fortunas, aquiescencia social y poder.
Formulo estas apreciaciones, ante el asombro que me produjo recientemente una información aparecida en todos los diarios dominicanos, en donde se daba cuenta de que el Estado Dominicano cumpliendo con lo establecido por la Ley Electoral, se disponía a repartir entre los partidos políticos reconocidos, la impresionante suma de RD$1,610 millones de pesos dominicanos sacados del presupuesto nacional.
El espíritu de la Ley
La razón de esta erogación monumental del Estado Dominicano, se debe al cumplimiento de este con lo que establece la Ley Electoral No. 275-97 en su 5ta. Parte del Título VIII y su Art. 49 que dice: «Se consignará en el Presupuesto General de la Nación y Ley de Gastos Públicos un fondo equivalente al medio por ciento (1/2%) de los ingresos nacionales en los años de elecciones generales y un cuarto por ciento (1/4%) en los años que no haya elecciones».
Si bien es cierto que las leyes hay que cumplirlas, no menos cierto es que cuando las mismas no llenan el espíritu por las cuales fueron creadas o van en detrimento de amplios sectores de la Nación y del propio Estado, existen los mecanismos para que las mismas sean derogadas, modificadas y/o adecuadas a la realidad social, política o económica imperante.
La esencia que dio motivo a esta Ley, era la de evitar que los partidos obtuvieran para sus campañas electorales, recursos ilícitos o provenientes del bajo mundo y, de igual manera, de sectores económicamente poderosos, para evitar con ello el pago de facturas de agradecimiento cuando cualquier agrupación política y sus candidatos llegasen al poder, lo que comprometería ya el futuro mandato de esa entidad partidaria.
Pero eso, como bien conocemos, no ha sido óbice para que lo que se quiso evitar no sucediera y resulta que se recibe dinero tanto de parte del erario como de sectores al margen de la Ley y grupos económicos de influencia. Es la triste realidad.
El esperado gran botín eleccionario
Es por eso que, tanto en el proceso electoral como antes del mismo, podemos ver a estos ácratas de las buenas ideas políticas, líderes varapalos y verdaderos mandrias, ansiosos como parejas de enamorados al acercarse un 14 de febrero o niños emocionados próximo a un 6 de enero, esperar esta entrega voluminosa de recursos del pueblo para sus campañas políticas en detrimentos de muchas necesidades sociales.
Es irritante, altamente indignante y una total desvalorización de la realidad social y económica de toda la nación dominicana, desperdiciar tantos recursos económicos, que tristemente jamás han llevado una supervisión para ver si los mismos se gastaron para los fines a los cuales fueron destinados.
Es la razón por la cual vemos personajes de las lides políticas, aferrarse como garrapatas a ciertos cargos políticos dentro de esas agrupaciones o partidos, conscientes muchos de ellos de que no van a llegar a ninguna parte en la competencia por el poder. En consecuencia, podemos deducir que es la manera en que satisfacen sus necesidades materiales y pasan del bando de los desposeídos al terreno de la abundancia económica mal habida y hábilmente buscada. Esto dentro del contexto político se puede visualizar con el dicho popular que dice: «Se la buscan como el marido de la vaca».
Qué labor hace la Junta Central Electoral y en último caso, el propio Estado Dominicano que expide los recursos, para evitar que ese dinero no sea utilizados para fines ajenos al propósito de la Ley Electoral ? Cómo se determina con certeza la manera en que se han gastado estos dineros de los contribuyentes?
De acuerdo a ciertas investigaciones periodística en torno al caso y observando los ridículos informes que detallan los partidos en la secuencia de los gastos de los fondos asignados, se puede observar irregularidades muy relevantes de que dichos recursos se gastan en frivolidades, como viajes al exterior, compra de automóviles, dietas costosas, hospedajes en hoteles exclusivos, pago de helicópteros y consumo excesivo de gasolina.
Esto sin contar los famosos «entierros» de militantes, reparación de viviendas, «medicinas», flores a difuntos, canastas para el día de las madres, las famosas habichuelas con dulce de la «semana santa» y no pueden quedarse las «canasta navideñas».
Cómo se le puede explicar y justificar a la sociedad dominicana, que entelequias o ventorrillos políticos como lo son el Movimiento Demócrata Alternativo (MODA), le hayan asignado RD$28.604.039.04 millones de pesos y de igual manera, al Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS), la suma de RD$24.294.035.96 ?
Es por este despilfarro económico, insensato y absurdo, que estas agrupaciones minoritarias y que no desempeñan ningún papel dentro del contexto político dominicano y que no tienen ningún ápice de influencia o gravitación en el marco de la sociedad dominicana, cuando se aproximan las elecciones generales, se aferran como pulgas a los partidos mayoritarios para de esa manera, preservar su «reconocimiento» ante la Junta Central Electoral y así seguir pegados a la piñata electoral.
Es obvio la certeza que tuvo el poeta, dramaturgo y novelista suizo, Louis Dumur, el autor de la poesía «El Neva» y de la novela «La Red Lobo», cuando dijo: «La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos».
jpm