OPINION: Lágrimas de identidad: Johnny Ventura
Los pueblos tienen alma, y cuando el dolor de una partida los afecta, lloran. La nación dominicana y el mundo latino, derramaron lágrimas, emotivos manantiales brotados de corazones inmensamente agradecidos, pues a ese grande, a ese personaje universal que se nos fue, millones les deben hermosos momentos de alegría. Él es el sello más genuino de nuestra identidad musical.
¿Dónde reside la grandeza de este artista, además de ser el fenómeno insustituible en un escenario? Fue un gigante por su humildad, que nunca la perdió. Salió del barrio y jamás se olvidó de él. Sus canciones son retazos de su Villa Juana, lírica a las precariedades de la vivencia cotidiana de la gente común, que es la mayoría de su pueblo.
Su compromiso político siempre tomó el rumbo del destino de los más pobres. Por eso, su fallecimiento es el de un familiar cercano, pero de los que duelen profundamente. De esos que solemos llorarlos en cada navidad. Y a propósito, ¿qué difíciles serán sin Johnny, aunque su música se sienta con nosotros en la mesa el día de Nochebuena?
Es evidente que lo extrañaremos, este y todos los años. ¡Wao!, las navidades sin Johnny. Creo que este año, por primera vez, “no llegará Juanita”.
Toda muerte genera un estado de reflexión y de profundo pensamiento interior. ¿Cuándo vendrán por nosotros? Es la pregunta que los filósofos estoicos aconsejan que debemos acostumbrarnos a hacer frecuentemente. Mi reflexión, sin embargo, no se ubica en esta natural interrogante. ¿Por qué los intérpretes del merengue no suenan en las emisoras dominicanas y la música de identidad parece estar consignada a la desaparición total?
Durante tres días estuvimos escuchando los merengues de Johnny, eso es positivo, pero ¿había que esperar su muerte, o pasará lo mismo con otros artistas que gracias a Dios todavía están con nosotros? ¿Cuál es el compromiso del ministerio de Cultura con los valores del arte que representa la identidad del pueblo dominicano? Tengo la sensación de que ese ministerio no ha dejado de ser “un edificio y una nómina”.
Al valorar los recursos que se le asignan en su presupuesto, no hay dudas de que a los gobiernos les da tres pitos la cultura y de que la música popular que da sentido al dominicano, no va más allá del premio Soberano. ¡Qué pena! La muerte sigue al acecho de todos, no esperemos los fallecimientos de los merengueros para poner sus interpretaciones en la radio, porque eso sería el colmo del desdén y la iniquidad.
Si no somos capaces de exigir un cambio de paradigma en el futuro de nuestra música popular, estaremos, en un tiempo no muy lejano, asistiendo al funeral del merengue. Algo que hará llorar lágrimas de identidad a quien alcanzo a ver en el pedestal de la eternidad, allí en su punto de mayor altura está: Johnny Ventura.
JPM

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