OPINIÓN: La maldición del curul NY-13

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Adriano Espaillat

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Si midieras el poder político dominicano en Estados Unidos por la cantidad de aspirantes, seríamos una potencia. Si lo midieras por resultados, somos un barrio con un solo congresista.

Tenemos más de dos millones de dominicanos en EE.UU. Tenemos bodegas, taxistas, médicos, peloteros y empresarios que mueven ciudades enteras. Pero en el Congreso, la matemática duele: de 435 curules, un solo es nuestro. Se llama NY-13 y lo ocupa Adriano Espaillat.

Y ahí está el problema: todos quieren ser Espaillat, pero nadie quiere construir otro Espaillat.

EL DISTRITO COMODO

El NY-13 es Washington Heights. Es hablar español, comer sancocho en campaña y ganar con el voto dominicano. No hay que convencer a nadie más. Por eso cada dos años hay fila de concejales, asambleístas y activistas creyendo que el camino al poder es tumbar al que ya llegó.

EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de Almomento.net. Reside en Nueva York.

Es la política del atajo. ¿Para qué gastar 10 años construyendo base en Lawrence, en Providence o en Reading, si puedo salir en YouTube retando a Espaillat y amanecer en los periódicos de Santo Domingo?

NO HAY MAPA, SOLO TRONO 

La política dominicana exportó lo peor de República Dominicana: el caciquismo. Cada líder cuida su calle y ve como amenaza al que crece al lado. El de Washington Heights no impulsa al de Paterson. El de Boston no financia al de Allentown. No existe una “bancada dominicana”. Existen 20 reyes chiquitos peleando por la misma corona.

A Espaillat le tomó 20 años: asambleísta en 1996, senador estatal en 2010, Congreso en 2016. Picar piedra. Hoy nadie quiere esa ruta. Quieren brincar de regidor a Washington usando la base que otro sudó.

EL COSTO DE COMPETIR AFUERA 

Salir del NY-13 significa competir de verdad: distritos mixtos, campañas en inglés, ganarle a afroamericanos, boricuas y blancos. Cuesta US$3 millones, no US$300 mil. Y el Partido Demócrata no regala curules. Prefiere que nos matemos entre nosotros en una primaria latina antes que arriesgar un escaño “seguro”.

Resultado: nos amontonamos todos en el mismo colmado y dejamos vacía la plaza.

LOS NUMEROS NO MIENTEN

Cubanos: 1.2 millones de personas, 3 congresistas.
Boricuas: 5.8 millones, 4 congresistas + Comisionada Residente.
Dominicanos: 2 millones, 1 congresista.

Celebramos “Dominicans on the Hill” como si fuera poder. No lo es. Es un evento. Poder es que cuando se discute TPS, presupuesto o migración, haya cinco voces dominicanas votando, no una sola rogando aliados.

El poder no se extiende peleando en el mismo cuarto. Se extiende construyendo otra casa.

Mientras sigamos creyendo que la política dominicana en EE.UU. empieza y termina en la avenida Saint Nicholas, Espaillat seguirá siendo el único. Y seguirá siendo retado cada dos años por diez dominicanos que prefieren su silla antes que una nueva.

La diáspora no necesita más aspirantes al NY-13. Necesita ingenieros políticos que diseñen el NY-09, el NJ-08, el MA-07 y el PA-07.

Porque un solo congresista no es poder. Es una anécdota. Y las anécdotas no cambian leyes.

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