
Siempre es triste morir. Pero es más triste morir todavía joven. Y morir lejos del sitio donde uno nació. Por supuesto, todos tenemos que morir. La vida, la salud, así como la alegría, la calma, el regocijo interior, son regalos de Dios. Yo cada día agradezco a Dios por estos regalos. Y nunca se me quita de la mente el pensamiento de que siempre he recibido de Dios más bendiciones que las que he merecido.
Y creo y estoy convencido de que en este asunto de la vida y la muerte no hay matemática posible.
En este momento estoy triste por la muerte de Arturo López. Era un buen muchacho y desempeñó con mucho calor humano su rol de vice cónsul en el Consulado Dominicano, y de miembro activo de la comunidad dominicana en Miami. Arturo era cordial. Sincero.
Con Leonardo Suriel fuimos a verlo hace cosa de algunos meses.
Los médicos estudiaban su caso. Hace dos días Máximo Caminero y yo fuimos al hospital y lo encontramos en cuidados intensivos. Son así los designios de Dios.
Ha muerto joven Arturo López y mucho lo echaremos de menos. Siempre lo recordaremos con una sonrisa.
El Señor lo acoja en su santo seno.
wj/am

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