OPINION: Desilusión acelerada que irrita

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El autor es abogado. Reside en La Vega

En la vida es normal que las personas se cansen de la monotonía producida por situaciones o actuaciones que el cerebro valora como repetitiva, sin nada nuevo que pueda despertar interés, pasión o cualquier otro sentimiento de asombro, intriga o aprendizaje del fenómeno que hubo de atraer la mirada curiosa del sujeto.
Los niveles de hartazgo que pueda experimentar una persona o grupo poblacional varía mucho respecto al grado de instrucción del observador, de su nivel social, económico o político, incluso va a depender, en caso de afectación amorosa,  si el desencanto tiene su origen en la frialdad de la caricia, la falta de comunicación o la carencia de entrega igualitaria en la relación.
En perspectiva, la diferencia en el enfoque de un segmento particular con otro, generador de cansancio individual o colectivo, nunca viene solo, sino que el desgane se acompaña del  arrepentimiento, se traduce generalmente en la búsqueda inmediata de soluciones o correctivos pertinentes o en el peor de los casos en la  ruptura del hilo conductor que mantenía cohesionado a un determinado segmento poblacional.
En el arte de gobernar las consecuencias políticas y sociales de despreciar las desidia de un pueblo son catastróficas inevitables como virulentas, originadas cuando se percibe una dicotomía entre el gobierno y la población. Esa atmósfera, respecto a esta administración, a tan solo 11 meses, se siente un ambiente de pesadumbre y decepción;
Ante ese panorama, es imprescindible que los asesores del gobierno descubran las causas de tal descontento e introducir los correctivos de lugar, porque  no se explica, que una gestión de gobierno;  montada en la cresta de la ola de popularidad inicial y en las expectativas que crea el advenimiento de una nueva gestión, sus niveles de aprobación hayan decrecido tanto.
En estos momentos, esta gestión bien intencionada y bonachona, no ha podido sobrepasar los números con los cuales llegó al solio presidencial, bajando simpatías en el periodo que debería haber crecido, evidenciando un freno de golpe en el impulso inicial, que refleja cierta apatía colectiva, incluso dentro de sus propias huestes peremeista.
Un escenario altamente volátil, porque cuando el pueblo se hastía o considera «viejo” a un gobierno nuevo, la afectación psicológica colectiva se perfila traumática para los gobernados, formando un bucle peligroso que por lo general atraen revueltas sociales con consecuencias impredecibles para todos.

Estas cuestiones deberían de llevar a preocupación a esta gestión y reflexionar sobre  las razones de la desilusión acelerada que mantiene irritados, tanto a sectores claves productivos como al grueso de la población, a tal grado que la sumatoria de desilusiones separadas, están formando el clima perfecto para un punto de quiebre que podría trastocar los avances que hemos conseguido en los últimos tiempos. ¡y eso, hay que evitarlo!

JPM

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Leilani
Leilani
3 meses hace

Usted aburre mucho mas.

Leilani
Leilani
3 meses hace

Bla, bla, bla.