NY, campo batalla entre demócratas y laboratorio del voto por correo

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Adriano Espaillat

Nueva York, uno de los estados tradicionalmente demócratas de Estados Unidos, celebra el próximo martes unas elecciones primarias en las que los candidatos que salgan elegidos tienen garantizado, en la mayoría de los casos, el éxito electoral en los comicios generales y locales del próximo noviembre. La lucha entre la vieja y la nueva guardia del partido, el novedoso voto por correo y la participación serán las claves de esta cita con las urnas.

La congresista federal Alexandria Ocasio-Cortez, la asambleísta estatal Catalina Cruz o la senadora también del estado Jessica Ramos son solo tres políticas de la joven generación progresista que irrumpió en escena en las pasadas elecciones de 2018, desbancando, como en el caso de Ocasio-Cortez, a grandes pesos pesados del aparato del partido a nivel nacional.

Pero además, este año, otros aspirantes como Jamaal Bowman, que se enfrenta al veterano Eliot Engel con el respaldo de Ocasio-Cortez o de la senadora Elizabeth Warren, se han lanzado también a la arena electoral retando a los candidatos tradicionales del partido.

«Lo que estamos viendo es un cambio de liderazgo en la delegación legislativa de la ciudad de Nueva York. Un cambio que se inició en 2016, cuando el dominicano Adriano Espaillat venció al antiguo y muy poderoso congresista Charles Rangel. Siguió dos años más tarde con Alexandria Ocasio-Cortez ganando a Joe Crowley, que en ese momento era uno de los demócratas más poderosos en el Congreso en todo el país, y creo que va a seguir este año», aseguró a Efe el politólogo de la Universidad de Nueva York (CUNY) John Gutiérrez.

LAS PRIMARIAS EN NUEVA YORK, MÁS IMPORTANTES QUE LAS GENERALES

La debilidad de las estructuras del Partido Republicano en Nueva York, el escaso número de votantes conservadores registrados y la abrumadora mayoría de circunscripciones demócratas, que dominan las dos cámaras legislativas convierten al ganador de las primarias en el principal favorito para imponerse en las generales y las locales, especialmente en la ciudad de Nueva York, con la excepción de algunas áreas de Brooklyn, Queens y Long Island.

En todo el estado de Nueva York hay 6,5 millones de votantes registrados como demócratas frente a 2,8 millones registrados como republicanos. Unas diferencia de votantes que es todavía más llamativa en la Gran Manzana, donde hay 3,6 millones de votantes demócratas y solo 530.000 votantes republicanos.

LA LUCHA POR MANTENER EL ESCAÑO

Ocasio-Cortez, Cruz o Ramos, junto a otras candidatas como Julia Salazar o Alexandria Biaggi concurren a las elecciones primarias para intentar apuntalar su cargo en un momento en el que dada su breve trayectoria política -dos años desde las últimas elecciones- su nombre todavía puede ser desconocido para los votantes de su circunscripción.

«Los años más peligrosos para un nuevo representante electo son los primeros años luego de ser elegido, porque la gente no lo conoce, tal vez, como ha conocido a otros políticos (…), son relativamente nuevos y no están tan anclados en el poder», dice Gutiérrez.

La legisladora Catalina Cruz, que se presenta a su primera reelección por el barrio de Queens, es consciente de los riesgos a los que se enfrentan los candidatos noveles, pero asegura que no es su caso, porque, según asegura a Efe, «ha trabajado muy fuertemente» y no se ha quedado «sentada a esperar» que la «reconozcan».

OCASIO-CORTEZ Y LA VANGUARDIA PROGRESISTA

Ocasio-Cortez se ha convertido en uno de los símbolos de la nueva generación demócrata y progresista que busca abrirse un hueco en las filas del partido y cambiar la agenda a nivel nacional, reforzando su insistencia en cuestiones como la atención sanitaria universal y la educación para todos y enarbolando como seña de identidad propia el Nuevo Pacto Verde, que defiende una reconversión ecológica de la economía para poner fin a las emisiones contaminantes.

Sus posturas políticas en Washington, donde se ha asociado con las también progresistas Ilhan Omar de Minesota, Ayanna Pressley de Massachusetts y Rashida Tlaib de Michigan, conocidas como «The Squad» (la brigada), le han valido en ocasiones las críticas dentro de su propio partido, unos reproches que se han sumado a los continuos dardos lanzados desde la bancada republicana, que no duda en tildarla de radical y comunista.

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