Nombres que el tiempo quiere borrar pero la historia lo impide (6)

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El autor es abogado. Reside en Santo Domingo

Tulio Manuel Cestero nació el 10 de julio de 1877 en San Cristóbal.  Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, militar, político y diplomático. Escribió las obras: La sangre, Ciudad romántica y el Hombre y poeta. Hijo de Mariano Antonio Cestero Aybar y Mercedes Leyba y Puello de origen venezolano, pertenecientes ambos a la alta burguesía dominica de Santo Domingo, donde en plena adolescencia principió a tomar conciencia política y a codearse con las vitales figuras de la vida pública del país.

Gracias a la buena posición económica de su familia, tuvo la ocasión de viajar por varios países de Hispanoamérica, donde hizo contacto con profusos escritores e intelectuales que avivaron su interés por la corriente que, a la ocasión, estaba en boca en todas las literaturas escritas en lengua hispana: el Modernismo.

Cultivó de esa manera el ensayo crítico (Notas y escorzos (Santo Domingo, 1898), y la creación poética Del amor (Santo Domingo, 1901), El jardín de los sueños (Santo Domingo, 1904) y Sangre de primavera: poemas en prosa (Madrid, 1908).

En su tierna capacidad de cambiar sin brete de un estilo a otro, siendo aún muy tierno Tulio Cestero resplandeció también como autor teatral, con una segmento titulada Citerea (Madrid, 1907) en la cual exhibía  su agraciado aprovechamiento de los principales rasgos formales y temáticos del Modernismo.

Escribía regularmente en algunos de los importantes medios de comunicación del contorno antillano, como los periódicos El Teléfono, El Listín Diario, La Campaña y El Hogar, así como la revista Letras y Ciencias. Se destacó como escritor mediante el volumen de ensayo Notas y escorzos (Santo Domingo, 1898), obra en la que hacía recepción de una extraordinaria agudeza para la crítica literaria.

Una característica de Tulio Cestero era, que sus escritos literarios los firmaba con el seudónimo “Buckinghan”, publicaciones que dieron  a conocer a sus contemporáneos.

Tulio Manuel Cestero

 Como político participó en las luchas políticas de épocas pasadas y fue un vehemente defensor de la libertad, la justicia y la dominicanidad. Sus cualidades líricas contrastaron con su carácter de hombre de armas cuando las circunstancias así lo requerirían. Ostentó el rango de General de Brigada del ejército nacional. En 1920 formó parte de la Comisión Nacionalista en Washington junto a: Rafael c. Tolentino, Manuel M. Morillo, Francisco Henríquez y Carvajal, Max Henríquez Ureña y Pedro Henríquez Ureña y otros nacionalistas.

Viajó por toda América como representante personal del Presidente Francisco Henríquez y Carvajal, denunciando la situación desesperante en que se encontraba el pueblo dominicano y recabando apoyo para sacar al país  de la ignominia, esfuerzo que era el de la de todos los que como él estaban luchando en contra de la intervención norteamericana  de 1916.

“La Nación”, periódico de Santiago de Chile, en febrero de 1921, publicó sobre Tulio M. Cestero lo siguiente: “Tulio M. Cestero figura literaria de la América Latina, es un alto y vigoroso poeta de inspiración nerviosa y penetrante emotividad, a quien los dolores de la patria han arrancado más de una vez protestas y admoniciones que la américa entera ha escuchado con admiración y simpatía”.

Fue secretario personal del presidente Horacio Vásquez, quien presidió el país en varias ocasiones; así como también colaborador y consejero del presidente Carlos Morales Languasco quien, en 1903, con el apoyo de los Estados Unidos, asumió la jefatura del estado y, entre otras medidas muy impopulares, concedió a sus aliados norteamericanos el derecho de administrar las aduanas dominicanas.

Del 1911 a 1914 publica dos mejores obras (dos novelas) Ciudad Romántica, 1911; y La Sangre, 1914, considerada por literatos y críticos la novela cumbre de la literatura nacional, y su autor como el primer novelista de su generación.

En la Sangre, por ejemplo en lo tocante al gobierno despótico de Ulises Heureaux, alias Lilí, se cuenta que en las elecciones celebradas en 1886 para la presidencia de la República se disputaban el triunfo Lilis y su oponente el binomio Moya-Billini la siguiente anécdota:

“En pequeñas comunes se registraron miles de electores y de una dice, que el comandante de Armas, sentándose a la mesa de la comisión, puso sobre ella su clásico machete de cabo y arengó: “Señores, las elecciones son libres; pero al que no vota por el compai Lilí, le trozó la cabeza”.  Murió en Santiago de Chile, el 27 de octubre de 1955.

jpm-am

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