POR JUANA DIAZ
Cada ocho de marzo es lo mismo. Desde muy temprano en la mañana empiezan a llegar mensajes. Gente que nunca te llama te escribe: ¡felicidades! Para muchos es cuestión de costumbre; se trata de tener algún motivo para celebrar.
Otros están conscientes de que es un día de luto histórico. Una ocasión para reflexionar y tomar decisiones respecto a la situación actual de la mujer. De la sangre derramada por muchas para alcanzar algún sitial digno y decente en el mundo socio-laboral.
Al día siguiente todo vuelve a la normalidad. No hay flores, celebraciones ni escapadas a moteles. Volvemos a madrugar. Antes de trabajar, muchas tienen que dejar sus hijos en la escuela; ya sea porque son madres solteras, o porque no puede hacerlo el padre. La mayoría de nuestras familias no tiene chófer ni empleada doméstica que lo hagan.
Escasean los discursos a favor del ser abnegado y virtuoso que nos da la vida. Ese llamado mujer. Las estadísticas y los informes de desigualdad entre hombres y mujeres son desalojados de nuestra memora inmediata para ser almacenados en algún rincón de la memoria remota. El próximo año llegará otro ocho de marzo.
La realidad se impone. Vuelve a enrostrarnos que hay prisa por ser el mejor en esta vida. El más fuerte sobrevivirá y subyugará al otro. El poder económico y político es limitado y todos lo quieren. Tal vez por eso la mujer puede esperar, dirán muchos.
Sin embargo, conviene recordar a la periodista y escritora francesa Danièlle Sallenave, cuando aludía a la gran herencia dejada a la humanidad por Simone de Beauvoir: “la liberación de las mujeres es una condición `sine qua non´ para la liberación de los hombres”.
Así las cosas, urge invertir en la autoestima de la mujer, en su educación formal liberadora de tabúes y estereotipos, y en la formación complementaria que la doten de habilidades y competencias para desempeñar cargos técnicos o gerenciales, públicos o privados. También acceso a créditos blandos para que emprenda y coloque en el mercado el negocio de sus sueños.
Estemos o no de acuerdo, una mujer libre y productiva devolverá a la sociedad hombres con iguales cualidades.
JPM

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Excelente Juana, cada una de nosotras debería crear su proyecto de liberación desde el rol que desempeña.
Así es, o debería ser, Minerva.