Los periodistas de la tercera edad

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El autor es periodista. Reside en EE.UU

POR FEDERICO PINALES

Los periodistas profesionales que ya están doblando  “la curvita de la Paraguay” tienen una gran disyuntiva o responsabilidad en sus manos, que empieza con reencontrarse y reconciliarse con sus verdaderos hermanos.

La gran mayoría enfermos y prácticamente aislados, porque con sus mejores amigos por nimiedades se han peleado, o por razones éticas de otros se han distanciado, hoy para ellos todo ha cambiado, porque el oficio se ha sobre comercializado, deshumanizado y politizado. Peor aún, se ha desnaturalizado y desacreditado.

Sin embargo, para quienes bien lo han ejercido, sin convertirse en mal paridos, Dios les tiene guardado un buen nido y les permitirá completar sus ciclos  biológico en paz,  aquí en esta tierra llena de cínicos, perversos, hipócritas y simuladores, dentro de los cuales hay muchos comunicadores, indignos de recibir los honores, reservados  para los promotores de la ética y  de los buenos valores.

A esos colegas, a quienes por haber ejercido con apego a la ética y a las buenas  disciplinas, hoy sus recursos no les alcanzan ni para comprar sus medicinas, les invito a  la  reflexión y  someterse a una profunda meditación, sobre la necesidad de la  reconciliación, con quienes en algún momento hubo unidad de acción, defendiendo los principios éticos de la profesión.

La verdadera riqueza no la constituyen las grandes posesiones de bienes materiales y voluminosos  depósitos bancarios, adquiridos y protegidos por sanguinarios sicarios. O protegiendo y solapando a cualquiera de los bandos  que se enriquecieron robando.

Es preferible la riqueza espiritual que se siente, cuando puedes mirar de frente a la gente, que sinceramente te consiente, segura de que nunca fuiste delincuente, ni te rendiste a los pies de ningún presidente, del pasado ni del presente, para mantenerte flotando en el ambiente.

Si ya entrando o dentro del último cuarto del siglo,  te encuentras en esa categoría de profesionales que vivieron y aún viven de la comunicación, vamos a cerrar filas promoviendo los reencuentros de perdón y reconciliación.

Ya yo di los primeros pasos, reencontrándome con viejos amigazos, con quienes me había distanciado por decenas de años, luego de haber cabalgado junto a ellos, dentro del terreno de las luchas sociales y sindicales.

Los abrazos de Juan Manuel García y Juan Taveras Hernández (TH), luego de acercamientos promovidos por amigos comunes, me llegaron al corazón y me produjeron satisfacción, por la renovación del respeto recíproco que antes nos dispensamos antes de distanciarnos, como consecuencia de ciertos “choques de trenes”.

JPM

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