Los peledeístas «peledeístas» ya se marcharon

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EL AUTOR es abogado y político. Reside en Nueva York.

Antes que el líder lo haga, muchos simpatizantes y militantes del PLD ya se han ido. Se fueron aunque no se lo hayan dicho a nadie, aunque muchos no se quieran dar por enterados. Partieron asqueados e indignados ante tantas inmundicias políticas, ante el secuestro del partido de Bosch por parte de una camarilla oportunista, vendepatria y trepadora, que solo piensa en engordar sus bolsillos y mercadear los principios.

Se fueron desde el momento en que vieron cómo se arrebataba un triunfo ganado en buena lid. Se fueron cuando vieron como la corrupción corrompió el voto con compras masivas de cédulas y de  votos para torcer la voluntad popular. Se fueron cuando vieron que el partido de Juan Bosch se había convertido en un mercado de libertinaje. Y los que no se han ido, están empacando maletas para hacerlo, a la espera de la señal del líder.

Lo abandonaron porque no había razones para quedarse, porque no podían estar juntos ni ‘reburujaos’ con el estiércol político que contamina la cúpula del peledeísmo. Porque no se sienten representados por esa dirección que se presta para todo lo malo y todo lo repudiable, ética y moralmente.

El fraude electoral, técnicamente bien concebido, planificado,  articulado y ejecutado, dejó un mal sabor de boca en cientos de miles de peledeístas que vieron frustradas sus esperanzas y su fe, encarnadas en la candidatura morada de un líder comprometido con el engrandecimiento de la patria por la vía del progreso y el desarrollo.

El escenario más horroroso y terrorífico para las huestes del danilismo, sería el gran hueco político que dejaría la partida de Leonel. Esa posibilidad le aterra, le sabe a pesadilla y le quita el sueño, sabedores de que sin Leonel el PLD se convierte en “insípido, inodoro e incoloro”. Máxime, cuando llevarían como candidato a un hombre insulso, sin carisma, sin arrastre de masas, sin méritos políticos que respalden su candidatura presidencial y que no prende ni con gasolina.

La partida forzosa y lamentable del líder natural e indiscutible del PLD, dejaría un gran espacio vacío, ya que ahí no hay nadie que pueda rellenar ese terrible hueco, ese agujero negro. Muchos peledeístas ya no están ahí, ya no se sienten ahí dentro, pues sus corazones emocionalmente se marcharon al no poder establecer ningún tipo de conexión con el que sería el virtual candidato del fraude. La ruptura es emocional, sentimental, psíquica y política.

El peledeísta verdadero, sincero, institucionalista y bochista que, creía en otro país posible basado en el juego de la democracia diáfana, la transparencia y valores, no se siente identificado con las siglas que cobijan a calumniadores y truchimanes. Por eso nadie salió ni saldrá a celebrar, ni se ve la alegría a la que los peledeistas nos tenían acostumbrados en sus actos de victorias.

El lugar de un hombre noble siempre está donde se ubica la dignidad y los principios. Un hombre de la madera de Leonel no cabe junto a la ingratitud, la puñalada trapera, la traición vil y el veneno encubierto. En el PLD hay muchas cosas que huelen a podrido, hay mucha hipocresía, hay muchas heridas que no están llamadas a cerrarse por las profundidades de las mismas.

El poder desenfrenado no le perdonó a Leonel que lo desafiara como lo hizo ni que lo derrotara en el terreno de las fuerzas  del pueblo. De ahí, que henchido de venganza se prestó a toda suerte de malas artes para prevalecer, aun en contra de la voluntad popular. .

Si Leonel se atrevió a participar en esa contienda, en condiciones tan adversas, fue porque creyó que todavía quedaba algo de compañerismo y honestidad en sus adversarios legítimos, porque pensó que eran gente con los cuales se podía disentir y discutir, no como enemigos que deberíamos aplastar.

Atrás quedaron los tiempos en que el partido volvía a recomponerse y unirse detrás del vencedor en las primarias. Hoy el ambiente es  de crispación e indignación ante el sabotaje de lo que se expresó democráticamente en las urnas, pero no reflejado en los resultados finales.

Quizás estemos asistiendo al cambio más profundo del funcionamiento del régimen político dominicano alrededor de una figura cuyo liderazgo gravitacional está llamado a recomponer el escenario electoral del 2020.

El triunfador no es solo aquel que conquiste más votos, sino el que conquiste más corazones, como lo ha hecho el doctor Leonel Fernández, un líder que se ha implantado con solidas raíces en la mente y los sentimientos de millones de dominicanos, que están dispuestos a seguirle, dondequiera que vaya.

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