Los jenízaros y el poder militar otomano

Los Jenízaros (en turco yeniceri, que significa nuevas tropas/soldados), constituían unidades de infantería con alto nivel de entrenamiento, entre sus muchas misiones destacaba la de ser los encargados de la custodia y salvaguarda del sultán otomano, así como de las dependencias de palacio, siendo considerados como la guardia pretoriana del Sultán. El cuerpo fue creado por el Sultán Murad I alrededor de 1330 y fue abolido en 1826 por órdenes del Sultán Mahmud II. El sultán Orhan I, gobernante del naciente Imperio otomano, fundó el organismo militar de los jenízaros aproximadamente de 1330. Estuvo en un principio constituido por combatientes no musulmanes, sobre todo jóvenes cristianos y prisioneros de guerra. Orhan tal vez fue influido por los sultanes mamelucos para la creación de este arquetipo de organismo militar. Los jenízaros se transformaron en el primer ejército otomano indisoluble, suplantando a fuerzas que estaban conformadas máximamente por guerreros tribales, en cuyo acatamiento y moral no siempre e podía confiar. Además, ningún combatiente libre (no esclavizado) consentiría ser un soldado de infantería, considerando el arriesgado destino que le era asignado. Las primeras unidades jenízaras tenían entre sus filas a cautivos de guerra y esclavos. Después de los años 1380, el sultán Selim I incrementó sus filas como resultado de un impuesto en forma humana denominada devshirmeh. Los hombres del sultán reclutarían a varios niños no musulmanes, por lo común niños cristianos_ elegidos en un principio al azar y más tarde mediante una estricta selección_, para ser adiestrados. En siglos posteriores parecen haber tenido predilección principalmente por candidatos griegos y albaneses. Por lo general seleccionaban a niños de entre siete y catorce años, y su número se regía por la necesidad de soldados del momento. Más tarde las autoridades otomanas ampliarían el devshirmeh a Hungría. Podría esperarse que residentes locales no apreciaran la costumbre otomana cuando se procedía al reclutamiento forzoso, aunque numerosas poblaciones veían en ello una fuente de riqueza y un próspero futuro para sus hijos por los beneficios que derivaban de pertenecer a dicho cuerpo militar. Los jenízaros eran adiestrados bajo una disciplina estricta con duros entrenamientos físicos, enseñanzas en el manejo de armas de la época y tácticas militares, así como una impecable educción (aprendían diversos idiomas, literatura, contabilidad, etc.) y en condiciones prácticamente monásticas en las escuelas Acemi Oglani. En dichas escuelas de instrucción se esperaba que permanecieran célibes y fueron al menos alentados a convertirse al Islam, lo que la mayoría así hizo. En la práctica, los jenízaros pertenecieron al sultán. A diferencia de los musulmanes libres, les estuvo expresamente prohibido dejarse crecer la barba, permitiendo tan solo un bigote. Se les inculcó desde un primer momento que consideraran al cuerpo de jenízaros como su casa y familia, y al sultán como su padre real, de facto. Solo aquellos que demostraron ser lo suficientemente fuertes durante el periodo de instrucción alcanzaron el rango de un jenízaro verdadero, normalmente a la edad de veinticuatro a veinticinco años. El regimiento heredaba las propiedades de los jenízaros fallecidos. Los jenízaros también aprendieron a seguir los dictados del santo derviche Haci Bektasi Veli, que había bendecido las primeras tropas. De este modo, la orden sufí Bektasi y sus derviches se convirtieron en una especie de capellanes para la guardia jenízara. En este aspecto, así como sus similitudes en su vida aislada, los jenízaros se asemejan a las órdenes monásticas cristianas de guerreros monjes, como la de los Caballeros de San Juan o la Orden del Temple. El número de integrantes de las tropas jenízaras varió según la época desde 100 a más de 200.000. La guardia jenízara estaba organizada en orta /equivalente en turco a regimiento). Suleiman Kanuni poseía 165 ortas, pero el número con el tiempo aumentó a 196. El sultán era el comandante supremo de los jenízaros, si bien el cuerpo era organizado y comandado por el aga (comandante). La guardia jenízara se dividía en tres categorías: Cemaat (tropas fronterizas), con 101 ortas. Beyliks o beulks (la guardia personal del sultán), con 61 ortas. Sekban o seirmen, con 34 ortas. Además existían 34 ortas integradas por los acemi (aprendices). En un principio, los jenízaros podían ascender de rango tan solo dentro de su propia orta y solo por criterios de antigüedad y jerarquía. Abandonaban la unidad tan solo para asumir el mando de otra. Esta guardia era tan fuerte y poderosa que al sultán selim I (1512-1529) se le fue mostrada cuando el descontento de muchos de estos jenízaros causo muchos disturbios y el incendio de la ciudad de Constantinopla, Maquiavelo los nombra en su libro “Il príncipe” y los adula como una excelente guardia con mucho poder, tanto que ni una rebelión de todo el imperio otomano los podía detener. Los éxitos militares del imperio otomano desde fines del siglo XV habían aumentado el prestigio de los jenízaros entre la élite otomana, pero paulatinamente habían dado a este cuerpo militar mayor poder politico e influencia ante el sultán. Tras los triunfos bélicos del siglo XVI, los jenízaros habían acumulado gran cantidad de riqueza y botín, relajando su disciplina militar y permitiéndose su entrada en actividades ajenas a la milicia. La importancia militar de los jenízaros les dio a su vez una creciente influencia política, la cual utilizaron a partir de fines del siglo XVI para exigir concesiones y privilegios al sultán y su familia, así como la guarnición militar de Estambul, sultanes, aristócratas y visires trataban de atraerse el favor de los jenízaros mediante sobornos e intrigas, lo cual afectó la disciplina y eficiencia de todo el cuerpo. Estimulados por este poder, los jefes jenízaros lograron que en 1648 el sistema de devsirme fuese abolido, para que solo los jenízaros ya reclutados pudieran transmitir sus empleos y privilegios a sus hijos, lo cual dañó mas todavía el real poder militar de todo el cuerpo. Tras décadas de ineficiencia en combate y abusos de influencia política, mezclados con indisciplina y ambición, los jenízaros se habían convertido en un problema para el gobierno del sultán, pero su poder militar los hacía aún temibles para la aristocracia otomana, en tanto los jenízaros podían promover revueltas palaciegas para deponer o nombrar sultanes, a imitación de la corrupción ocurrida en la guardia pretoriana de Roma. Finalmente, en 1826, los jenízaros fueron disueltos y abandonados violentamente por el sultán Mahmud II en el llamado Incidente Afortunado, que suprimió por la fuerza a esta tropa. Por último, El árbol de los jenízaros de Jasón Goodwin, es la novela histórica y detectivesca, ambientada en el Imperio Turco de 1830, en la cual se cometen luna serie de asesinatos, vinculados directamente con estos, luego de su desintegración del ejército. También, la Sublime puerta de Jesús Sánchez Adalid, narra las aventuras de un soldado español, apresado por los turcos. Por último, “El entierro de Lord Byron”, es una historia que Byron nunca pudo terminar, por razones desconocidas. El entierro, lo poco que se puede saber de la misteriosa historia, es que hay un jenízaro turco llamado Solimán que escolta a los extranjeros protagonistas. Guardando las distancias y la época, se han comparado los jenízaros, con los actuales militares salidos de West Point.

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