Es preocupante que algunos historiadores a la hora de analizar las figuras trascendentales en los procesos de los pueblos, lo hagan partiendo de dos ''conceptos'' innecesarios: bueno y malo. Olvidan esos estudiosos, que los actores sociales y políticos, a veces se convierten en marionetas de los procesos sociales y es entonces, cuando aparecen grandes figuras, que como el cura Miguel Hidalgo en México, poseyendo un corazón forjado para hacer el bien social, tiene que levantar el fusil y encabezar una rebelión en busca de la libertad en y consagrarse como padre de la patria. Nadie pudo imaginarse al arzobismo Fernando Arturo de Meriño, ordenar la muerte de un cristiano y sin embargo, tuvo que decretar en su gobierno de 1880, su famoso decreto de San Fernando, donde todo el que se levantó en armas, lo pagó con su vida. Y mucho más reciente, el sacerdote colombiano Camilo Torres, un hombre bondadoso, un enamorado de la juventud, tuvo que unir el fusil con el evangelio para defender sus ideales en contra de la desigualdad. Las grandes revoluciones han catapultado como máximas figuras, a personas aparentemente insignificantes salidas de las entrañas de los pueblos. En el caso del dictador Ulises Heureaux, sus biógrafos se han interesado más en sus anécdotas, situaciones folflóricas, su ingenio de gran conocedor del alma de los dominicanos y han imperdonablemente obviado, que al presidente Ulises Heureaux Hilarión Lebert, le tocó dirigir el país, bajo los influjos del auge del capitalismo mundial y un imperialismo arrollador y bajo ese contexto histórico, es que debe ser analizada su obra de gobierno. Nunca partiendo de si era bueno o malo. La dictadura de Lilis fue la respuesta al desorden institucionalizado. Era predecible que tenían que crearse las condiciones a sangre y fuego para la eclosión de una incipiente burguesía y la infraestructura que necesitaba el país en todos los órdenes. Sostengo la tesis, de que si a Gregorio Luperón le hubiese tocado dirigir el país por mucho tiempo–Y no lo hizo por su falta de vocación de poder–sin lugar a dudas, que hubiese terminado siendo un presidente de manos duras. La lucha a muerte entre los azules liberales y los rojos conservadores se tragaron las ilusiones del ''proyecto'' de nación de Ulises Francisco Espaillat. Duele admitir que el desorden social, económico y político hizo abortar el proyecto liberal de los azules y eso en parte explica la aparición de uno de los ''suyos',' asumiendo el rol de dictador implacable para establecer el orden e ''institucionalizar'' el Estado dominicano.
Lo bueno y lo malo de Lilís
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