Lectura para Báez Brugal, Campos de Moya y para todos los empresarios dominicanos

Entre complacido y escéptico, he recibido el contenido de los discursos pronunciados por lo que pueden ser considerados voceros oficiales de los empresarios dominicanos, señores Franklin Báez Brugal y Campos de Moya. Ambos, para sorpresa de muchos, pronunciaron discursos reveladores de una nueva mentalidad empresarial, durante el almuerzo anual de la Asociación de Industriales de la República Dominicana (AIRD), que se desarrolló en el Hotel Jaragua con la asistencia del presidente de la República, Danilo Medina, con motivo del 53 aniversario de la Asociación.

Campos de Moya, presidente de la AIRD, economista, con estudios en Administración y Derecho, quien se le conoce, como un lector apasionado y un convencido promotor de la inversión en educación, en esta ocasión nos dice: «El empresariado dominicano debe combinar sus intereses con la generación de beneficios sociales, ya que “es a la sociedad a la que debemos nuestra expansión, crecimiento y consolidación”.

“Es momento de que dejemos atrás ese régimen paternalista al cual nos hemos acostumbrado, en el que esperamos que el Gobierno sea quien resuelva todo, y nos convirtamos realmente en copartícipes de la definición y construcción de soluciones donde todos ganemos”. Se debe trabajar en forma unida, dando pasos sólidos para lograr los cambios estructurales que permitan alcanzar mayores niveles de productividad e institucionalidad.

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Por otro lado, en este acto, la voz progresista del El empresario Franklin Báez Brugal en su discurso, titulado: «Experiencias, inquietudes y anhelos», abogó por un modelo de desarrollo que sea incluyente, más allá de las cifras macroeconómicas, y por un sistema político con mayores controles y contrapesos, a fin de erradicar la “plaga” del clientelismo y fortalecer la democracia. En este sentido, sostuvo, que la democracia necesita “pluralidad, controles y contrapesos” para funcionar debidamente.

En este discurso el señor Brugal, criticó en términos duros al clientelismo, práctica que tildó de “plaga” del sistema político y los responsabilizó “del atraso y la pobreza” en que viven amplios segmentos de la población. Báez, también criticó a los políticos, que han pasado de la pobreza a la opulencia en un abrir y cerrar de ojos”, y a los empresarios “que se enriquecen evadiendo impuestos” y a los narcotraficantes “que se pasean en todos los ambientes” con impunidad. También criticó nuestro sistema de justicia.

https://acento.com.do/2015/opinion/editorial/8297160-el-discurso-de-franklin-baez-brugal-en-la-asociacion-de-industrias/

Pues bien…esta buena noticia, de cambio de mentalidad de los empresarios dominicanos, me llegó en un momento en que estaba inmerso en sentimientos de indignación, precisamente contra esa indolente clase. Estos discursos han coincidido con la finalización de la lectura del libro: Esclavos en el Paraíso» escrito por Jesús García, libro en el cual se narran las vivencias del sacerdote español, misionero Christopher Hartley Sartorius, en los bateyes de la parroquia San José de los Llanos, entre los años 1997 y 2006.

En ese estremecedor libro, al igual que en el Over de Ramón Marrero Aristy, se narran todas las infamias de la explotación a que eran sometidos haitianos y dominicanos que cortaban la caña de azúcar en los ingenios del CEA y de los Vicini. En aquellos tiempos se pagaba la tonelada de caña cortada a unos 40 pesos dominicanos. Imagínese usted el esfuerzo sobrehumano que significa cortar dos toneladas de caña por día, en un infierno de sol y hambre, para poder ganar 80 pesos por día, y que después te roben en el peso, pero que además, tampoco te paguen en efectivo, sino en vales, que tienes obligatoriamente que usar como letra de compra en las pulperías de los ingenios, donde también de nuevo te roban en el peso, y te hacen un descuento del 20%, porque la operación no se hace en efectivo.

En ese libro, salen a relucir todas las vicisitudes e infamias de que eran victimas esos cortadores de caña, cuyo trabajo esclavo, hacia más rico a gente ya inmensamente rica y poderosa. Los barracones donde los hacinaban eran habitad infames, hechos de materiales viejos, piso de tierra, sin agua ni luz y hasta sin letrinas y muchas veces las desvencijadas camas, no tenían ni colchones. Está demás decir, que allí no había dispensarios médicos ni escuelas para los niños, y que incluso, estos ayudaban a sus padres en el trabajo esclavo que comenzaba al salir el sol y terminaba con la puesta.

Tampoco allí había servicios médicos, ni seguridad social, muchos menos un sistema que permitiese un contrato de trabajo, ni la registración de los nacidos, ni la observancia del mas minino de los derechos humanos. Allí cualquier guarda campestre podía golpear y hasta matar a cualquiera de estos hombres, sin que ello acarreara consecuencias penales.

La desnutrición por hambre, la sífilis, el sida, la tuberculosis, los parásitos intestinales, llagas de toda clase en la piel y decenas de afecciones más, así como toda clase de abusos e injusticias, era lo habitual y natural en aquellos bateyes. En ese libro aludido, se narra de la cantidad de personas que morían por falta de asistencia médica y por desnutrición, es decir por hambre.

Esta desnutrición y hambre es fácilmente comprensible, si recordamos, que con el salario que estos hombres recibían por su trabajo, les era imposible comprar carnes o cualquier otra fuente de proteínas, ese salario escasamente les daba, para comer algún arroz con sal. Todo esto y mucho más, relata en su libro el padre Christopher, cosa que yo testimonio como ciertas, porque constaté esa situación, viviéndolas, mientras ejercí mi carrera de agronomía en varios de esos bateyes y otros.

Se cuenta en ese libro (Esclavos en el Paraíso), que después del ciclón George, el cual arrasó con todos los barrancones dejando a sus moradores y sus escasas pertenencias en una intemperie de lodo, que nadie del los Vicini ni de los ingenios del CEA se interesó por la suerte de esa gente. Ninguno de ellos fue por allí, a llevar una libra de arroz, ni un galón de agua, mucho menos un medicamento. Imagínese usted amigo lector el drama de aquellas personas en esas circunstancias: niños recién nacidos, ancianos, jóvenes, mujeres y hombres en esa intemperie de lodo, sin agua, sin luz, sin comida, sin un camastro para dormir y sin dinero para comprar lo más mínimo para la supervivencia.

Si en esa situación, la mano amiga del padre Christopher y sus cientos de donantes no hubiesen dicho presente, miles de personas de esas, hubiesen muerto de hambre y sed, por inanición y por afectación de las decenas de enfermedades y pestes que aparecen, cuando se dan esas condiciones ciclónicas. Para esos propietarios millonarios, no cabe en sus mentes, ni en sus principios, eso de primero la gente, en cambio sí cuidan y miman a sus mascotas y ganados, como si fueran gente muy de ellos.

Viene a ser conmovedor leer en ese libro el pasaje donde se narra la muerte de Marta. «Flaca hasta el hueso, desnutrida y llena de llagas. Tenía una espantosa llaga de enormes dimensiones en la zona sacra, donde había desaparecido toda la masa muscular. Era un autentico hoyo que tenia. Se le veían claramente diez centímetros de la columna vertebral. Era espeluznante la visión del horror. Era literalmente espantoso. Ella tenía unas marcas largas y ensangrentadas en los pies y en las espinillas. Las ratas, de noche se la comían». Igual de conmovedor, resulta leer la muerte de Roberta, una niña de diez años contaminada de sida y la muerte de tantos hombres que le acaeció por los efectos del hambre y enfermedades.

Ha de recordarse que toda esta situación y las infamias que las acompañaban, fueron denunciadas por el padre Christopher, el cual hizo los mayores esfuerzos, para que en paz y conciliación se diera una solución a esas inhumanidades. La respuesta que obtuvo el padre de los Vicini y los ingenios del CEA, fue el desmentido público de la denuncia del misionero, endilgándole querer desacreditar al país y la industria azucarera. En vez de conciliar para conjurar esa situación, lo confrontaron y lo amenazaron de muerte, hasta que al final los poderes económicos en confabulación con un cardenal fascista, lo sacaron del país, como también sacaron de circulación el libro referido, que acabo de leer.

El país en general desconocía esta situación de esclavitud dentro de su territorio. Solo después del reportaje de estos hechos, presentados al país por Mariasela Álvarez, en su programa «Esta Noche con Mariasela», se comenzó a saber algo de todas estas inhumanidades que se cometían en nuestro territorio, pues en los medios solo se veía, las esplendorosas fiestas que una vez terminada la zafra hacían los barones del azúcar del sector público y privado para celebrar en grande el reporte de sus grandes beneficios. A estas fiestas asistían connotados empresarios, políticos de turno y jerarcas eclesiásticos, mientras allá en los bateyes, los productores de esa riqueza, gastaban sus vidas en sucios y hediondos barrancones, yéndose a dormir con hambre, depositando sus famélicos cuerpos en camastros sin colchones. Del trabajo de esos braceros y sus contribuciones al éxito de esa zafra, en esas fiestas, no se hablaba. Para ellos, esos braceros no eran humanos dignos de algún derecho, sino cosas… nunca personas.

Esta práctica de explotación, para adquirir riquezas con el robo a las claras del sudor del otro, se remonta a cien años atrás y se extiende con una modalidad más suave, con el pago que se hace a los obreros dominicanos, que son empleados por los demás empresarios dominicanos de otras industrias. Pagar siete u ocho mil pesos mensuales, pudiendo pagar más, en un país donde la canasta familiar es de 30 mil, ¿qué viene a ser este irrisorio emolumento, sino explotación camuflada con pago de un salario mínimo?

Cuando Juan Bosch subió al poder en el año 1963, se topó con unos empresarios de mentalidad medieval, que no comprendían simples leyes económicas, como esa que explica que si el obrero gana más, tiene mayor capacidad de compra, lo que redunda en beneficio del mercado y por ende de sus negocios. Pero no solo eran atrasados e iletrados los empresarios, sino también los jerarcas militares y religiosos, a tal punto, que rechazaron la constitución del 1963, tachándola de comunista, por el solo hecho que consagraba en sus artículos algunas reivindicaciones a la clase trabajadora, motivo que argumentaron, para confabularse para derrocar a Bosch, como finalmente lo hicieron.

Desde aquel nefasto golpe de Estado a esta fecha (noviembre de 2015), han transcurrido 51 años, en lo que, fruto de ese Golpe de Estado, tuvo lugar el regreso del Trujillismo encarnado por Balaguer y sus prosélitos. Los golpistas se adueñaron del país, y de todas las industrias y propiedades que dejó el tirano. En este tiempo, en el país, ha habido revoluciones y luchas sangrientas de un pueblo para retornar la democracia. En esas refriegas, Balaguer, en confabulación con poderes foráneos, eliminó físicamente lo mejor de la juventud pensante del país, sustituyéndola por partidarios de Trujillo, quienes hasta la fecha son protagonistas del quehacer político en nuestra desventurada patria.

En esos 51 años transcurridos, más que ganar, hemos perdido. El país, lo han hipotecado con una deuda impagable, lo que lógicamente, acaba con nuestra soberanía. La justicia es una burla o una parodia de justicia, tal cual la señala Franklin Báez Brugal en su discurso al decir: El poder judicial, encargado de poner coto a los desmanes, se desenvuelve con evidentes debilidades institucionales, y un país sin una justicia que funcione de manera independiente, sin ataduras políticas e integrada por personas capaces, honestos y responsables, es como un barco a la deriva. En un país sin un poder judicial justo “los ciudadanos se encuentran indefensos y desprotegidos a merced de la ambición de los poderosos, la voracidad de los políticos, y al antojo de los delincuentes, sujetos a un régimen, en donde la impunidad es la norma y el castigo la excepción”.

En todos los años referidos, se han concretizado las palabras de Báez Brugal, puesto que a los honestos se les ha venido castigando y premiando y empoderando a los más grandes delincuentes, tal como ha venido sucediendo con los grandes ladrones del erario.

En este punto cabe resaltar la contradicción entre el discurso y la práctica de la clase que representa Báez Brugal. No olvidemos que cuando la quiebra del Banco Baninter, todos ellos públicamente se opusieron a que Ramón Báez Figueroa fuese enjuiciado y encarcelado y que después hicieron grandes esfuerzos para que Lilian Lubrano fuera indultada, como al finalmente se hizo.

Hemos llegado al 2015, es decir 54 años después de la muerte de Trujillo, y el país se encuentra en un total caos económico, político, social y moral. A esta altura del juego, después de tantas luchas, en país ha caído en ser gobernado por los más perversos de sus hijos. Actualmente, fruto de esa gobernanza, se han profundizado las diferencias sociales, pese al gran crecimiento económico, que solo ha ido beneficiar a unos cuantos. Todavía en el congreso, se le aprueba a la clase empresarial, subsidios por 120 mil millones y por otro lado, también se le beneficia con otros privilegios, mientras que a la clase pobre, se le hace exageradamente dura la existencia de sus vidas, que se agotan y degastan en miserias degradantes de la condición humana.

En el tiempo aludido, el país ha sido víctima de negocios, convenios y saqueos infames. Son ejemplos de ello, el contrato concedido a la Barrick Gold regalándole nuestro oro, sin importar además, el deterioro al Medio Ambiente. En este tenor cuentan también, la construcción de la carretera Santo Domingo-Samaná a un costo de 150 millones de dólares, para darle beneficio a los acreedores de esa construcción por 5 mil millones de dólares.

Pertenecen también a esta infamia, los contratos a las generadoras de electricidad por capacidad instalada y otros tantos contratos que constituyen una ignominia similar, que jamás se hubiesen dado, si hubiésemos tenido una clase empresarial que le duela su patria, porque siendo así, ellos con su inmenso poder, hubiesen evitado la consumación de los mismos, pero al contrario, mejor lo han refrendado al defenderlos, pretextando la seguridad jurídica que debe prevalecer en la República, para según ellos, cuidar el buen clima de inversiones, lo que fue y es una manera de entreguismo y subordinación a intereses foráneos. Lo paradójico de este caso es, que precisamente, este criterio es sostenido por gente que frente Haití han estado proclamando e invocando el ejercicio de una soberanía, que sabemos que no es más que una ficción frente a poderes como los Estados Unidos y Europa.

En este orden de ideas, de haber tenido un empresariado verdaderamente interesado en el destino de su país, tampoco se hubiesen consolidado los gobiernos del PLD y otros, en los cuales sabemos, fueron denominadores comunes, el saqueo al patrimonio nacional y el deterioro de la justicia que hoy refriega Franklin Báez Brugal en su discurso,. Pero peor se dio el caso, de que ellos, fueron parte de esos gobiernos. En mis archivos tengo las proclamas del empresario de la comunicación, Frank Jorge Elías, apoyando a Leonel para un segundo y tercer periodo, sin reparar en los saqueos de este y su grupo, al erario. A este Jorge Elías le era indiferente el daño moral y económico que Leonel le estaba causando al país A él solo le interesaban, sus propios beneficios.

Fruto de esta situación, en el país se siguen dando casos de corrupción inverosímiles. La construcción del hospital Darío Contreras se sobrevaluó en 800 millones de pesos. La carboelectrica Punta Catalina está sobrevaluada en 1200 millones de dólares.

La corrupción develada en OISOE y en la justicia, es terrorífica. El Congreso Nacional es un antro de desalmados, lo mismo que la policía Nacional, el ejército y la Marina. El país está arropado y controlado por el narcotráfico y sus secuelas de males. La carestía de la vida es insoportable y todo camina para peor.

La semana pasada la prensa reseñó la muerte de cientos de dominicanos afectados por el dengue. En los medios solo se lee desgracias, como suicidios, ejecuciones por sicarios, los robos de los funcionarios y los padecimientos del pueblo. En Higuey, los presos mueren por desnutrición, mientras que los grandes capos de la droga y ladrones del erario, son absueltos, y si acaso van a la cárcel por un tiempo, lo internan en suite con todo confort.

Ante el caso de las muertes por desnutrición de los presos de Higuey, yo me pregunto ¿dónde estaba el obispo de esa diócesis, Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, que no se había dado cuenta de esta situación? ¿O la sabia o no hacía nada para conjurarla? Hago esta observación, porque estos «pastores de alma» están muy enfrascados en la defensa de los fetos, mas no así de las criaturas ya nacidas.

Igual pregunta hago a los empresarios dominicanos que permiten que estas cosas pasen con los pobres de su patria, pero que no permiten que cosa semejante pase con uno de los suyos, aun estos hayan cometido los mayores desmames, como fueron los casos de Ramón Báez Figuereo y Lilian Lubrano. ¿O van a excusarse diciendo, que no sabían que esto estuviera aconteciendo?, tal como confesaron los Vicini y los demás dueños de ingenios, cuando las infamias, las penurias, deshumanidades y explotación de tantos seres humanos indefensos, fueron denunciadas al mundo entero por el misionero Christopher y agencias internacionales de noticias, que acaecían en sus predios.

Finalmente, recibo e interpreto como buena noticia, los discursos referidos de Campos de Moya y Franklin Báez Brugal, puesto que, el contenido de los mismos, revela, que al fin los empresarios dominicanos han despertado o están en proceso de ello, porque se han dado cuenta, que vamos por muy mal camino, que de seguirlo, nos hundiremos todos.

Qué bueno que así sea, nunca es tarde para reconsiderar entuertos y hacer enmiendas. Ellos no pueden soslayar, el rol político, económico y social que deben jugar en la sociedad que les ha tocado vivir. Este es buen inicio para conjurar el caos en que estamos inmersos. Hagamos pues, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. No olvidemos que donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. No olvidemos que el amor al dinero es la raíz de todos los males.

Entonces, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? No olvidéis, que la muerte o la resurrección es el final de todos los hombres. Entonces, elegí el camino por el cual queréis transitar, sin olvidar, que sin sufrir los padecimientos de la crucifixión en el Gólgota, es imposible ganar el cielo.

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