Lectura o comunicación mediante el libro

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El autor es abogado. Reside en Santo Domingo

Sea cuales sean los diferentes significados a considerar para el término lectura, todos tienen el de transmisión y el de comunicación. ¿Qué motivaciones obedece el hombre cuya mano avanza hacia el objeto llamado libro?

¿Qué espera de ese “montón de hojas secas” cubierto de anuncios, que no sea la comunicación de los pensamientos ajenos que se difunden en las páginas?

Acentuamos a este respecto la ambigüedad del término libro que designa al mismo tiempo un soporte material de los signos y el contenido intelectual que dichos  signos transmiten, es decir, al mismo tiempo el significante y el significado.

El escritor, ¿aportando un manuscrito a su editor, no desea dar un mensaje al más gran número posible de interlocutores duplicando el número de ejemplares de ese mensaje?

Y según la respuesta que recibirá el escritor de sus lectores, respuesta que cambian las cifras de venta de la obra y apreciaciones de la crítica, él continuará escribiendo, a emitir nuevos mensajes.

El autor escribe para ser leído y el libro solo existe a partir del instante en que es leído, a partir del minuto en que el significante deviene significado por intermedio de la decodificación y decodificador. Comunicar es también descodificar un mensaje y la transformación del significante-libro en significado lleva un nombre preciso: la lectura.

 

Sean cuales sean las palabras que se pueden emplear para el término lectura, todos tienen el de transmisión y comunicación.

La comunicación que está leyendo puede tener lugar de distintas formas. El narrador que inventa y cuenta una historia en voz alta frente a una audiencia brinda una lectura oral. 

 En la etapa de lectura oral, tiene tanto capacidad auditiva como visual, el pensamiento se domina por los sonidos y los sonidos que se escuchan son variados de nuevo en pensamiento por los oyentes.

La lectura real del pliego escrito puede darse gracias a un relevo oral. Este es «el consejo a la población» leído por el alcaide del pueblo. Ese tipo de lectura por  mucho tiempo fue el modo de instrucción y de recreo de los analfabetos. En la vigilia, el que conocía la escritura leyó en voz alta para sus compañeros.

Así se difundió el contenido de los libros de venta ambulante (1) R. Mandrou, De la cultura popular en los siglos XVII y XVIII. La biblioteca azul de Troya, Paris, Stock 1964.)

Es cierto que el documento escrito adquiere, una vez escuchado, un nuevo relieve. Leer se convierte en música. Es necesario leer ciertos poemas en voz alta para captar su ritmo, modulación y apreciarlos en su totalidad.

La lectura directa del documento escrito es hoy en día la más practicada. Ella utiliza a la vez la vista y el oído: La lectura directa del documento escrito se puede realizar en voz alta. El lector del refectorio de los monjes también decimos que el lector lee para sí mismo como para sus oyentes. ¿El mismo texto leído por un lector o leído directamente transmite exactamente el mismo mensaje? ¿No es diferente la comprensión? 

La lectura tranquila es absorbente; es tanto atención como expectativa porque moviliza todo ser. Requiere aislamiento real o virtual: es difícil leer entre la multitud y entre el bullicio. Cualquiera que sea el modo y el medio de transmisión, la lectura es una comunicación del autor al lector.

Ella es a la vez  todos los elementos de la comunicación puesto que  es el comunicante, el comunicado, la comunicación y que crea un informado: el lector que lo crea él mismo. Es reciprocidad.

La lectura es la comunicación al momento en que se hace; al momento en que el pensamiento del autor penetra el pensamiento del lector y lo modifica por el hecho mismo que el autor toma para el lector una existencia, aun si el pensamiento el lector no enriquece la del lector.

Ella es el contenido, el comunicado, el pensamiento del autor transmitido al lector.

Un libro es un objeto material y queda un libro a leer hasta si no hay lector, queda un objeto, una lectura posible.

Pero ese contenido no deviene un objeto, una lectura posible.  Ese contenido se vuelve legible sólo cuando se comunica al otro por medio de signos.

Sólo puede haber lectura si el autor y el lector ya tienen la misma participación en el código común, que en realidad es un conjunto de códigos. Los signos, el lenguaje, tomados tanto en el sentido de estilo, lenguaje matemático o filosófico __ y cultura son tantos códigos que el autor y el lector deben armar para que el mensaje se entienda cuando se reciba en su integridad.

Es gracias a estos códigos comunes que hay comprensión y participación en un mismo contenido de pensamiento.

Un libro en lengua extranjera desconocida permite una lectura, esto es, la transformación de signos escritos en su exterioridad o no, pero no permite ni comprensión, ni participación, ni comunicación entre el autor y el lector.

El libro y su uso se confunden. La lectura, es también el objeto leído o a leer, en este momento está el objeto despojado de su materialidad, despojado de lo tangible: es el significado sin el significante, sin su soporte, por eso «el libro no es un objeto como los demás cuando se lo sostiene en la mano, sólo tenemos papel: y el pensamiento solo, sin el apoyo de palabras impresas, no podría constituir un libro ”(Robert Escarpit: La revolución del libro, París, PU.F., Unesco, 1965.).

Muchos trabajos lanzados al mercado son una apuesta, un riesgo tomado a diferentes niveles por el autor y el editor. Desde el auge de la impresión, este riesgo ha seguido agrandando. La comunicación por el libro es siempre mediata. Las diferentes operaciones técnicas, que transforman el manuscrito en libro impreso, demandan tiempo.

La duración de esas operaciones puede dañar una obra tratando la actualidad si otro acontecimiento viene a captar la atención del público al cual el libro era destinado, pero el tiempo  transcurrido también puede funcionar a favor del autor.

JPM

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Juan Lopez
Juan Lopez
1 mes hace

Hector Doctel Matos.que alegria saber de ti.