Por RAMFIS RAFAEL PEÑA NINA
Hay palabras que, con el paso de los años, adquieren un significado mucho más profundo que el que aparece en un diccionario. «Chapuza» era una de las expresiones favoritas de mi padre para describir la mediocridad, la improvisación, las cosas mal hechas y las decisiones indignas de quienes tenían la responsabilidad de actuar con seriedad.
Hoy, esa palabra vuelve a mi memoria porque parece describir, mejor que ninguna otra, el comportamiento de instituciones que durante décadas simbolizaron la esperanza de millones de personas.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de los Estados Americanos (OEA) y, más recientemente, la FIFA, han protagonizado decisiones que para muchos han erosionado su credibilidad. Cada una, desde su ámbito de competencia, ha sido objeto de críticas por actuar con parcialidad, lentitud, inconsciencia o falta de transparencia, alimentando una creciente desconfianza entre quienes alguna vez creyeron en ellas.
A esa sensación se suma el temor de que los grandes centros de poder terminen imponiendo su voluntad sobre el resto del mundo. Es inevitable recordar la inquietante figura del «Gran Hermano» imaginada por George Orwell en 1984: un poder capaz de vigilar, influir y moldear la realidad según sus propios intereses. Aunque la ficción no debe confundirse con la realidad, la metáfora sigue siendo poderosa cuando se percibe que los más fuertes pueden condicionar el destino de los demás.
Guerras interminables, bombardeos, discursos cargados de insultos, humillaciones públicas, sanciones selectivas y demostraciones de fuerza parecen ocupar cada vez más espacio en la agenda internacional. Con frecuencia, muchos ciudadanos sienten que las reglas no se aplican por igual y que el poder termina prevaleciendo sobre los principios que esas mismas instituciones dicen defender.
Lo más preocupante es que esa percepción también alcanza al deporte, un espacio que históricamente ha servido para unir pueblos, superar diferencias y promover el respeto mutuo. Cuando decisiones polémicas afectan competiciones o selecciones nacionales, surge la impresión de que ni siquiera ese terreno permanece al margen de las disputas políticas o de intereses superiores.
Tan inquietante como los abusos de poder es la pasividad con la que muchas veces son recibidos. El silencio, la indiferencia o el aplauso acrítico terminan fortaleciendo aquello que se cuestiona. Hoy puede parecer que la injusticia afecta a otros; mañana podría tocar a cualquiera.
La historia demuestra que las instituciones solo conservan su legitimidad cuando actúan con independencia, coherencia y respeto por las normas que ellas mismas proclaman. Cuando esos principios se debilitan, también se debilita la confianza de los ciudadanos, que constituye su activo más valioso.
Quizá la verdadera pregunta no sea únicamente hasta dónde llegarán quienes concentran el poder, sino hasta cuándo la sociedad estará dispuesta a aceptar sin cuestionamientos decisiones que considera arbitrarias. La crítica responsable, el pensamiento independiente y la defensa de los principios siguen siendo herramientas indispensables para preservar la libertad y la justicia.
jpm-am

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
DGM detiene 3,162 extranjeros condición migratoria irregular
Rodríguez Pimentel rechaza prohibición equipos haitianos
Destinos P. Plata y Pedernales reciben mas 45,000 cruceristas
VENEZUELA: Opositora propone elecciones el 24 de julio de 2027
Irán informa explosión de un petrolero impactó mina Ormuz
EEUU: Trump cree Zelenski «no quiere acabar guerra con Rusia»
Ucrania asegura Trump intenta forzar capitulación ante Rusia
FRANCIA: Piden a Macron la declaración estado emergencia
Arroceros respaldan Gobierno confían en gestión DR-CAFTA
O&M domina cinco disciplinas en Juegos Universitarios 2026

