El reconocido autor de Elogio de la templanza, Norberto Bobbio,definió la templanza como una virtud vinculada a la moderación, el equilibrio y el dominio racional de las pasiones humanas. En su pensamiento ético y político, la templanza representa la capacidad del individuo de controlar impulsos extremos, tales como la ira, la violencia o el deseo de poder, para actuar conforme a la razón, el respeto y la convivencia civilizada.
La visión del destacado filósofo y jurista italiano, aplicada a la vida cotidiana, implica que ningún conflicto emocional, sentimental o personal puede resolverse legítimamente mediante la agresión. En ese sentido, la templanza obliga al ser humano a reconocer límites éticos aun en medio del dolor, los celos o la frustración.
Sin duda, la violencia contra la mujer, especialmente aquella que se origina en relaciones sentimentales marcadas por los celos, el control y la intolerancia, constituye una de las expresiones más dolorosas de la degradación humana. No creo que en la República Dominicana, alguien racional esté en desacuerdo con este criterio.
Recientes feminicidios, particularmente los ocurridos en Santo Domingo Este, han estremecido la conciencia nacional y obligan a reflexionar no solo sobre la respuesta penal del Estado, sino también sobre la necesidad de fortalecer valores éticos capaces de contener la violencia antes de que esta se transforme en tragedia.
En ese contexto, el pensamiento de Bobbio adquiere una extraordinaria vigencia, tomando en cuenta que concebía la templanza como una virtud esencial de la convivencia democrática y humana.
Muchos de los feminicidios registrados en el país tienen como origen relaciones afectivas deterioradas, donde el agresor asume una visión posesiva sobre la mujer y reacciona con violencia frente a la separación, el rechazo o la autonomía de ella. La incapacidad de controlar emociones destructivas y aceptar los límites que impone la dignidad humana es una conducta que refleja lo opuesto a la templanza de Bobbio.
Resulta preocupante el hecho de que muchas de las víctimas nohabían denunciado previamente a sus agresores, lo que demuestra el miedo, la dependencia emocional o la falta de confianza en los mecanismos de protección. Esa realidad obliga a profundizar las políticas preventivas y fortalecer la educación emocional desde el hogar y las escuelas.
Para contrarestar esta ola irracional de violencia contra la mujer, latemplanza, entendida como autocontrol y racionalidad, debe convertirse en un valor social promovido de manera permanente, a fin de que ninguna ruptura amorosa, conflicto de pareja o decepción sentimental se transforme en una agresión física o psicológica contra una mujer.
Ante el hecho de que la violencia contra la mujer se ha convertido en una amenaza directa a la paz social, las enseñanzas de Bobbionos
Finalmente, en tiempos en que el odio y la intolerancia destruyen vidas y familias, la templanza debe ser asimilada por el hombre, para aceptar la realidad de que ninguna mujer está obligada a vivir en la infelicidad.


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