Por Ramón Carreño
De la dirigencia política del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en San Cristóbal, al parecer el único que ha entendido el proceso de renovación ha sido el periodista Leonardo Ortiz Alcántara. Con un gesto que debería ser norma y no excepción, puso a disposición su cargo de Encargado de Comunicación en el municipio para facilitar el consenso que tanto se predica.
Los demás, sin embargo, han mantenido sus posiciones. Y ahí está el nudo que impide llegar al acuerdo anunciado por el máximo líder de ese partido en la provincia, Rafael Salazar.

La política se mide en hechos. Mientras abundan los discursos sobre “renovación”, “unidad” y “relevo”, lo que escasea son las acciones que respalden esas palabras. Ortiz Alcántara, con esta decisión, dio muestra de capacidad política y desprendimiento. Entendió que renovar no es quedarse para siempre, sino saber cuándo dar un paso al lado para que el proyecto avance.
El consenso no se impone por decreto ni se logra con comunicados. Se construye con gestos de madurez. Si la dirigencia del PRM en San Cristóbal realmente quiere honrar el llamado de Rafael Salazar, tendrá que mirarse en el espejo que hoy les pone Leonardo Ortiz. Porque sin desprendimiento no hay renovación, y sin renovación no hay futuro.
La pelota está ahora en la cancha de los demás dirigentes. ¿Entenderán el mensaje?
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