La falsa entidad del cobarde

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EL AUTOR es abogado. Reside en Cataluña, España.

Comúnmente se asume que un individuo cobarde es una persona tan anímicamente insignificante que es capaz de quedar paralizado ante la vista de un insecto. Se incurre entonces en la errada actitud de subestimarle por completo, hacerlo objeto de bromas y pensar o considerarle como un ser más digno de conmiseración de que cualquier otro sentimiento.

La realidad es que las fobias son una cosa y la cobardía es otra. Los trastornos fóbicos están registrados en todos los libros de Psicología, e incluso la Psiquiatría le presta alguna atención. Una persona afectada por una fobia por lo general es alguien común en todos los demás aspectos de su vida.

El cobarde, sin embargo, ofrece otras características. Aunque usted no lo crea, las personas capaces de infligir las más crueles, dilatadas o prolongadas torturas, a conciencia y a personas completamente inocentes e indefensas; así como los autores de casos extremos de brutalidad policial, ejecuciones extrajudiciales y otros hechos horrendos, cuando les toca al doblar de una esquina el ser sorprendidos e identificados por familiares de sus víctimas, prorrumpen en súplicas, ruegan por no ser castigados, se arrodillan, lloran, tiemblan y piden misericordia de la manera más patética y poco viril que usted se pueda imaginar.

El cobarde ataca en la oscuridad, ataca por la espalda, mata con engaño.

Los actos del cobarde no sólo comprenden crímenes penales (asesinatos, torturas etc.). En el plano social el cobarde es con frecuencia el autor (oculto) de muchas muertes morales. En estos casos sus métodos son los mismos. Ataca a su víctima cuando sabe que es más vulnerable o cuando está seguro que lleva la mayor ventaja o poder contra ella. No usando un puñal, un arma de fuego o un cable eléctrico, el cobarde social se vale de la manipulación. Empuja o crea situaciones. Si se sabe con carisma indiscutible se hace la víctima (método frecuente) para que sus seguidores, enardecidos sólo por hecho de pensar que hubo una “agresión», se lancen sobre la víctima escogida como lo hace una horda canina al punto de la inanición sobre un pedazo de carne.

Hombres de verdad han caído de manos de las maniobras del cobarde. Individuos que son lo más serios de su oficina, el estandarte de responsabilidad de su departamento, sucumben a los juegos, manipulaciones y estrategias del cobarde y terminan despedidos vergonzosamente fruto de las jugarretas de un cobarde, que mira (y mueve) todo desde las sombras.

No le pido a nadie que acepte ideas religiosas de ningún credo, pero según las creencias del cristianismo occidental en su libro sagrado, el cobarde es colocado junto a los homicidas, y a los peores criminales en calidad de personas que en TODO CASO su entrada está vedada al reino de los cielos. El texto cristiano dice «Los cobardes no entrarán al reino de los Cielos»

Muchas veces pensé sobre lo dicho anteriormente, y me pareció una injusticia que una persona que tiene un miedo que no controla, y que puede ser un perfecto ciudadano, pero que es en sí miedoso, fuere excluido del denominado Reino. Creo que cualquiera pensaría eso. Este último pensamiento es el único lógico cuando se confunde a aquel individuo afectado de fobia (médicamente diagnosticable), con el auténtico cobarde, capaz de los más bajos crímenes morales o penales que nos podamos imaginar.

Los criminales Nazis Juzgados en Nuremberg en 1945, luego de la II Guerra mundial, al escuchar las sentencias de muerte, bajo la modalidad de ahorcamiento, que fueron decretadas sobre ellos; demudaron el rostro, se pusieron la mano en la boca y se la pasaron por la frente, o apoyaron los codos en la baranda que les quedaba contigua. Algunos videos sobre ese momento están aun disponibles.

Cualquiera pensaría que hombres que pudieron organizar el genocidio de seis millones de personas, entre los que se encontraban mujeres, niños, ancianos, personas enfermas y que se permitieron autorizar bombardeos sobre vecindarios y experimentos médicos sin las menores condiciones, ni anestesia..tendrían el coraje (o la frialdad) de aceptar su condenación a muerte. No fue así.

Escribo esto, como una exhortación humilde a no subestimar, en ningún modo, a la persona que usted conozca, o que usted haya comprobado que es capaz de las mayores cobardías, intrigas o manipulaciones para hacer mal contra otros. Quizás si se ve atrapado este individuo se vuelva nada ante gente dispuesta a cobrarle sus obras. Pero mientras no es atrapado, mientras permanezca en las sombras, o como el camaleón camuflado en sus diversos ropajes, usted es ante él como una cabra en un pastizal siendo observada por una fiera.

En toda libertad, el cobarde puede recibir cualquier actitud de usted, menos la subestimación.

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