SANTO DOMINGO.- El manejo crónico y constante de la Dermatitis Atópica (DA) moderada a grave puede imponer una carga considerable en el día a día de niños y adolescentes que la padecen, así como en sus familias.
Estos pacientes no solamente deben vivir con las secuelas físicas del padecimiento, sino que también pueden ver afectada por completo su vida, desde problemas de autoestima y relaciones con otros, hasta otras enfermedades físicas y mentales, como depresión, ansiedad e intentos de suicidio.
Según la doctora Dra. Daisy Blanco, dermatóloga pediatra, la dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel donde se observan respuestas exageradas a diferentes estímulos. Es también llamada eccema atópico o eccema infantil. Se puede nacer con una piel seca y delicada, la cual se lastima con facilidad, que puede aparecer y desaparecer repetidamente en el curso de los meses y años. Es una enfermedad que deja la piel seca, enrojecida y con mucha comezón. No es infecciosa ni contagiosa y pueden verse tres tipos: leve, moderada y grave.
“La dermatitis atópica es causada por múltiples factores, el más importante de todos es el factor genético (tales como antecedentes de asma y rinitis), las alteraciones de la piel entre otras, como causas psicológicas, ambientales (sol, frío, sudor, calor, tipo de ropa, perfumes, cosméticos, polvo), y alergias alimenticias”, resaltó la especialista.
La enfermedad se puede presentar en cualquier parte del cuerpo y en todas las edades, por lo general empieza desde que la persona es bebé y en ocasiones también aparece en la edad adulta. Es un padecimiento crónico, no tiene cura, pero sí se puede controlar mediante tratamientos acordes con la gravedad y la base de estos es la humectación de la piel.
De acuerdo con la Dra. Blanco y según datos del Instituto Dermatológico, los rangos de edades donde se puede presentar más comúnmente, son entre 0 a 2 años, lo que corresponde a un 54% de la población pediátrica afectada de dermatitis atópica; siguiéndole de 2 a 5 años, representado por un 23%, de 5 a 11 años, con un 17% del total de la población afectada. Y en menor porcentaje un 7% encabezado por adolescentes entre 11 y 17 años, siendo esta etapa de la vida la que va a tener mayor severidad del cuadro clínico y persistencia después de la adolescencia.
Por la apariencia de la piel, los jóvenes se aíslan, no quieren socializar, se pueden sentir mal en grupos o reuniones no solo porque su piel se ve mal, sino porque necesitan rascarse con frecuencia.
JPM

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