El pasado mes de octubre se cumplieron 52 años en que la humanidad se vio muy cerca de una hecatombe mundial, en ese período angustioso que se denominó la guerra fría.
Me refiero al acontecimiento histórico que enfrentó a las dos grandes potencias: la Unión Soviética de Nikita Jrushchov y los Estados Unidos del presidente John F Kennedy. Todo comenzó, luego que los espías norteamericanos detectaran con pruebas irrefutables, que los soviéticos tenían cohetes nucleares en territorio cubano, en capacidad de atacar con éxito la patria de Lincoln.
Algunos intelectuales han manejado la tesis, de que la instalación de esos armamentos nucleares, que los norteamericanos llamaron ofensivos y los soviéticos defensivos, fue una jugada maestra del Nikita Jrushchov, quien tenía informes fidedignos, de que desde antes de la llegada al poder de Kennedy, existía todo un plan bien definido por el presidente Dwight Eisenhower, que buscaba la intervención directa del gobierno de Washington en la triunfante Revolución Cubana.
Nunca existió en la mente de Jrushchov tal enfrentamiento. Fue una escaramuza de alto riesgo, que amedrentaba a los norteamericanos y buscaba, como en efecto sucedió, que el gobierno de Kennedy retirara las armas nucleares de Turquía, país de alto interés estratégico.
Después de la vergonzosa derrota de Playa Girón, en aquel abril de 1961, donde Fidel Castro y el pueblo cubano derrotaron en menos de 70 horas a los mercenarios comandados por los cubanos José San Román y Erneido Oliva, quienes fueron apoyados por Estados Unidos, el gobierno de Kennedy nunca descartó una invasión directa.
La tesis de que fue una jugada maestra de Jrushchov, toma fuerza en el sentido, de que la solución al conflicto que estuvo a punto de desatar la tercera guerra mundial, se solucionó con la intervención de Adlai Stevenson y sendas comunicaciones entre los jefes de Estado para» preservar la paz» Fue notorio que el líder soviético mantuvo a Fidel Castro apartado de todas las negociaciones, porque conocía de sus posiciones extremistas y la Unión Soviética necesitaba la »paz» para resolver el conflicto cubano y detener la amenaza que representaban los armamentos ubicados en Turquía por los norteamericanos.
El presidente John F. Kennedy exigió el retiro de las armas nucleares de territorio cubano y dio garantías de que Cuba no sería atacada, pero los famosos cinco puntos de Fidel, que incluía que cesara el bloqueo económico y el retiro de la base naval de Guantánamo, jamás fueron aceptados.
Nikita Jrushchov siempre será recordado, no solamente por el incidente del Zapatazo en la Asamblea de la Naciones Unidas, sino, porque jugó un papel preponderante en la crisis de octubre, como le llaman los cubanos.


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