La cesárea en los servicios de salud: más allá de las cifras
POR ANNIS MARCELLIS RECIO TAVERAS
En el debate contemporáneo sobre la atención obstétrica, la cesárea suele presentarse como un indicador negativo de la práctica médica, especialmente cuando su frecuencia supera los parámetros sugeridos por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, reducir la cesárea a una cifra estadística aislada ignora su verdadero valor como herramienta clínica, particularmente en sistemas de salud que enfrentan alta demanda asistencial, limitaciones de recursos y perfiles de riesgo materno cada vez más complejos.
La cesárea no debe interpretarse como un fracaso del parto vaginal, sino como una intervención quirúrgica estratégica, orientada a preservar la vida y a disminuir la morbimortalidad materna y neonatal, su indicación responde a criterios clínicos bien establecidos y a una evaluación individualizada del riesgo-beneficio en cada gestante.
En el contexto hospitalario actual confluyen pacientes con comorbilidades, antecedentes de cesárea, trastornos hipertensivos con franco deterioro materno y otras condiciones obstétricas complejas por lo que se considera frente a estos escenarios de alto riesgo, la cesárea una como una respuesta organizada, predecible y segura, tanto desde el punto de vista clínico como operativo.
Esta permite la planificación, control y eficiencia ya que facilita la asignación racional de quirófanos, personal médico, anestesia y unidades de cuidados neonatales, lo que contribuye a reducir la saturación de las salas de parto, minimizar emergencias intraparto y disminuir el desgaste del recurso humano, factores críticos en hospitales con alta rotación de pacientes.
Asimismo, una cesárea indicada de forma oportuna contribuye a la reducción de eventos adversos potencialmente evitables; la prevención de estas complicaciones no solo impacta positivamente en la seguridad materno-fetal, sino que también reduce costos institucionales relacionados con litigios, estancias prolongadas en unidades de cuidados intensivos y secuelas a largo plazo.
Una tasa elevada de cesáreas no siempre refleja mala práctica médica, sino que puede corresponder a la atención de una población obstétrica de alto riesgo, especialmente en hospitales de referencia.
“El verdadero desafío no es reducir cesáreas de manera arbitraria, sino optimizar su indicación, garantizar calidad quirúrgica, seguridad anestésica y una adecuada recuperación materna.”
La cesárea, lejos de ser un símbolo de medicalización excesiva, representa un pilar fundamental de la atención obstétrica y de la gestión hospitalaria eficiente cuando se indica correctamente y se ejecuta bajo estándares de calidad, constituyendo una decisión centrada en la vida, la seguridad y la sostenibilidad del sistema de salud.
Evaluar la calidad de la atención exclusivamente a partir de porcentajes, sin considerar el perfil clínico de las pacientes atendidas, constituye un enfoque simplista; el debate debe evolucionar desde la crítica numérica hacia una evaluación integral del contexto clínico y organizacional en el que ocurre cada nacimiento.
jpm-am

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