La carta de Miguel a Danilo

De nuevo se confirma que la política es sólo “el arte de lo posible”; tal y como sentenciara don Manuel Fraga, el gallego inmenso que por más de seis décadas nos deleitara con su cátedra personal de ejercicio ético y plural. Esto es lo que explica la actitud de un político activo, que se siente comprometido con los mejores intereses nacionales, como lo es Miguel Vargas Maldonado. El presidente del PRD hizo exactamente lo que tenía que hacer; lo único que se puede hacer frente a un gobierno legal: oposición constructiva y frontal; basada en la interpretación de los hechos y el sometimiento de las propuestas que su partido entiende son las que más convienen a los intereses populares. De nada vale que las obstinadas mentes de unos pocos farsantes de la política pretendan etiquetar a los hombres que tienen y ejercen responsabilidades públicas. Los hechos, que son el único referente válido para catalogar el accionar de un dirigente, siempre tendrán a su cargo la última palabra. Así como el agua se aclara al paso de la corriente, el tiempo ha de ser el juez de todos los conflictos y al final del día, el pueblo siempre podrá identificar a sus verdaderos líderes, muy al margen de los denuestos descalificadores de sus impotentes adversarios. Con esta comunicación dirigida al presidente Medina, el líder del PRD se pone a la cabeza del sentimiento nacional e interpreta el clamor popular que demanda un reglamento para la aplicación de la ley 169-14 que esté acorde con los Intereses Trinitarios y que preserve la Dominicanidad, mas allá de las pretensiones entreguistas de ciertos sectores nacionales, apoyados en agencias internacionales que buscan penalizar a los dominicanos por las penurias que las grandes potencias y la clase gobernante han hecho pasar al noble pueblo haitiano. Los señalamientos han sido puntuales y dirigidos, no a combatir el Reglamento sino a fortalecerlo, llamando la atención sobre los aspectos más sensibles de sus disposiciones. Está claro que el ingeniero Vargas Maldonado ha puesto “los puntos sobre las íes”, de manera responsable y con un gran sentido práctico. Y desde luego que esa muestra de búsqueda de gobernabilidad, es la única actitud justa y productiva, en la apuesta por el poder político que emanará de las elecciones de 2016. Con esta propuesta de modificación al Reglamento, el PRD reitera su supremacía en la oposición civilista y ordenada al Partido de la Liberación Dominicana y define cuál ha de ser el tinte de la polaridad en los tiempos por venir. Pasar de la lucha interna al enfrentamiento inteligente del gobierno, es la apuesta de triunfo de Miguel Vargas, que auscultó el sentimiento nacional y desentrañó su deseo de poner de lado las luchas intestinas, sustituyéndolas por la confrontación de las políticas públicas de un gobierno, que a mitad de término aun exhibe altos niveles de aceptación. Pero al mismo tiempo que se confronta el gobierno y sus políticas, se fortalece la Dominicanidad, apoyando la aprobación de un Reglamento de Regularización que interprete fielmente los mandatos de la Sentencia TC168-13 y de la Ley 169-14, sobre la preservación de la Nación que nos legara Juan Pablo Duarte. ¡Vivimos, seguiremos disparando!

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