«Juicio a Jesús», enjundiosa obra de Salvador Jorge Blanco

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

En ocasión del 2022 aniversario de crucificar a Jesús en el madero de tormento, decretado por el sevillano Lucio Poncio Pilato, procónsul de Roma en Judea, interpreto oportuno reseñar la causa más grande defendida por el brillante jurista santiaguense, presidente de la República (1982-86), doctor Salvador Jorge Blanco, contenida en su libro-defensa Juicio a Jesús, Editora Corripio, julio 2000.

Leyendo despacio varias veces su libro, ponderando el profundo y largo estudio que dispensó para redactarlo, concluyo un juicio muy temprano del autor de este trabajo, en el sentido de que más que un político que en el fondo no era, revela el jurista profundo y acucioso que sí era.

El político que no era quedó demostrado constituyéndose en parte civil en la emboscada, en forma de juicio, más bien, ópera bufa, orquestada por el presidente Joaquín Balaguer, deslizada por acusaciones provenientes de un inefable fusilador de reputaciones, con las insustanciales “pruebas” de unos sacos de piña y autos BMW sobrevaluados.

Porque en esa ópera bufa, Salvador medularmente creyó que su juicio era jurídico, como jurista que medularmente era, cuando en verdad, el entramado del “juicio de fondo”, era una patraña política premeditada para desacreditarlo y fulminar un posible retorno al poder, que el etnarca de entonces temía, y era posible.

Fue lo que siempre le advertí en su celda del Ensanche La Fe, que visitaba diario, y reiteré cuando lo visité en su breve estadía en Atlanta, Georgia.

En su Juicio a Jesús, 147 páginas, si Salvador hubiese postulado en los tribunales, es seguro que agotaría varias maratónicas audiencias, tres, cuatro horas y más, exponiendo sus argumentos jurídicos en defensa del redentor de las inmundicias humanas que es Jesús.

Página 79, Salvador postula:

“El Sanedrín no podía ordenar la prisión por delitos graves. Esto estaba reservado a Roma, conquistadora, con saña, de Jerusalén.

Los conquistadores y los conquistados se unieron para cumplir y hacer efectiva la prisión de Jesús. Fue un grupo mixto de soldados y hombres del Sanedrín”.

Página 94, Salvador escribe:

“El Sumo Sacerdote dramáticamente rasgó su vestidura, sentenciado sin otras pruebas que Jesús había blasfemado. Los restantes miembros del Sanedrín contestaron: Merece la muerte, acompañando su condenación con bofetadas y escupiéndole la cara”.

Esa actitud rastrera, de ninguna manera constituye ni por asomos, lo menos próximo a un juicio en términos jurídicos. Juicios sin testigos, ni escuchar al acusado. Absoluta negación del “debido proceso”.

Página 95, Salvador postula:

“El Sanedrín no podía dictar la pena de muerte. Tenía que acudir a otra jurisdicción. En esas circunstancias que declina el caso ante Pilato”.

Página 97, reseña sorpresa del gobernador de Judea, Pilato, que el Sanedrín remitiera el caso de Jesús a su instancia, porque era materia religiosa sin sanciones de la pena capital.

Salvador Jorge Blanco

La cuestión relativa al nombre de Cristo, no era propia de la competencia del gobernador Pilato.

Página 103, Salvador refiere la tercera vez que Pilato dijo a acusadores de Jesús:

“No encontré nada en su asunto que mereciera la muerte. Por eso no haré más que castigarlo y lo soltaré”.

Pero ellos, el Sanedrín, insistían con grandes gritos, pidiendo que fuera crucificado, y el clamor iba en aumento.

Con este pasaje histórico del “juicio” a Jesús, quedó demostrado a la posteridad, con carácter inapelable, que el encausamiento de Jesús, completó el ciclo de una farsa jurídica, un mentís a un juicio correcto, sin los soportes jurídicos imperantes en la satrapía romana que era Judea.

Salvador refiere, página 107, que antes de Pilato dictar sentencia a Jesús, su esposa Claudia Prócula le envió una nota que decía:

“No te metas con ese hombre, porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él”.

Idéntica advertencia que hiciera a César su esposa Calpurnia, porque los arúspices señalaban insistentes presagios agoreros contra su marido, suplicándole no acudir al Senado al día siguiente, donde la noche previa a su asesinato, disfrutaba una opípara cena ofrecida por Lépido, jefe de la Guardia Pretoriana, donde lo acechaban senadores liderados por su hijo adoptivo Marco Tulio Bruto, asestándole 17 puñaladas.

En la causa más grande defendida no en los estrados por Salvador Jorge Blanco, sino en una impresionante y enjundiosa obra, obligada tesis de estudio para juristas, cientistas, sociólogos, politólogos y periodistas, donde el notable togado culmina soltando estos terribles anatemas de misiles conceptuales, página 146:

“¿Fue Jesús juzgado conforme al derecho romano?”.

“¿Lo fue al amparo de la ley mosaica?”.

El autor de este trabajo concluye:

El juicio a Jesús nunca demostró ni por asomos, visos jurídicos conforme al Derecho Romano, vinculante en Judea.

Fue una farsa esgrimida por el Sanedrín, aterrorizado de perder su hegemonía como alicate de poder del César en Judea, y así cumplir el diseño de Yavé, en la breve singladura terrestre de 33 años del Redentor de la Humanidad.

jpm/am

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R afael Rivera
R afael Rivera
1 mes hace

Jesucristo fue’ «Perfecto» cuando camino’ por e;ste planeta tierra. el expresidente Jorge Blanco cuando goberno’ 1982-86, fue’ inperfecto,pues no goberno para el pueblo,sino para los militares.,con la matanza en el parque independencia, con gral. Cuervo Gomez., ?amigo Ubi Rivas? esta’ usted bien de sus sentido cabales?.,

R afael Rivera
R afael Rivera
1 mes hace

Pero e’ste periodista llamado:u Ibi Rivas, esta’ relatandos la vida de como fue’ juzgado, Nuestro Padre Redentor el hombre ma’s grande, que paso’ por este «planeta tierra», y sufrio’ los castigos ma’s grande,queningu’n ser humanos los halla sufridos en la tierra,..?oiga amigo Rivas?quiero decirle,que el expresidente; Salvador Jorge Blanco, no cumplio como he debido con el pueblo dominicano, muy diferente,aunque e’l mismo halla escritos este libro