Mi experiencia de más de 18 años sirviendo a la administración pública y 12 en el sector privado, me proporcionan el suficiente aval como para hacer algunas puntualizaciones y observaciones que muchos quizás no hacen por miedo o complicidad.
No me la doy de Fouché contemporáneo ni de “come candela”, Dios me libre; pero sucede que como este es un país que fue sometido a unos 30 largos años de dictadura cualquier ejercicio de un derecho que se haga pudiera ser visto por algunos como una temeridad o un argumento de agitación política. Pero total, poco me importa.
De manera que, haciendo uso de un derecho establecido en la Constitución dominicana, la cual se fundamenta en un Estado Social, Democrático de Derecho, me permito observar algunas acciones nocivas que consideramos laceran nuestras cuentas nacionales.
Por ejemplo, es inaceptable que en las distintas dependencias autónomas, centralizadas y descentralizadas, sus incúmbentes aún[11] conserven algunos niveles de discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos no supervisados por la Tesorería y la Contraloría Nacional.
Asimismo, es irritante qué en este país, los ministros, directores generales y otros funcionarios de las distintas entidades públicas, de administraciones de gobiernos del pasado o el presente, hicieran o hagan uso discrecional de ingresos que son recaudados por servicios internos que se ofrecen y que están fuera del Presupuesto Nacional.
Hay que ponerle atención a eso, no debe haber vacas sagradas y mucho menos permitir que los escasos recursos económicos que se perciban por ese u otro concepto, esté sujeto al capricho y la voluntad de un funcionario, eso no puede ser por amor a Dios.
Este es un país muy pobre y atrasado, lleno de carencias y desigualdades, por lo que no se puede permitir que un grupito de burócratas venga a darse la buena vida con el dinero de un pueblo que aún no termina de salir del subdesarrollo.
Debo reconocer, que han existido algunos esfuerzos gubernamentales para eliminar esos escapes que señalamos, entre ellos figuran la creación de la Cuenta Única del Tesoro (CUT), pero en honor a la verdad, siguen siendo insuficientes. Hay más de un 6 por ciento del Presupuesto Nacional que se pierde por la permanencia de esa mala práctica, según una publicación del 2018 de la Tesorería Nacional.
Dentro de esas instituciones que hacen uso discrecional de esos fondos, según refiere el citado informe, figuran el Poder Ejecutivo, Judicial y Legislativo, así como organismos especiales de las Fuerzas Armadas, entre otras.
jpm-am


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