Las relaciones entre haitianos y dominicanos son cordiales, de acuerdo con las manifestaciones de fraternidad en los barrios marginados, los más poblados por esos extranjeros y con las informaciones que ofrecen a los medios los nacionales de ambos lados de la isla.
Lo que cuentan esas personas es una muestra posible de convivir en el respeto, la solidaridad, el acompañamiento, con el elemento esencial del trabajo duro para subsistir, porque en esos sectores es denominador madrugar para buscar el pan. Claro, siempre hay excepciones.Vagos tenemos en el mundo completo.
Chisme, bulla, altercados entre vecinos, hacinamiento, sucio, malafe, traición…Aunque algunos entienden que los de la parte oeste tienen más visibles esas características, habría que medir para saber si es cierto y porqué. Ojo, hay quienes consideran a las ciencias sociales no ciencias.
Los caribeños somos conocidos por ese carácter vivaz, colorido, alegre. La isla está marcada por estos adjetivos. Mas, de misma forma tendemos a la impulsividad a un arrebato que puede dejar lamentables secuelas.
Visto lo anterior, si las personas somos permeadas por nuestro medioambiente, es posible que los haitianos tengan generalidades que los distingan de los dominicanos y viceversa.

Aceptamos fácil la teoría de que los europeos son fríos, distantes, y los argentinos y chilenos arrogantes. Sin embargo, es casi pecado atribuir características negativas de los que con nosotros comparten este pedazo de tierra rodeado de agua.
Como en todas partes, las élites de Haití desprecian a la masa desarrapada, o sea, a la gran mayoría de sus habitantes, que con cada vez más frecuencia dejan esa tierra para cruzar el charquito, los montes o el muro.
Con defectos, con bondades, aquí los tenemos, con su trabajo digno, con su amabilidad, con delitos, con parturientas anémicas que aumentan la mortalidad materno infantil, y estudiantes imputados de robar cupo a los nuestros. Aquí estamos juntos y casi revueltos, en este espacio insular, con una parte cada vez más poblada y la otra cada vez más vacía.
Con soldados fronterizos ciegos a la cantidad de indocumentados que le cruza por el lado, con agentes de una Dirección de Migración que sabe cuánto vale cada «ilegal» que sube a la camiona y si el pago no es inmediato, en el vacacional cada cabeza cuesta el triple, porque a más cantidad de comensales, más grande ha de ser el pastel.
De aquel lado, la corrupción es paridora, fértil como la mejor tierra, pare corruptos engendradores de miseria y pulpos, digo organizaciones no gubernamentales succionadoras de presupuesto.
Así andamos y de vuelta al principio, criticamos la invasión pacífica haitiana pero en el día a día, nos tratamos bien. Para qué berrinches, si los que deben actuar, nada hacen.
Mejor sigamos la fiesta en paz, hasta que venga la solución real.
Sí, ombe.
jpm-am


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