Gentilicios antiguos de lugares  dominicanos

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

El accionar político,  el social e incluso el económico pueden  determinar  que a una localidad  le sea cambiado el nombre, por lo cual ha de variar también la palabra que  denomina a los naturales de esa demarcación. Como el gentilicio toca vínculos entrañables de las personas, perdura en la conciencia, aunque el lugar lleve otro nombre.

Los asentamientos humanos son, por lo común,  producto de la evolución paulatina, con incidencia de lo político, lo religioso  y del desarrollo productivo, todo lo cual contribuye a  crear un sentimiento colectivo entre los nacidos en una aldea, pueblo o ciudad. Ese sentido comunitario promueve  acciones comunes perdurables.

En correspondencia con su pasado, los lugareños se apegan al gentilicio derivado del nombre  primario de su localidad. Lo sienten algo suyo. Veamos algunos ejemplos. Los vicentenobleros aún se identifican como  alpargateros, pues Vicente Noble,  municipio de la provincia Barahona,  fue llamado  Alpargatal.

Un caso más firme ocurre con los naturales del municipio Villa Bisonó, provincia Santiago, quienes se apegan al gentilicio navarretense (de Navarrete) y nunca se identifican como bisonoeños. Contrario ocurre con los nacidos en Palmarejo, distrito municipal de  Los Alcarrizos: prefieren  ser palmarejeros y no bateyeros, que les suena despectivo.

Los nacidos en Galván,  provincia Baoruco,  aunque  galvanenses, no reniegan de sus gentilicios anteriores: cambronalero (de Cambronal)   cebollinero ( de Cebollìn).  Cumbero (De Cumba)  se llamó a los naturales de  Vengan a Ver, distrito municipal de Duvergé,  provincia Independencia.  Son venganaverenses.  Así los  de Villa Jaragaua fueron,  o son,  barbacoeros. (De Barbacoa) a la vez que jaragüenses.

Los dameros (De Las Damas) son duvergenses. Los estancieros (de La Estancia) son los barieros,  gente de Las Barías-La Estancia, distrito municipal de Azua de Compostela. Los de Cayetano Germosén aún se dicen  guanabaneros  (De Guanábano). También cayetanensesGuasareños (De Guasa) son  de Ramón Santana,  provincia San Pedro de Macorís

Villa Trina  cambió   José Contreras, distrito municipal de Moca, provincia Espaillat,  pero sus habitantes se identifican como villatrinenses. Por igual, son mameyeros los naturales de Los Hidalgos, Puerto Plata,  pues el  municipio se llamó El Mamey. Los ocoeños (San José de Ocoa) aun recuerdan  que fueron manieleros (De Maniel).

Pepillo Salcedo, municipio de la provincia Montecristi,   no ha generado un gentilicio   que supere al primitivo manzanillero (de Manzanillo).  Quizá  a los naturales  de   Villa Hermosa, barrio de La Romana declarado municipio,  no agrade el gentilicio  mulero (de Los Mulos) pero les está ligado como  trujinero  (De Trujín)  a los oviedenses.

En Padre Las Casas, provincia  de Azua, conviven el viejo gentilicio tubanero (De Túbano, antiguo nombre)  padrecasense,  más empleado  – es obvio-  por las nuevas generaciones. Los  gentilicios  competen a la gente.

(Este artículo surgió de una conversación con el historiador Roberto Cassá, y a él va dedicado).

rafaelperaltar@gmail.com

JPM

 

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